Habiendo
pasado el acmé de mi vida
hace por lo
menos unos cuarenta años
sé que ésta,
alma mía, iba de partida
por fin, la
prisión de cuerpo hecha escaños,
quedaba atrás,
olvidada, ilegible,
y dije: ¡por
Zeus!, es este el momento
que ochenta
años la vida me hizo imposible,
me moría, ¡que
dicha!, y lento
Vi cómo el
mundo se diluía, como
ascendía a lo
desconocido
¿Sócrates?,
¿Homero?, ¿qué?, ¿no coincido?
No los veo a
ustedes, ¿dónde están?, ¿cómo?
Pero la voz de
una tormenta dijo:
“¡Ah!, maestro
Platón, artífice de la moral,
hablamos
siendo espíritus, astral
es este plano
y recinto fijo.”
--
Yo decía
entonces: “preséntese esa voz
que apenas me
observa y blasfema,
¿quién eres,
de dónde vienes?, en pos
de la verdad
contesta, erige un lema
si es que eres
capaz de defenderlo”.
Respondía
Nietzsche: “Divino Platón,
como Zenón
hizo, debo a usted matarlo,
maestro,
¿acaso no son de latón
aquello, lo
bueno, bello y verdadero?,
¿acaso vivimos
en la restricción?
yo soy como
usted, maestro, la fusión,
platonismo
trastornado, perecedero,
yo soy todo lo
que sus vísceras callan,
no soy un
hombre, soy una tormenta,
disruptor de
sistemas, lo que mienta:
¡vivir la vida
eternamente!, hallan
---
así el camino
todo el que me oye”.
Yo decía:
“¡pero qué dilema este!,
Haber
trascendido, pero ese que oye
hubo de
profanar, y como peste
toxificar mis
palabras… No importa,
sesenta años
he escrito los libros que
has leído, argumenta
y aporta,
a ver si
logras convencerme de que
algo no haya
pensado en Leyes,
República o
Parménides, habla pues,
provocador
incauto.” Él dijo: “¡Pues
venga, escúchame muy bien Platón!, pues
a lo mejor se
te escapa palabra…
aquellos
hombres, los de moral ‘alta’,
fijan un signo
en el tiempo que mata
el movimiento,
el signo que quiebra
---
la dynamis,
¿qué son tus formas sino
polvo en la
repisa, un cuadro que no
envejece,
argento oxidado, no
me pierdas la
pista, color que no
dejó su
espectro florecer?, la forma,
esas de las que
hablas, apolíneas, muy quietas,
son solo
apariencia, pura norma,
¿desde dónde
hablabas, Platón? Desde el ras
del cuerpo, de
tus palabras, eres más
hijo de tu
cuerpo que de tu cráneo,
no puedes
escapar de tu Pritaneo
ni filosofar
si tienes hambre, mas
¿cuántas veces
tu ascetismo te vedo la vida?
¿cuántas veces
petrificaste sombras?
Platón, el
hombre de las mil caras:
El hombre que
filosofó sin vida.”
---
Y dije:
“imagina, Nietzsche, (soy yo
el que habla
ahora, no Sócrates)
que bien y mal
no existieran, que yo
creyera en
Trasímaco, sin garantes
de la bella
polis. Imagina que
no creyera en
mis formas ni metafísica,
¿cómo
afirmaríamos palabras que
sostuvieran
tus discursos?, arisca
es esa que
llamas tu metafísica
porque, sin
reglas, solo afirma la vida,
nuestro oficio
es: aprender a dejar la vida,
aprender a
estar muertos, la mística
es también
necesaria, lo sabes, pues,
¿qué no eres
sino tótem, como yo?
no reniegues,
sabes bien que lo eres, pues
quien grita
sus palabras no puede ante ello
---
sino aceptar
su prematura forma
de dialéctica exuberante
y
argumentos
simples, Nietzsche, la forma
más acabada
del sofista, casi
definible,
casi explicable, casi,
pero no, usted
es artista,
no filósofo.”
Y el dijo así:
“¡Ah!,
ahora si que hablamos, dista
de
sensates su discurso, maestro,
yo
odio al platonismo, no a Platón,
odio
al ídolo, la leyenda, ¡bufón!
Hablo
de genealogía, te muestro
cómo
hasta el platonismo sufre, pero
de
origen, ¿cómo es que antes hubo un antes
infinito
(de erudición)?, montes
de
infinitas causas primeras, “cero”
---
sería
el número de respuestas ahí,
el
minuto más altanero y falaz
fue en
el que la humanidad conoció y
creó
todas las ficciones que hoy vas
a
defender, tú, y los hombres de moral
¡aquellos
que tienen poder! Míralo
atrápalo,
sal de ese, tu corral
de
‘sabios’, desvive, ¿el ideal?, tíralo,
enciende
la música y baila como el Dios,
ríe,
solo así podré creerte,
solo
así no te asocio con la muerte,
sólo
así vivimos, Platón, en pos
de
Apolo y Dionisio, en pos de la vida.”
Pero
antes de contestar no pude sino
pensar
en sus palabras, no pude sino
---
rememorarlas
en mente y espíritu
rumiarlas,
pensarlas, ¿será, vivirlas?
¡pero
mi vida se fue!, mi ímpetu
también.
Quizá fue muy tarde para las
llamadas
aventuras. Siracusa
solo
me enseñó a dejar de creer. ¿y
todo
para qué? Ya no me acusa
el
deber, y sin deber fui nada. Mi
cause
testificó en mi contra (hasta
ahora:
muerto). ¿Platón sería él
mismo
sin estas culpas? No sería él.
Alguien
tuvo que morir, hasta
el
desgaste psicológico, no-ser,
ser
falsedad, restringir la vida, ir
delimitando
la forma, no vivir
como
labor humanitaria, hacer
---
el
sacrificio. Eso soy, esa es
mi
recompensa: una búsqueda bien
ejecutada,
una labor de tres
aristas
bien cumplidas, en la sien
llevo
mi lema cumplido: filósofo.
Entonces
me desvanecí en humo,
dejé
de hablar con el otro filósofo
y
preferí la paz. Silencio perfumó
todo
el recinto. El otro filósofo
dejó
de pronto de ver compañero
y se
dijo a sí mismo: Es muy certero,
ni
siquiera Platón es digno… ¡fo!
¿estaré
desvariando? ¿cuánto ego?
¿cuántas
palabras escupí? ¿cuántas
no
fueron mero capricho? ¿santas
fueron
mis formulaciones? Mi ego
---
no tan
en el fondo lo quiso, me voy,
cargando
el único fracaso de haber
elegido
la soberbia a donde voy
y de
lisonjearme en laureles sin deber
sin
nadie, solo fui una enfermedad,
un
escritor desahuciado. ¿O no?
¿¡Acaso
no fue Nietzsche su enfermedad?
¿Acaso
no le agradecí? ¿no?
¿No
fui el único demonio entre ruinas?
El que
quebró huesos de enemigos,
los
propios primero. ¿para qué amigos?
Si yo,
su redentor, nace de las ruinas.
Me voy
volando como un pájaro
A
encontrarme en mis versos de nuevo
A
encontrarme (te) en las líneas que lees
A romper el verso, y al
sistema que amas