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viernes, 8 de marzo de 2024

Fundador

 Silencio. En el principio de los tiempos nada existía. ¿Cómo la nada era omniabarcante? Fue la daga de fuego del verdadero y único milagro la que desgarró del estado primigenio los fuegos ancestrales, fue la miel violácea la que se regaba en etéreas nubes en el espacio virgen. Esas nubes originarias fueron concibiendo colores, rojo, verde, amarillo, luego chocaban entre si y quebraban las configuraciones elementales, devinió la mezcla de todas las esencias y solo así la generación de planetas. 

Soy de allá, probablemente. De los fundadores. De la mesa redonda que tiene al mundo y sus formas en discusión. Soy un mago antiguo. Es probable que por eso me sienta perteneciente a la noche. Quizá no a ella, sino más bien al cielo obscuro. Más aún, al universo y sus profundidades. En el fondo, diseccionar con cuidado los elementos más finos para la cognición, es decir, investigar, solamente nos aproxima a sintonizar de manera más adecuada y correcta el cosmos. Aunque es verdad: dudo que tenga un 'ordenamiento'. Solo está ordenado si queremos verlo ordenado. Más fácil es desgajarse en caos, por supuesto, de ahí se originaron nuestras células, del polvo de estrellas. ¿Cómo traicionaríamos por completo nuestra naturaleza? El orden es solo una ilusión. A veces pienso que los individuos vibrantes conservamos la fuerza primigenia del universo palpitante en nuestros corazones, pienso que las venas de nuestro sistema brillan de manera más intensa que las de otras, otras que, por desgracia, encierran la muerte de las comisuras del universo en sus ojos. 

La vida, pues, deviene en movimiento, quizá nuestro núcleo anímico anhela regresar a la unidad elemental del universo. Eso de la vejez de las almas tiene cierto sentido. Me han dicho que mi alma es antigua. Que llevo aquí muchas generaciones. Ahora que lo pienso, sí, y es probable que sea fundacional. Pienso ahora, ¿es por eso que me resulta tan espantoso el caos? será porque ya lo viví del todo... en parte creo eso, que no hay nada nuevo bajo el umbral del caos y del escape de las rutinas, que en el fondo es un burdo escape del tiempo y la ansiedad que nos ocasiona pensar en su movimiento. Mas, no le tengo miedo. Pero pasa que al probarlo me sabe a sustancia vieja, a trapos sucios, a tierra caliza que se encuentra arriba de un muerto. El caos está más muerto de lo que parece. Siempre desordena lo que se le presente. Siempre es efectivo, como un burócrata. En cambio, el ordenamiento es siempre novedoso. Un ordenamiento puede edificar un sistema limpio, nuevo y perfecto, mientras que el caos, en su aburrido efecto, siempre (y únicamente) introducirá aleatoriedad a la ecuación. 

Pero la empresa tan grande del ordenamiento sólo tiene sentido si en verdad tienes que perder. ¿Qué es tan valioso como para ejercer control en nuestras vidas? Qué motivo, me refiero. Los códigos que nuestra mente imprime en las tablas doradas. Las inscripciones que nos dio nuestra necesidad elevada de creer metafísicamente en algo. Lo deificado. La deificada moral. Eso es, en efecto, la suerte de quienes creemos en ello, algo que la experiencia de este mundo no puede abarcar. Porque si así fuera, si el mundo que me rodea fuera suficiente, no estaría tirando tinta a la más mínima provocación. También sería irónico traicionarme e ignorar todo lo que me indigna. El caos es aburrido, el orden puede ser mecánico, pero nunca será vano ni carente de significado como a la larga es el caos. El caos es necesario para no perder la cabeza, lo sé. Pero a todos les llega la edad, ¿sabes? en el que se vislumbra que al fondo de esa botella no hay nada, y que su líquido es más viscoso de lo que se pensaba. Sólo alguien con, como me han adjudicado, 'alma antigua', hablaría así. Soy alguien que, por definición, no encaja en lo normativo. No creo ser especial tampoco, o no tanto. Solamente he tenido suerte de lo que hago se valore muchísimo a nivel social. Pensar, me refiero. Ya sé que la filosofía está injustamente infravalorada. Pero créame, lector, que las consecuencias están saliendo caras. Que las almas nuevas solamente nos llevaran a la sociedad más sádica y mecánica si eso sigue ocurriendo. Que sin examinar el alma no somos humanos, y olvídese usted en tal caso de que la belleza pueda existir... 

En el principio de los tiempos me figuro que hubieron de existir ciertos veladores que otorgaron un sentido primero. He sentido desde el fondo de mis vísceras que para eso fui encomendado en este mundo, para brindar sentidos, a mí, a ti, a quien pueda, a esclarecer elementos. A arrojar luz. Luz en medio de este mundo tan destruido y podrido de raíz. Si es verdad que mi alma ha sido tan antigua, es verdad también que este labor lo llevo ejerciendo desde que la luz del cosmos se encendió. Yo soy el portador de la luz del cosmos. El diseñador primigenio. El primer elemento. Si es verdad lo que me dicen, no hay sorpresa en por qué actúo como lo hago, ni por qué la luz que tengo entre mis manos es tan ardiente y castigadora. 

Si mi alma es tan antigua, y mi cuerpo prestado, solo me toca cumplir con lo que es mi deber en esta vida, y esperar lo que haya del otro lado. Y quién sabe, a lo mejor del otro lado por fin habré captado todos los secretos del universo, empresa de la cuál vivo perpetuamente enamorado.