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domingo, 15 de octubre de 2023

El sol se vistió de Luna

 Solo dedicaré un par de palabras al eclipse del 14 de octubre de 2023. 

A eso de las 9:30 de la mañana la luz adquirió tonalidades doradas. Se diría que era una luz de la post-guerra, con sabor a desolación. Una luz que alumbra, pero no ilumina. Era, sin dudas, una luz mucho más solemne que la de un día cualquiera de otoño.

Las Islas de Ciudad Universitaria estaban repletas de fanáticos del eclipse que apenas dejaban espacio unos con respecto a los otros. Poder natural y astronómico: la sombra fue la que señaló la coordenada en donde debieran de reunirse los espectadores, en grupos de 70,000 personas incluso. 

Percibí incertidumbre, ¿de qué exactamente? ya sabemos que ocurrirá. Pero parecía flotar entre nosotros cierto tipo de desasosiego, una ansiedad apenas perceptible. ¿Ya nos dimos cuenta de los poderes naturales? 

Levanté la visión a través de un vidrio negro jade al cielo, lo que llego a observar es el sol en sus tonos amarillos poderosos con un huequito a su costado. Al fondo se escuchan los tambores, acaso como reminiscencia de los verdaderos rituales de Tenochtitlán. 

En su punto máximo pude capturar una fotografía del sol escondido tras la sombra de la luna. Usualmente la luna es la que se esconde, el sol es el que domina, pero ayer el sol se vistió de luna. Una luna gigante y poderosa. Lumínica. A la que si miras de frente te destroza las córneas. 

Ya cuando el sol volvía en sí, las nubes cubrieron unos segundos su luz y se pudo ver a través de ellas el eclipse. Convulsos aplausos y ovaciones surgieron de entre el público, porque efectivamente, se estaba observando un espectáculo. 

Pude ver filas de veinte minutos para ver cinco segundos a través del telescopio, pic-nics, emoción y cercanía fraternal que un evento de esta naturaleza brinda. Así como el sol volvió a su estado natural, así se desarticuló el cuerpo de espectadores solares, el día volvió a ser normal. 

Aquello fue como un bello poema que todos leímos, observamos y gozamos. 

He aquí un par de fotos: 





lunes, 5 de junio de 2023

Diálogos: Nietzsche, o acerca de lo bueno y lo malo


 

Habiendo pasado el acmé de mi vida

hace por lo menos unos cuarenta años

sé que ésta, alma mía, iba de partida

por fin, la prisión de cuerpo hecha escaños,

 

quedaba atrás, olvidada, ilegible,

y dije: ¡por Zeus!, es este el momento

que ochenta años la vida me hizo imposible,

me moría, ¡que dicha!, y lento

 

Vi cómo el mundo se diluía, como

ascendía a lo desconocido

¿Sócrates?, ¿Homero?, ¿qué?, ¿no coincido?

No los veo a ustedes, ¿dónde están?, ¿cómo?

 

Pero la voz de una tormenta dijo:

“¡Ah!, maestro Platón, artífice de la moral,

hablamos siendo espíritus, astral

es este plano y recinto fijo.”

--

Yo decía entonces: “preséntese esa voz

que apenas me observa y blasfema,

¿quién eres, de dónde vienes?, en pos

de la verdad contesta, erige un lema

 

 

 

 

si es que eres capaz de defenderlo”.

Respondía Nietzsche: “Divino Platón,

como Zenón hizo, debo a usted matarlo,

maestro, ¿acaso no son de latón

 

aquello, lo bueno, bello y verdadero?,

¿acaso vivimos en la restricción?

yo soy como usted, maestro, la fusión,

platonismo trastornado, perecedero, 

 

yo soy todo lo que sus vísceras callan,

no soy un hombre, soy una tormenta,

disruptor de sistemas, lo que mienta:

¡vivir la vida eternamente!, hallan

 

---

así el camino todo el que me oye”.

Yo decía: “¡pero qué dilema este!,

Haber trascendido, pero ese que oye

hubo de profanar, y como peste

 

toxificar mis palabras… No importa,

sesenta años he escrito los libros que

has leído, argumenta y aporta,

a ver si logras convencerme de que

 

algo no haya pensado en Leyes,

República o Parménides, habla pues,

provocador incauto.” Él dijo: “¡Pues

 venga, escúchame muy bien Platón!, pues

a lo mejor se te escapa palabra…

aquellos hombres, los de moral ‘alta’,

fijan un signo en el tiempo que mata

el movimiento, el signo que quiebra

---

la dynamis, ¿qué son tus formas sino

polvo en la repisa, un cuadro que no

envejece, argento oxidado, no

me pierdas la pista, color que no

 

dejó su espectro florecer?, la forma,

esas de las que hablas, apolíneas, muy quietas,

son solo apariencia, pura norma,

¿desde dónde hablabas, Platón? Desde el ras

 

del cuerpo, de tus palabras, eres más

hijo de tu cuerpo que de tu cráneo,

no puedes escapar de tu Pritaneo

ni filosofar si tienes hambre, mas

 

¿cuántas veces tu ascetismo te vedo la vida?

¿cuántas veces petrificaste sombras?

Platón, el hombre de las mil caras:

El hombre que filosofó sin vida.”

---

Y dije: “imagina, Nietzsche, (soy yo

el que habla ahora, no Sócrates)

que bien y mal no existieran, que yo

creyera en Trasímaco, sin garantes

 

de la bella polis. Imagina que

no creyera en mis formas ni metafísica,

¿cómo afirmaríamos palabras que

sostuvieran tus discursos?, arisca

 

es esa que llamas tu metafísica

porque, sin reglas, solo afirma la vida,

nuestro oficio es: aprender a dejar la vida,

aprender a estar muertos, la mística

 

es también necesaria, lo sabes, pues,

¿qué no eres sino tótem, como yo?

no reniegues, sabes bien que lo eres, pues

quien grita sus palabras no puede ante ello

 

---

sino aceptar su prematura forma

de dialéctica exuberante y

argumentos simples, Nietzsche, la forma

más acabada del sofista, casi

 

definible, casi explicable, casi,

pero no, usted es artista,

no filósofo.” Y el dijo así:

“¡Ah!, ahora si que hablamos, dista

 

 

 

de sensates su discurso, maestro,

yo odio al platonismo, no a Platón,

odio al ídolo, la leyenda, ¡bufón!

Hablo de genealogía, te muestro

 

cómo hasta el platonismo sufre, pero

de origen, ¿cómo es que antes hubo un antes

infinito (de erudición)?, montes

de infinitas causas primeras, “cero”

---

sería el número de respuestas ahí,

el minuto más altanero y falaz

fue en el que la humanidad conoció y

creó todas las ficciones que hoy vas

 

a defender, tú, y los hombres de moral

¡aquellos que tienen poder! Míralo

atrápalo, sal de ese, tu corral

de ‘sabios’, desvive, ¿el ideal?, tíralo,

 

enciende la música y baila como el Dios,

ríe, solo así podré creerte,

solo así no te asocio con la muerte,

sólo así vivimos, Platón, en pos

 

de Apolo y Dionisio, en pos de la vida.”

Pero antes de contestar no pude sino

pensar en sus palabras, no pude sino

---

rememorarlas en mente y espíritu

rumiarlas, pensarlas, ¿será, vivirlas?

¡pero mi vida se fue!, mi ímpetu

también. Quizá fue muy tarde para las

 

llamadas aventuras. Siracusa

solo me enseñó a dejar de creer. ¿y

todo para qué? Ya no me acusa

el deber, y sin deber fui nada. Mi

 

 

cause testificó en mi contra (hasta

ahora: muerto). ¿Platón sería él

mismo sin estas culpas? No sería él.

Alguien tuvo que morir, hasta 

 

el desgaste psicológico, no-ser,

ser falsedad, restringir la vida, ir

delimitando la forma, no vivir

como labor humanitaria, hacer

 

---

el sacrificio. Eso soy, esa es

mi recompensa: una búsqueda bien

ejecutada, una labor de tres

aristas bien cumplidas, en la sien

 

llevo mi lema cumplido: filósofo.

Entonces me desvanecí en humo,

dejé de hablar con el otro filósofo

y preferí la paz. Silencio perfumó

todo el recinto. El otro filósofo

dejó de pronto de ver compañero

y se dijo a sí mismo: Es muy certero,

ni siquiera Platón es digno… ¡fo!

 

¿estaré desvariando? ¿cuánto ego?

¿cuántas palabras escupí? ¿cuántas

no fueron mero capricho? ¿santas

fueron mis formulaciones? Mi ego

---

no tan en el fondo lo quiso, me voy,

cargando el único fracaso de haber

elegido la soberbia a donde voy

y de lisonjearme en laureles sin deber

 

sin nadie, solo fui una enfermedad,

un escritor desahuciado. ¿O no?

¿¡Acaso no fue Nietzsche su enfermedad?

¿Acaso no le agradecí? ¿no?

 

¿No fui el único demonio entre ruinas?

El que quebró huesos de enemigos,

los propios primero. ¿para qué amigos?

Si yo, su redentor, nace de las ruinas.

 

Me voy volando como un pájaro

A encontrarme en mis versos de nuevo

A encontrarme (te) en las líneas que lees

A romper el verso, y al sistema que amas

domingo, 14 de mayo de 2023

Huesera

 Huesera (2022), es el último largometraje de la directora mexicana Michelle Garza Cervera, que narra las complicaciones que su personaje protagónico Valeria (interpretado por Natalia Solián) vive durante su embarazo junto a su pareja Raúl (interpretado por Alfonso Dosal), y cómo Valeria lidia con la presencia de un ente macabro que la acosa. 

Esta película expone mucho más que las dificultades de la gestación de una nueva vida y la maternidad que el hecho conlleva. Valeria, la protagonista, sufre de una ansiedad que se materializa en alucinaciones tenebrosas. Pero antes de ahondar en ese punto no podemos dejar de resaltar el carácter profundamente folclórico en la cinta, que retrata un panorama de un México moderno. En ese contexto se inserta la espiritualidad milenaria y parte de la cotidianidad que al país caracteriza. Este sustrato sirve para toda la construcción imaginativa que hace Valeria. Todo aquello profano que observa, siente y vive también se encuentra en nuestro imaginario colectivo, pero en la película la conjunción de sus peores aspectos son los que refuerzan sus miedos. Todo mexicano sentirá fraternal la película, pero también se advertirá el terror cósmico (nacional) derivado de una mitología que nos es cercana.  

Esto nos lleva al siguiente punto: ¿en esencia, de qué trata la película? de una madre que no está lista para ser madre y las consecuencias de ese hecho. La fuerza antagónica más importante es la de la propia mente de Valeria. Si bien la pareja muestra felicidad en la relación, es cuestionable si verdaderamente demuestran madurez en la misma. Sí, están plenamente conscientes de la decisión de tener al bebé, pero, ¿realmente han asumido compromiso como pareja? ¿estaban listos? ¿estaba lista Valeria? No podemos olvidar el hecho de que nunca pudo superar ni olvidar a Octavia, con quien le fue infiel a Raúl, y que cuando se sintió abandonada por él no pudo más que acudir a ella, pues era el soporte emocional que ella necesitaba. 

Esta inmadurez emocional se transforma en una profunda inseguridad. Se puede inferir que lo ya señalado es el motivo por el cual su estrés se manifiesta en alucinaciones. Valeria busca la paz mental antes que la confrontación. Por eso no puede darse un momento para platicar las cosas seriamente con Raúl, porque teme a la idea de haber fracasado emocionalmente en su vida. Además, no es fácil llegar a hacer consciente ese hecho si hay una corteza que aparenta estabilidad y felicidad. Pero toda la presión de haberse dado cuenta de ello no puede sino materializarse en gritos de ayuda que vienen desde lo más profundo de su inconsciente, y que parecen no ser escuchados. ¿No es solo Isabel (la tía de Valeria) la única que le cree? 

Aquella confianza la lleva a un viaje espiritual. Isabel la induce por medio de sus amigas espiritistas a un viaje de purificación. Lo que observa allá no es metafórico: lo que en el viaje vive es la huida de alguien que la persigue en lo profundo de un bosque lleno de neblina y árboles viejos. Luego, los esqueléticos cuerpos que fracturan sus huesos la persiguen. Su pierna es fracturada: después los esqueléticos cuerpos la devoran. Ahí tiene una visión de quién la acosa es ella misma. Absolutamente. Ella misma ha sido la fuerza antagónica todo este tiempo. 

Cuando vuelve, se ha dado cuenta de ello, y esa es la razón por la cual su separación con Raúl es definitiva. Probablemente Raúl pensará siempre que Valeria enloqueció, que nada de lo que diga u opine merezca ser valorado. No obstante, Valeria sí se da cuenta de que todos los males que la asechan están en su cabeza. Valeria tomó una decisión necesaria de abandonar a Raúl y a su hijo. Con dolor, se despide de Raúl y de los temores de una vida a la cual no pudo estar a la altura. 

Huesera es una película que habla de la maternidad y una vida frustrada derivada de decisiones y sentimientos que no terminaron por resolverse en el pasado. El terror es solo un medio para hacer llegar al espectador el tormento del plano mental de Valeria. Huesera marca la diferencia entre las películas de terror por la profundidad de sus personajes, que no simplemente huyen del asesino o esperan el nacimiento del bebé demoniaco. Esta película está a la altura de lo mejor que se haya producido en el cine mexicano.    

lunes, 1 de mayo de 2023

El Arquitecto

 Como si de reflejos se tratara, 

del más preciso, iconoclasta y 

macabro espejo, la realidad para 

y la dejas condensar, dices que mi 


mundo es inmediato, dices que un libro 

es una llave, la puerta o salida, 

dices que muchas cosas no calibro, 

que mis palabras carecen de vida 


escondes un corazón de oro, el 

mercurio, la tácita tormenta, la 

intempestiva voz del mañana, la 

coraza se cae y nada queda, el 


discurso se rompe, ¿qué será? 

de mí, por supuesto, pues estos versos

los canté al espejo, me vi, perversos

sonidos que mi mente me cantará. 

                                                     [por siempre]

El mago

 Imperturbable, carmín manto al hombro 

cabellos largos que el viento mece 

el camino recorrido de escombro 

traza rotatoria senda como la 's' 


rotan conceptos, rotan imágenes 

rota la libertad, en un momento 

todas longitudes, trazos, matices, 

parecen ser unitarias, "atento", 


dices con esa, la voz que surcó a los

milenios, recuerdas aún el castillo,

el arquetipo, el mito, el brillo,

tienes la memoria que superó a Dios


mago místico del bosque unitario 

a lo mejor ya sabes a dónde ir, 

el sentido de la vida, porvenir, 

la meta será entender tu cause, río. 

 



 

domingo, 30 de abril de 2023

Pendiente de hace seis años (cuento)

 

Me levantaba de una pesada siesta. Pesadilla. En sueños alguien me ahogaba apretándome una bolsa en la cabeza. Cuando sentí que la vida se escapaba de mi pecho, desperté. Ya eran las 8:30 pm. Tallé mis ojos y fui a buscar agua.

Hacía tiempo que no dormía en la tarde. Instintivamente tomé el teléfono celular y consulté las notificaciones.

¿Qué? ¿Un mensaje de Lucía Pereira? El aire de mis pulmones se escapó. Tuve que tomar un momento para reponerme del sobresalto.

Hace seis años no éramos extraños. Hace seis años la tomaba de la mano y desafiábamos al destino imponiendo nuestra unidad con respecto al porvenir. Hace seis años éramos dioses.   

El mensaje decía: “Hey. Sé que ha pasado mucho tiempo, ¿quieres hablar?”

Los momentos del pasado, suspendidos en fractales de memoria, comenzaban a circundar por mi mente en ese momento. Contesté algo, un saludo que inmediatamente abrió un diálogo. Inicialmente pensé en regresar un poco de orden a esa relación fracturada desde hace tanto tiempo. Pero también dentro de mí nacía una ira, primero sádica, luego racional. Finalmente, deliciosa que me impidió elegir lo correcto.

No necesitaba la paz. Necesitaba lo que era mío. Necesitaba ese beso, tocar esa piel tersa, besar esos labios, cobrar las noches que eran mías. ¿Todo esto porque me engañó? Bien… diría que sí. Ella se estaba metiendo al ruedo también. Ella jugó con fuego primero.

Me sorprendió que la que propuso hervir en fuego fue ella: -¿Quieres ver cómo se me ve mi nuevo tatuaje?-

 -Claro. ¿Tu quieres ver esta nueva marca de ropa interior que he comprado?-

El intercambio de cuerpos desnudos digital fue delicioso, pero no por la calidad de la piel que veía, sino por el logro que suponía ante todo lo que estaba en juego de por medio. Quizá los egos. El mío, más bien. Quizá ella también entendió que la forma de cerrar este ciclo era haciéndolo estallar, porque nunca tuvo el rostro para disculparse por mentirme. Quizá ella también se acordó de alguna noche de hace seis años donde, bañados por la luz de la luna, me hablaba desde el alma.

-Que bueno oír tu voz de nuevo, Lucía.-

-Gracias. Ja, ja, ja.

-Dime, cómo has estado.

-Pues fíjate que ya no apliqué para la escuela de modas. Estoy estudiando para enfermería. ¿cómo ves? Pero dime qué has hecho tú, ¿qué ha sido de tu vida?

-Yo estudié literatura. Acabé el tramite de titulación hace apenas un mes. Estoy de pasante, ya mero cae la chamba. Pero óyeme, chica, ¿por qué no te habías dejado ver? ¿por qué no contestabas? ¿quieres tomar un café juntos?

-Sí, me encantaría. ¿Quieres mejor venir a mi depa? Podemos cenar algo…-, decía con una voz que no recordaba que sedujera tanto. Capté de inmediato.

-Tengo una idea muy loca para ti, chica. Para nosotros, pues. Este fin de semana tengo pensado ir a Cuernavaca a pasarla. Es una casa de unos primos. Tengo que ir a limpiarla, pero nadie me acompañará para allá. ¿Te parece si vamos?

Dudó un momento. Quise ir a Cuernavaca sencillamente por un capricho personal. No fue problema convencer a mis primos para que me dejaran un fin solo por allá, finalmente, las casas abandonadas siempre exigen limpieza. Sencillamente quería tener algún tiempo a solas con ella.  Esto lo determiné casi inconscientemente. Qué dicotomía, querer fuego pero a la vez, racionalizar algo. ¿A caso lo que vivimos ameritaba una segunda oportunidad? En realidad, no. Pero no podía solo probar su cuerpo, tenía que probar su alma también.

-Vamos, Lucy. Hace tanto no conversamos. Además, si llamaste es por algo. Piénsalo. Tengo mucho que decirte.

-Te digo mañana. Descansa.

Y colgó el celular.

 

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Al día siguiente (jueves, saldríamos el viernes por la noche) mandó la confirmación. Ocho treinta de la noche, algún lugar de Xochimilco. Pasaría por ella, conversaríamos, iríamos a la casa el fin de semana, regresaríamos lunes por la mañana.

-Lucy, ya estoy aquí afuera.-, le mensajeaba.

Mi auto era un March azul. Veía a la distancia esa casa a ladrillos rojos. Era un tanto extraño lo poco que había cambiado esa fachada.

Salió de la casa. Altura media, rostro redondo, nariz y frente mediana, cabello muy lacio, chaqueta de cuero negra. Creo que no creció ni un centímetro desde la última vez que la vi.  No era radiante, pero tampoco era fea. Creo que adquirí cierta objetividad con respecto a su belleza después de no haberla visto por tanto tiempo. La recordaba hermosa, tras los años la encontraba más bien promedio, como un metal que no relucía. Su tez era blanca como la recordaba. Tenía los ojos delineados de un negro profundo que la hacían ver más agresiva de lo que de por sí ya era. Labios rojos y aún un poco partidos, como los recordaba. Nunca ocultaba su efusión, nos saludamos, y ella dijo:

-¡Hola, cómo estas! ¿Qué ha sido de ti?

-ven, sube al auto, te contaré ahí qué ha pasado.

Conversamos. Tomamos la autopista. Ella me veía con ojos de profundo deseo. Yo también a ella. Me dijo que si podíamos parar para… Le dije que llegando a la casa tendríamos todo el tiempo del mundo.

De pronto sentí entre mis venas una pulsión muy fuerte de pisar el acelerador. Me quemaba la sangre. No sé por qué lo sentía, pero fui presionando, primero poco a poco, luego de manera fatal.

Ella comenzó a gritar que qué me pasaba, que si quería matarnos a ambos. Yo simplemente no podía articular palabra alguna.

Una piedra atascada en una rueda volcó el auto, todo sucedió en la eternidad de los segundos más largos que he vivido en la existencia, entonces nuestros cuerpos se mallugaron entre las paredes metálicas. Dimos por lo menos tres vueltas en el accidente, terminamos de cabeza y con las bolsas de seguridad apretándonos entre los asientos.

Parecía que despertaba por primera vez en mi vida cuando abrí los ojos. Veía las luces amarillas de las farolas que alumbraban el camino de la autopista, al parecer vacía, nadie venía a ayudarnos. Estábamos de cabeza. Me moví, y sentí el cuerpo entero contracturado y roto. La sangre me nubló los ojos. Con la manga me secaba la vista. El espejo retrovisor apuntó a mi rostro. Tenía varios golpes, un corte en el labio que sangraba, una herida en la frente.

Voltee a ver a Lucía. Estaba con un hilo de consciencia y llorando más de espanto que de dolor. La sangre escurría de su boca, manchando su chaqueta de cuero y su camisa blanca escandalosamente.

Hubo varios segundos de silencio. No estábamos muertos.

Recordé un momento en el que regresábamos de una excursión del colegio, también era de noche. Sostuvimos miradas. Casi nos besamos. Cuando uno es adolescente todo es casi. Casi vivimos, casi bebemos, casi amamos. Casi sabemos lo que estamos haciendo.

De la columna vertebral, surgió un impulso brutal de besarla. Lo obedecí. Ella también buscó mis labios. Cada movimiento era una oda al pasado, en la noche cándida, yo y ella, en medio de la debacle, teníamos el mismo deseo de vivir antes de morir. Acariciamos nuestros cuerpos rotos, a veces apretábamos un poco más en la herida del otro para que diera un brinquito y riéramos de ello. Nos desnudamos, dos cuerpos heridos encendían la pasión de un fuego vehemente; la sangre, el carmín que circula eternamente en nuestras venas finalmente se unía el de uno con el del otro, en un roce erótico. Los cristales se empañaban. Era como si una flor naciera en el apocalipsis, era la resistencia de los niños inocentes que tanto tiempo gestaron ganas de algo, pero eran tan jóvenes que no sabían de qué. Esto era el qué, los jadeos húmedos, las cavidades húmedas, el momento presente y la intercalación de momentos de esa tensión que cosquilleaba desde el pasado, donde los destellos estuvieron tan cerca pero tan lejos. Todo ello no murió, aquello que no muere se transforma, y se hace más fuerte.

 

 

Nacidos de la mente del recuerdo

las dos caras de donde nace la luz,

la luna y el sol se amaron la noche,

se apagó la luz del cuerdo.

 

 

Y para cuando despertaron

nada quedó, ni el sueño, solo la bruma

de la melódica sinfonía

que el demonio dirigía con nuestros cuerpos.

sábado, 4 de marzo de 2023

Raw

 Pocas películas hablan desde las vísceras, y probablemente por eso mismo son poco apreciadas. Ahora me viene a la cabeza Irreversible (2003) y Enter the Void (2009), de Gaspar Noé. Y por supuesto, Raw (2016), de Julia Ducournau. Hay un común denominador en las cintas mencionadas: que el argumento es sencillo, pero su despliegue es técnicamente asombroso, también brutal. 

Raw cuenta la historia (que más bien es un intento de supervivencia) de Justine, una joven universitaria matriculada en la carrera de veterinaria, en un internado. Las cuestiones que complicarán su estadía ahí emergen desde cloacas demoniacas poco a poco. Es destacable el ritmo de la película, pues, casi como arcadas, punzan, y esas pulsiones no comunican otra cosa más que hay un fondo macabro que esta a punto de desplegarse. Puede ser algo tan sencillo como la cicatriz del padre de Justine en el labio superior (¿habrá sido la marca de su primer beso con la madre?). Podría ser el comentario que una chica le hace a Justine cuando come el trozo de carne que la intoxicará poco después, que fue: 'acabas de cometer tu primer error'. 

Los personajes son complejos. En tramas tan sencillas, la fuerza potenciadora de la trama tiene que recaer precisamente en ellos -los personajes-. En este caso, tenemos una bifurcación de la personalidad del personaje protagónico, por un lado, Justine es una chica apaciguada (efectivamente, casi como si estuviese amordazando algo dentro de ella), inteligente, observadora, casi sin brillo propio, pero con muy buenas intenciones. No obstante, inversamente proporcional a esa faceta, tenemos un monstruo que ama la sangre tibia que mana de los cuerpos, que no hace más que esperar a ser liberado para alimentarse de ella y su carne, sin ningún miramiento, siendo la gula misma (y una suerte de posesión demoniaca). Podría sonar polémico, pero aquí puedo ver cierto paralelismo con Bateman de American Psycho (2000), de Mary Harron. Lo pondré en los siguientes términos: omitiendo la atmósfera de la sociedad de consumo en American Psycho, existe un punto en donde ambos personajes convergen. Por un lado, Bateman proyecta una cara de un hombre amable, atento y exitoso, pero a espaldas de todos es un brutal asesino serial. Justine es una chica que pasa desapercibida, pero que a espaldas de todos es una amante compulsiva de la carne cruda. Este fenómeno es parecido al de Dr. Jenkins y Mr. Hide, donde en un mismo cuerpo habitan dos polos que son extremos y opuestos. Justine y Bateman los encarnan bien, y en ambos casos en la faceta pública son algo que evalúan como correcto -a pesar de que esa apariencia se resquebraje mientras más avancen las respectivas películas, y que ese hecho al final exponga sus vulnerabilidades a flor de piel-, hasta que al final hay un colapso, e irónicamente, ese colapso es opuesto en cada uno de los personajes. Para Justine, esa chica amable, distante y buena, se convierte en un ser agresivo que ataca a su hermana, para Bateman, ese colapso se da en la desintegración de toda esa violencia que emanaba, figurando un volcán que se apaga -mientras que, por supuesto, el de Justine despierta-. 

Más allá de la comparación, mi punto recae precisamente en resaltar que el arquetipo que Justine ejemplifica en la película es el del límite, pues juega con ellos. Nos muestra su mejor y su peor faceta, obviando la confusión que ella experimenta mientras se da cuenta de que tiene un monstruo dentro, y que cada vez es más fuerte.

Ese camino es muy artístico en la cinta, hay algo en el color rojo que despierta pasiones. Significa peligro, pero también, cuando pensamos en un corazón, probablemente se figurará de color rojo dentro de nuestra cabeza. La sangre, por brutal que sea verla en vivo, es un elemento estético en ésta cinta, así como todos los los movimientos corporales que se expresan. La película es movimiento, un espectáculo en el aspecto técnico, las imágenes todavía vibran dentro de mi cabeza. 

El final del viaje es la conclusión ideal para su planteamiento. Ante el encarcelamiento de Alexia, hermana de Justine, ante la profanación del cuerpo de Adrien, el mundo de Justine está en crisis, pero, como diría César Hernández de Esquizofrenia Natural, 'la vida siempre es más, más jodida o más hermosa'. En ese caso, fue más jodida: la maldición es hereditaria, el padre tiene las marcas del terror en su cuerpo, "seguramente tu encontrarás una solución", dice el padre tan tranquilamente, será por una razón, será quizá que ha encontrado el modo de apaciguar las ansias de comer carne y vísceras, ¿será que mata a alguien a espaldas de todos? nunca lo sabremos, pero ahora el peso sobre los hombros de Justine terminan por hundirla: está enferma, pero ama su condición, y de eso precisamente trata la película, de la lucha interna que el ser humano tiene contra sus propios deseos, sobre todo si atentan contra la integridad ajena. Esta película expresa los límites de esa lucha. 

Recomiendo ampliamente consultar la cinta, pero definitivamente no es para los estómagos sensibles. Se encuentra disponible en Netflix. 

O- 


 

viernes, 10 de febrero de 2023

Aftersun

 Todo recuerdo está destinado a quedar para la eternidad en el pasado. No obstante, la fotografía nos puede llevar por unos instantes a ese lugar nuevamente. Cuando las imágenes nos cuentan una vez más la historia, podemos decir efectivamente que hemos vuelto a vivir. Aftersun (2022) utiliza como hilo conductor tal premisa para llegar a contar una historia etérea, como el fotograma de la cámara antigua. 

Aftersun, la ópera prime de Charlotte Wells, es un recuerdo de la pequeña Sophie (Franckie Corio), de un viaje que tuvo con su padre Calum (Paul Mescal). La premisa es muy sencilla, pero en su desenvolvimiento se despliega por medio de detalles primero poco evidentes, después claramente explícitos, un subtexto trágico. Sophie se encuentra en esa edad incómoda de los once años, pues no termina de ser totalmente una niña, pues ha adquirido consciencia de muchas cosas del funcionamiento del mundo, pero tampoco es una adolescente, pues es evidente que no tiene ni la edad ni las hormonas (tampoco la estupidez) como para encajar totalmente con éstos. Ese campo se explora un poco, pero es solo un medio por el cual se nos presenta la atmósfera de la película. 

El filme se posiciona desde la aproximación de la vida interior de los personajes y cómo a partir de ello conciben su realidad. Podemos ver a la pequeña Sophie jugando, disfrutando de la compañía de su padre, incluso preguntando cosas que percibe y no le hacen sentido -como la cuestión de la separación de sus padres-. Pero, más interesante aún, podemos ver que el padre de Sophie presenta actitudes inquietantes. Ese se convertirá en el hilo conductor de la película. Una de estas actitudes fue cuando se para sobre los barrotes del balcón de la habitación hotel, supuestamente saludando al sol, no obstante, poniendo su vida en riesgo. Un diálogo es muy significativo que refuerza esta actitud es cuando Sophie le pregunta a su padre si nunca se ha sentido 'pesado'. O simplemente como si estuviera cargando un gran peso encima que no pudiese soltar. Es exactamente lo que siente él. Y ahí existe un conflicto interno dentro de Calum, puesto que ha comprendido que ese mal de la melancolía lo ha heredado a su hija. 

A pesar de no ahondar en los motivos de la depresión de Calum, sabemos que está ahí. Ese hecho no importa al largo plazo, pues las pistas son visibles a lo largo de la cinta, con ello no trata con condescendencia al espectador, es decir, no tiene que recurrir al diálogo expositivo para que el espectador se de cuenta de qué ocurre. La atmósfera de la película es densa en momentos, y en otros es simplemente etérea. Un acierto muy grande fue la escena donde el encuadre se divide entre el primer plano de la televisión, donde Sophie graba a su padre, entrevistándolo, mientras que al lado izquierdo hay un espejo que muestra su rostro. Me parece técnicamente destacable, y suma a la división entre los mundos internos de esta relación padre-hija. 

Advertir que Calum muere no es difícil. En realidad, es bastante evidente una vez que Sophie, ya de unos treinta años, reproduce con la misma melancolía que su padre albergaba en su interior la cinta del viaje, solo que ahora ella es el adulta y su padre es un espíritu. Las escenas de la fiesta que se ve a fotogramas, donde encuentra a su padre y lo abraza son producto de su imaginación y fantasía, que se ven sustentados por su eterno deseo de encontrarlo para abrazarlo una vez más. 

La película es también un pequeño homenaje a la cámara, que plasma en el video un recuerdo. Toda la película, el espectador es capaz de rememorar algún momento como ese, en donde un fotograma lo traslada a la realidad ya acontecida, donde, domo diría Ed Sheran: 'los ojos no se cierran, los corazones nunca son rotos, y permanecen'. (Photograph, X)

Aftersun es liviana en el comienzo, se agudiza con el tiempo, para terminar condensada en una atmósfera muy pesada e intensa emocionalmente. Es una película que flota en los aires de la memoria. Es una película muy bonita que desmiembra el recuerdo en sus filamentos más livianos, y que será una daga al corazón para aquellos que han perdido a su padre. La película fue una nebulosa, los colores poco saturados posicionan todo en una ficción, pero así es el recuerdo, y día a día nos contamos las mejores o peores ficciones de lo que fue el ayer. Probablemente el viaje de Calum y Sophie fue diferente, probablemente fue objetivamente peor de lo que recuerda Sophie, pero eso no importa porque la memoria siempre sobrevive, y por ficciones vivimos y morimos todos los días. 


viernes, 27 de enero de 2023

Lo Bello

 Si me preguntan ¿qué es lo bello?, no puedo responder otra cosa que: yo no sé qué es la belleza, o lo bello en sí, pero ciertamente puedo decir qué no lo es. 

Hablar de la estética implica las visiones particulares de cada individuo, y de ahí parte una de las primeras problemáticas de este rubro filosófico: que no existirán dos ópticas de que hablen exactamente de la misma experiencia, por más puntos de vista que hayan en el mundo. ¿Qué ve el otro? ¿Cómo lo ve? 

No podemos saberlo. Sabemos de qué constan los sentimientos, pero siempre de manera general. No obstante, hay una coincidencia cuando hablamos de las emociones. Cuando decimos que estamos tristes, melancólicos, enojados, felices o desesperanzados, nadie sabe de qué modo lo estamos, pero todos comprenden, de una forma u otra, qué significa lo que decimos. Esto marca una profunda distancia entre los individuos. Y si bien hay personas que llegan a empatizar mejor con los demás, siempre ese acto se trata de una idea, entonces podemos concluir que lo que conmueve al otro es la idea del dolor ajeno. O, por otro lado, lo que anima al otro es la idea del regocijo de otro individuo. 

En ese sentido, el ejercicio estético (que es la culminación de la reflexión acerca de lo bello), es una experiencia meramente personal. Ninguna persona se percatará de nuestra propia interioridad. Entender esto es ya bastante. No obstante, esto abre la reflexión a otro punto: ¿qué buscamos en ese sentimiento? 

La respuesta a esa pregunta ha llenado libros y tratados filosóficos, se han descrito desde los procesos de la percepción hasta sus diferentes reacciones para el individuo, así como la marca que deja en el alma la experiencia estética, no sin falta de razones, pues es un tema complejo.

Casi nunca podemos explicar por qué algo nos parece bello. Cuando hablamos de algo bello, en realidad hablamos de un recuerdo y de las emociones que durante ese momento se suscitaban en nosotros. Buscamos, en esencia, momentos que nos hagan salir de la realidad como la conocemos. Ver algo que nos mueva las pasiones internas. Solo nosotros experimentamos el cómo. La estética es un ejercicio personal. Las corrientes artísticas alinean los diversos pensamientos en una reglamentación, este hecho da márgenes a partir de los cuales hablar o no, pero muchas veces los artistas son aún más grandes que esas reglas, por eso las rompen. Sin embargo, el costo de ese acto es conocer la técnica, para que, en conjunción a la sagrada creatividad, explote en un nuevo mundo nunca antes visto. 

La estética y su representación debe estar normada. Si no lo estuviera, una mirada cualquiera sería 'estética', es decir bella. Hay elementos que encontramos bellos por casualidad. Pero, si pensamos un poco más a fondo, podemos concluir que lo que encontramos bello es el significado que hay tras de ellos, eso que los hace únicos e irrepetibles, y absolutamente comunicantes. Caminar una mañana por nuestro vecindario y ver salir el sol no es solamente bello por el hecho de observar el astro naciente, sino por todo lo que significa: primeramente, una figura llamativa mucho más grande que cualquiera de nosotros. En segunda, el aviso de un abanico infinito de posibilidades esperando a acontecer, pues sabemos que en el día puede ocurrir potencialmente cualquier cosa. Tercero: el reconocimiento de nuestra pequeñez, donde se esconde un sentimiento de subyugación al futuro. Todo esto es un ejercicio mental. En el fondo, estamos complaciéndonos del producto de nuestras ideas acerca del agente externo. 

Para que ese producto haya sido alcanzado no se necesitó ninguna técnica. No por lo menos ninguna expresada fuera de nosotros. No obstante, un excelente medio para canalizar la visión es la técnica. Aquí surge otro debate, y es: ¿el artista puede nacer de la técnica? No. El ejemplo claro son las pinturas contemporáneas que ilustran con técnica hiper-realista, que no se distancian prácticamente en nada de una fotografía. En esos casos, la creatividad nunca sale a la luz, y lo que vemos son imágenes plásticas. 

La creatividad necesita aterrizar en el mundo práctico, y su mejor aliado es la técnica. Me molesta mucho la beta del arte 'conceptual', donde no se necesita técnica, visión, procedimiento, ni ninguna cualidad para expresar lo que el artista siente. Ni si quiera se si en esos casos el 'artista' siente. Ahí solo hay hambre de dinero y de forjar un renombre que está orientado en ser reconocible para comprar 'cosas' con valor inventado.

Ahora bien, el valor artístico es inventado, no obstante, reconocemos que hay algo valioso ahí. Reconocemos que la visión existe.

Detrás de toda obra artística hay una afirmación de la vida, siempre particular. Eso es lo que buscamos cuando deseamos algo bello. Las razones son desconocidas, pues 'en los gustos no hay nada escrito'. Ese juicio está más a flor de piel de lo que parece. En toda decisión que vaya más allá de la satisfacción de las necesidades básicas se encuentra el juicio estético, porque siempre tendemos hacia lo bello. Es lo preferible. Es lo que nos alegra y nos hace vivir. Queremos una familia porque brinda momentos bellos y estéticos que nunca se olvidan. Queremos leer porque nos transporta a mundos que no son reales o porque por medio de palabras podemos alcanzar a vivir (aunque sea solo por instantes), la belleza en sí misma. 

Ese juicio oscila entre los filamentos más significativos de la existencia, diciendo lo que no se puede decir, o no nos atrevemos a decir, y formas excepcionales. En el camino, nos perdemos entre penumbras sin fin o paraísos etéreos. Todo eso nos hace mejores personas, porque plantear el juicio estético es equivalente a buscar la excelencia. Ese es el único camino para alcanzarla. Ese es el único camino a seguir. 

O-  

miércoles, 25 de enero de 2023

Babylon

 Babylon, la última cinta de Demian Chazelle, no ha dejado espectador sin opinión radical. Ya sea a favor o en su contra, se ha puesto en relevancia la siguiente pregunta: ¿es Babylone una película que roza con el absurdo, con lo ególatra y extravagante? o bien, ¿es Babylone una pieza más que contribuye a la meteórica carrera de Demian Chazelle? En las siguientes líneas intentaré responder a esos cuestionamientos de manera clara y personal, como en realidad a toda naturaleza crítica respecta. 

Llega un momento en la carrera del director de cine donde siente la necesidad de demostrar su talento al máximo nivel. Ocurre en esta película para Chazzele, pues es una película ambiciosa, que pretende abarcar la esencia del cine. Así lo leí yo. Manny Torres, un sujeto don nadie asciende casi por casualidad a la cúpula más alta de la producción cinematográfica, por medio de su relación con Jack Conrad, legendario actor dentro de este universo cinematográfico. Pero en el ascenso, podemos ver los desvaríos y la cara más visceral de Hollywood de los años 30's, a partir de la transición del cine mudo al cine sonoro. 

Babylon toma como eje de desarrollo la relación de Manny, un hombre sencillo e inicialmente sin muchas ambiciones, con Nellie, actriz excelente, personalidad explosiva y fugaz, como un cometa. La tensión que Nellie tiene con Manny abarca todo el espectro posible que las emociones humanas abarcan, desde la risa, el llanto, las súplicas, los favores mal correspondidos, hasta el final de su relación que se debe a los motivos más humanos y evidentes posibles: la diferencia tan abismal de sus personalidades.  

Hablar de Babylon nos obliga a seccionar los elementos que ahí se presentan, pues, derivada de la ambición que de fondo existe en la producción de la cinta, se presentan muchas cosas en un periodo de tiempo que le queda corto, a pesar de ser objetivamente extensa con sus tres horas de duración.  

Por un lado tenemos la crítica seria a los excesos hedónicos de la industria, que puedo asegurar: siguen vigentes hoy día. Por otro lado, tenemos el conflicto de la transición de la identidad del cine, Conrad representando el exponente máximo de ese espíritu pasajero, y su trágico final ante su falta de adaptabilidad al respecto. Por otro lado, y siendo este aspecto casi un apéndice para la película, no obstante aún relevante para este comentario, se explora lo profundo de un submundo del entorno de la mafia, representándose éste en un descenso a las profundidades de los barrios de California, que recuerda al descenso al infierno, comandado, cómo no, por Tobey Maguire como James Mkay, carismático gangster. 

No obstante, nada de lo anterior es lo que Chazzele quiso transmitir esencialmente. La clave se encuentra en dos escenas: la primera es cuando Manny se encuentra a solas con Nellie en una habitación de la gigantesca fiesta con la que abre la película, y Manny le dice a Nellie: "(...) sabes, Nellie, quiero hacer algo más grande que yo, algo que trascienda", y entonces Nellie, entusiasmada, reafirma su idea. Ahí se convence Manny de sí mismo para emprender en la aventura del cine. Más adelante, un comentario de su trompetista le da el impulso necesario como para dar el salto definitivo. La segunda escena, la definitiva, se alcanza cuando Manny regresa al cine (ahora como espectador de una película) después del obligado exilio con duración de años tras el enorme desastre que tuvo con Mkay. Ahí, en la sala de cine, se da cuenta de que las cosas han cambiado, que las películas que él hizo ahora causan gracia. Las lágrimas se derraman de sus ojos, y todos los recuerdos del pasado lo asaltan, sin dejar, aparentemente, nada de él. En su cabeza se visualiza Nellie, la fugaz figura de ese espíritu indomable, aparece el buen Conrad, que siempre lo vio como un amigo. Aparecen las horas de grabación, de trabajo, podemos afirmar que hay una mezcla de nostalgia y vergüenza que lo inundan desde dentro. Pero de pronto lo entiende todo. Recuerda aquel primer momento con Nellie, y lo que le dijo: que quería trascender en algo más grande que él mismo, que quería entrar en la historia. La verdad es revelada ante sus ojos: lo logró. Entró en el cine, y sea como fuere, su trabajo está siendo recordado por todo aquel que valore el cine. Es entonces que las lágrimas se tornan más alegres y las llena un tono de júbilo: Manny lo logró, y tantos años fuera del medio lo distrajeron de poder celebrar lo que en un momento fue su aspiración máxima. 

Manny celebra en silencio y para sus adentros: al final puede descansar. Babylon pretende ser un homenaje al cine, las últimas secuencias rememoran los momentos máximos de la industria en donde, como dice el buen Conrad, el espectador vive junto a los personajes de la gran pantalla, y por unos momentos, su vida es la de los protagonistas. El objetivo final de Babylon es exponer qué es el cine, y qué gira entorno suyo: a veces el romance entre los rodajes, a veces los excesos después de una cinta exitosa, pero siempre el eje central será la grandeza de la experiencia artística que se vive dentro de las salas, donde el espectador debe de quedar maravillado ante lo que ha observado.

Babylon hace justicia a ese objetivo que se ha planteado. Las críticas la atacan de exuberante, de pretenciosa, incluso dicen que fue producto de un ejercicio de ego de Demian Chazzele que demuestra que ahora si gana dinero con sus producciones, pero me parece que todas y cada una de esas críticas no están fundamentadas sólidamente, y que pudiendo revisar su trayectoria encontramos que, en esencia, no difiere mucho la estructura medular de esta cinta de sus anteriores producciones (LaLaLand y Wiplash), es decir, sigue existiendo un espíritu, y sigue habiendo una trama e hilo argumentativo excelente que cumple con los objetivos que la misma película plantea. La exuberancia que se presume se debe al buen presupuesto invertido, y naturalmente, con más recursos, el despliegue creativo es mucho más fructífero. ¿Ejercicio del ego? no lo noto, más bien: uso técnico de más recursos para la elaboración de proyectos. ¿Pretenciosa, o más ajustada a los estándares de una ambición mayor? 

Babylon me ha parecido una de las mejores películas que he visto a la fecha, y es, en pocas palabras, una explosión de colores, de emociones y de música; habla de temas tan trascendentes como válidos en el ámbito cinematográfico, como subyacentes a la naturaleza humana: es un homenaje bien ejecutado al cine. 


O- 

lunes, 23 de enero de 2023

La Muerte

 Hablar de la muerte tiene una connotación muy poderosa: que su llegada está garantizada. Pensar en la muerte significa pensar en el final del todo: la desintegración de la vida, del cosmos, de todo lo que hemos conocido hasta el momento tal y como lo figuramos en nuestra mente, ya que es bien cierta una cosa, tenemos el hecho empírico de que cuando alguien muere la consciencia que habitaba su cuerpo desaparece, y que ese mismo cuerpo se descompone hasta convertirse en polvo (en un proceso muy macabro). 

Pero, si reflexionamos bien, lo que presenciamos siempre es la muerte ajena, a menos que sea nuestra propia muerte, de la cual no hay vuelta atrás. Aún en experiencias cercanas a la muerte, la salvación del individuo es solo una prórroga antes del punto final. 

Ante lo dicho, los individuos asumimos diferentes posturas ante la muerte, porque es verdad que el hecho de pensar en ella nos genera una ansiedad que se afronta de diferentes modos. Muchos individuos niegan (o tratan de burlar) su existencia, tanto sobre protegiéndose, como exponiéndose de más, en el fondo son dos caras de una misma moneda. Aquel paranoico que paga sumas incomprensibles de dinero anuales por un seguro médico que no usa, que está alerta de cada malestar en su cuerpo, por mínimo que sea, tanto aquel que expone su integridad en pelas físicas y deportes extremos, y actividades de alto riesgo, no se comportan tan diferente, pues obedecen al razonamiento ya mencionado de negar la muerte. Uno mediante métodos obsesivos compulsivos, otro por mera compulsión. Pero es natural. En realidad, el individuo no puede salir de ese espectro, pues o bien se encara la muerte (en los momentos previos al juicio final), o se le evade (como día a día lo hacemos). 

El periodo de tiempo en el que habitamos es la gran prórroga. El momento previo a nuestra muerte, ¡ese es todo el momento que representa nuestra vida! Si lo observamos netamente, de lo único de lo que gozamos es de tiempo y recursos (que varían dependiendo del contexto previo al individuo). Eso indica que, al final de cuentas, por adversa que sea la situación, siempre tenemos una decisión por tomar: dictaminar como consumir el tiempo que nos queda de vida. No me sorprende por qué el miedo existe, a nadie debería sorprenderle. Sócrates creía que después de la muerte había potencialmente dos opciones; o bien que todo pereciera, y que el final aconteciera como un descanso eterno, o bien que existiera un más allá parecido al cielo, donde todas las almas podrían convivir eternamente en un lugar sin tiempo. La duda eterna nos inyecta una incertidumbre doble, pues por un lado, tenemos que no sabemos con exactitud que pasará mañana, y por el otro, no sabemos qué pasará al final, después de todo. 

Vivir el día a día oscila entonces entre el misterio de las circunstancias particulares y la (a veces remota) posibilidad del fin. Volvemos al mismo punto que hace unas líneas: netamente tenemos tiempo (indefinido, pero expectamos que sea mucho), recursos, y la posibilidad de decidir qué será, en la medida de lo posible, el mañana. 

Bajo mi punto de vista, la multiplicidad de la vida tiene sentido dado el hecho de que, como individuos, y en cierto pacto implícito, como humanidad, nos hemos dado cuenta de ello. Por ello actuamos como actuamos, sea cual sea nuestro comportamiento, porque habrá un final, y queremos significar nuestra vida mediante las acciones que hacemos para nosotros mismos. Adquirir consciencia de ello, sobre todo si uno es muy chico, es decir, siendo niño, es una verdad muy dura de asimilar. No obstante, ahí es donde se bifurca por primera vez el camino de los infantes hasta llegar a lo que serán, pues la etapa de los cero a los tres años es (o debería ser) normativa para todos los pequeños humanos, pues son aún muy frágiles como para siquiera caminar o defenderse. Pero después, es por medio de la adquisición de consciencia y de esa verdad primigenia que el individuo decide qué hará con su vida y en qué la consumirá. 

Alguna vez me pregunté qué ocurriría si pretendiéramos ser inmortales. Concluí que nada tendría sentido. Eventualmente, supongo yo, todo estaría quieto, perderíamos movimiento. ¿A quién le gustaría gastar la habilidad de hacer cualquier cosa hasta más allá de la muerte? Hasta más allá del límite inimaginable alguna vez tratado de concebir por el ser humano. Las historias de amor tienen sentido porque son un hecho único, porque cada ser humano es único e irremplazable, y esos tratos que existieron en una relación, en su especificidad, se olvidan a través de los siglos a la vez que el tiempo se desvanece, y solo el susurro del viento queda como remanente de tantas acciones, y es ese mismo viento el que nos cuenta lo grande o terrible que alguna vez fue algo. Sí, las cosas terminan, pero probablemente es el ciclo el que debamos de tener en mente, y que somos parte de sus engranajes. Sí, el tiempo es limitado, pero entonces nuestro deber es evitar una vida que no valga la pena ser vivida, tal y como la hemos vivido hasta el día de hoy otra vez, ¡eternamente!, como diría Nietzsche. 

Aquella vez que me pregunté por la inmortalidad escribí un cuento en donde un científico crea una máquina que le otorga el preciado deseo de nunca morir, pero en el camino, habiendo visto todos los mundos existentes, habidos y por haber, se siente solo, y de pronto solo anhela lo que ha vivido, porque nadie más puede acompañarlo. En eso, quiere entonces esperar hasta el principio o el final de los tiempos, pero esa pregunta no tiene más sentido, pues el tiempo ha perdido sus medidas, nada puede ser medible para él. El científico se dedica, pues, a revivir una y otra vez su vida antes de ser inmortal, pues es ahí donde las cosas significaban, y donde el silencio no era su único acompañante. [Este texto podría ser próximamente publicado en este blog]. 

Así pues, la muerte es lo único seguro de la vida, la reflexión puede terminar ahí. Pero hay un cierto desdén e inconformidad al respecto, que a más de uno incomoda. ¿Cómo es posible que las cosas acaben, que no exista una recompensa por todo aquello bueno que hice en vida? ¿Cómo es posible un final? Esa es una de las preguntas que no se pueden responder, pues no configuramos el universo, ni la realidad existente. No tenemos las herramientas para hacerlo. La salida a esta pregunta tan grande es la invención de las religiones, pues generan una mitología fantástica de seres que existen en planos supra-humanos. Y como todo aquello supera nuestras capacidades físicas, aún llevadas al límite, solo queda fascinarnos por el poder de la imaginación y su famoso "y si...". Para mí es claro que después de la muerte no hay nada. Todo acaba, hasta la magia. Pero afirmar la vida es lo que nos queda, mientras ésta nos pertenezca. Signifiquemos nuestra existencia, ya que estamos aquí, y no temamos a la muerte, pues como diría Epicuro: mientras la muerte no está, yo estoy aquí, y cuando ella está, yo ya no, luego entonces es ilógico preocuparse por algo que no está aquí.  

-O