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lunes, 5 de junio de 2023

Diálogos: Nietzsche, o acerca de lo bueno y lo malo


 

Habiendo pasado el acmé de mi vida

hace por lo menos unos cuarenta años

sé que ésta, alma mía, iba de partida

por fin, la prisión de cuerpo hecha escaños,

 

quedaba atrás, olvidada, ilegible,

y dije: ¡por Zeus!, es este el momento

que ochenta años la vida me hizo imposible,

me moría, ¡que dicha!, y lento

 

Vi cómo el mundo se diluía, como

ascendía a lo desconocido

¿Sócrates?, ¿Homero?, ¿qué?, ¿no coincido?

No los veo a ustedes, ¿dónde están?, ¿cómo?

 

Pero la voz de una tormenta dijo:

“¡Ah!, maestro Platón, artífice de la moral,

hablamos siendo espíritus, astral

es este plano y recinto fijo.”

--

Yo decía entonces: “preséntese esa voz

que apenas me observa y blasfema,

¿quién eres, de dónde vienes?, en pos

de la verdad contesta, erige un lema

 

 

 

 

si es que eres capaz de defenderlo”.

Respondía Nietzsche: “Divino Platón,

como Zenón hizo, debo a usted matarlo,

maestro, ¿acaso no son de latón

 

aquello, lo bueno, bello y verdadero?,

¿acaso vivimos en la restricción?

yo soy como usted, maestro, la fusión,

platonismo trastornado, perecedero, 

 

yo soy todo lo que sus vísceras callan,

no soy un hombre, soy una tormenta,

disruptor de sistemas, lo que mienta:

¡vivir la vida eternamente!, hallan

 

---

así el camino todo el que me oye”.

Yo decía: “¡pero qué dilema este!,

Haber trascendido, pero ese que oye

hubo de profanar, y como peste

 

toxificar mis palabras… No importa,

sesenta años he escrito los libros que

has leído, argumenta y aporta,

a ver si logras convencerme de que

 

algo no haya pensado en Leyes,

República o Parménides, habla pues,

provocador incauto.” Él dijo: “¡Pues

 venga, escúchame muy bien Platón!, pues

a lo mejor se te escapa palabra…

aquellos hombres, los de moral ‘alta’,

fijan un signo en el tiempo que mata

el movimiento, el signo que quiebra

---

la dynamis, ¿qué son tus formas sino

polvo en la repisa, un cuadro que no

envejece, argento oxidado, no

me pierdas la pista, color que no

 

dejó su espectro florecer?, la forma,

esas de las que hablas, apolíneas, muy quietas,

son solo apariencia, pura norma,

¿desde dónde hablabas, Platón? Desde el ras

 

del cuerpo, de tus palabras, eres más

hijo de tu cuerpo que de tu cráneo,

no puedes escapar de tu Pritaneo

ni filosofar si tienes hambre, mas

 

¿cuántas veces tu ascetismo te vedo la vida?

¿cuántas veces petrificaste sombras?

Platón, el hombre de las mil caras:

El hombre que filosofó sin vida.”

---

Y dije: “imagina, Nietzsche, (soy yo

el que habla ahora, no Sócrates)

que bien y mal no existieran, que yo

creyera en Trasímaco, sin garantes

 

de la bella polis. Imagina que

no creyera en mis formas ni metafísica,

¿cómo afirmaríamos palabras que

sostuvieran tus discursos?, arisca

 

es esa que llamas tu metafísica

porque, sin reglas, solo afirma la vida,

nuestro oficio es: aprender a dejar la vida,

aprender a estar muertos, la mística

 

es también necesaria, lo sabes, pues,

¿qué no eres sino tótem, como yo?

no reniegues, sabes bien que lo eres, pues

quien grita sus palabras no puede ante ello

 

---

sino aceptar su prematura forma

de dialéctica exuberante y

argumentos simples, Nietzsche, la forma

más acabada del sofista, casi

 

definible, casi explicable, casi,

pero no, usted es artista,

no filósofo.” Y el dijo así:

“¡Ah!, ahora si que hablamos, dista

 

 

 

de sensates su discurso, maestro,

yo odio al platonismo, no a Platón,

odio al ídolo, la leyenda, ¡bufón!

Hablo de genealogía, te muestro

 

cómo hasta el platonismo sufre, pero

de origen, ¿cómo es que antes hubo un antes

infinito (de erudición)?, montes

de infinitas causas primeras, “cero”

---

sería el número de respuestas ahí,

el minuto más altanero y falaz

fue en el que la humanidad conoció y

creó todas las ficciones que hoy vas

 

a defender, tú, y los hombres de moral

¡aquellos que tienen poder! Míralo

atrápalo, sal de ese, tu corral

de ‘sabios’, desvive, ¿el ideal?, tíralo,

 

enciende la música y baila como el Dios,

ríe, solo así podré creerte,

solo así no te asocio con la muerte,

sólo así vivimos, Platón, en pos

 

de Apolo y Dionisio, en pos de la vida.”

Pero antes de contestar no pude sino

pensar en sus palabras, no pude sino

---

rememorarlas en mente y espíritu

rumiarlas, pensarlas, ¿será, vivirlas?

¡pero mi vida se fue!, mi ímpetu

también. Quizá fue muy tarde para las

 

llamadas aventuras. Siracusa

solo me enseñó a dejar de creer. ¿y

todo para qué? Ya no me acusa

el deber, y sin deber fui nada. Mi

 

 

cause testificó en mi contra (hasta

ahora: muerto). ¿Platón sería él

mismo sin estas culpas? No sería él.

Alguien tuvo que morir, hasta 

 

el desgaste psicológico, no-ser,

ser falsedad, restringir la vida, ir

delimitando la forma, no vivir

como labor humanitaria, hacer

 

---

el sacrificio. Eso soy, esa es

mi recompensa: una búsqueda bien

ejecutada, una labor de tres

aristas bien cumplidas, en la sien

 

llevo mi lema cumplido: filósofo.

Entonces me desvanecí en humo,

dejé de hablar con el otro filósofo

y preferí la paz. Silencio perfumó

todo el recinto. El otro filósofo

dejó de pronto de ver compañero

y se dijo a sí mismo: Es muy certero,

ni siquiera Platón es digno… ¡fo!

 

¿estaré desvariando? ¿cuánto ego?

¿cuántas palabras escupí? ¿cuántas

no fueron mero capricho? ¿santas

fueron mis formulaciones? Mi ego

---

no tan en el fondo lo quiso, me voy,

cargando el único fracaso de haber

elegido la soberbia a donde voy

y de lisonjearme en laureles sin deber

 

sin nadie, solo fui una enfermedad,

un escritor desahuciado. ¿O no?

¿¡Acaso no fue Nietzsche su enfermedad?

¿Acaso no le agradecí? ¿no?

 

¿No fui el único demonio entre ruinas?

El que quebró huesos de enemigos,

los propios primero. ¿para qué amigos?

Si yo, su redentor, nace de las ruinas.

 

Me voy volando como un pájaro

A encontrarme en mis versos de nuevo

A encontrarme (te) en las líneas que lees

A romper el verso, y al sistema que amas

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