Ya hace tiempo escribí aquí en este blog acerca de mi aversión al Dios judío-cristiano. El hecho tiene que ver con lo que nos reúne ahora mismo, pues no es ni más ni menos que de los fundamentos de la existencia de lo que hablaremos, y precisamente el Dios judío-cristiano funge en más de una cabeza como un parche metafísico explicativo ante la realidad tan intrincada e inmediatamente misteriosa que está frente a nosotros.
La cosa no es fácil, ¿qué es la realidad?, ¿qué es lo real? Son las respuestas a esas preguntas los requerimientos básicos si queremos formular una respuesta pertinente al fundamento (si es que existe tal fundamento) de todas las cosas existentes. Notemos por lo menos nuestras limitaciones propias a lo humano. ¿Cómo se conoce algo? O bien por experiencia, lo más usual, o bien por la deducción a partir de premisas lo suficientemente sólidas como para sustentar un silogismo lógico adecuado. Básicamente así creemos en los gérmenes y en la existencia de la fauna no visible con el ojo humano, pues los efectos y la información que recabamos nos termina por orillar al razonamiento de que para demostrar la existencia de algo no siempre hace falta la experiencia directa como la entendemos. Teniendo esto en claro, podemos afirmar y aceptar que para conocer el fundamento de la realidad, si es que existe alguno, podemos partir de premisas que nos obliguen a realizar un silogismo en donde sea necesaria la idea del fundamento.
Ahora bien, esto solo responde parcialmente a cómo conocemos algo, pues nos queda, ¿qué es lo real? puesto que asumimos muy pronto y muy rápido que un fundamento sostiene el andamiaje de lo real. ¿qué es un fundamento? Según entiendo, es lo necesario en la constitución de algo. Algo sin lo cuál no es lo que es. Así, si pensamos en un fundamento para la realidad, pensamos en aquel componente sin el cual todo lo real no sería lo que es. ¿Qué es común a todos los objetos que los hace reales, y sin o cual no serían lo que son? Esa es la pregunta de fondo que buscamos responder. Y no podemos responder con: "ser reales", pues estaríamos enunciando un efecto, mas no la causa, y sería un argumento cíclico. [La demostración de que algo es real es que sea real, y es real porque existe -es visible el absurdo-.]
Aquí es donde comienza lo difícil porque entramos en el terreno teórico-especulativo. Pues, por lógica podemos comprender que todo efecto tiene una causa. Si vamos al punto anterior, podemos reconocer que toda existencia tiene su causa. Pero hay un salto enorme, cuántico, existencial si se quiere ver, entre el ser y la causa del ser. ¿Pues no es eso lo que buscamos? Y debemos entender otra arista. Debemos entender si el fundamento justifica las cosas en potencia o en acto. Es decir, podemos rastrear más o menos bien las causas de las cosas en acto. Las nubes causan la tormenta, la combustión al fuego, etc., pero, ¿qué otorgó la actualidad a la materia? Hablo, por supuesto, de la materia primera. Pues es posible aunque sumamente demandante rastrear las causas de todas las transformaciones de la materia. Pero hay un tope. Hay un límite que reconectará con la formulación problemática. ¿Qué otorgó la actualidad a la materia en primer lugar? Supongo yo que de eso hablamos cuando nos preguntamos por el fundamento, por un lado. Por otro, podemos preguntar si hay un 'algo' que sea común a toda la materia que la haga existir y no 'no existir'. Creo que esa función le puedo otorgar al fundamento que lo haría funcionar como elemento totalizador y necesario. Y me voy a atrever a responder esas preguntas, de una manera más temeraria que intelectual, aunque haremos el esfuerzo.
Tenemos dos preguntas: 1. ¿qué otorgó la actualidad a la materia en primer lugar? ¿qué es el algo que hace que las cosas sean, y no más bien 'no sean'?
A lo primero debo decir que no tenemos de otra más que remitirnos a lo teórico/especulativo porque aún con las mejores premisas y argumentación lógica, no hay nada que nos sugiera claramente aquel elemento generador. Podemos, sin embargo, reconocer algunas cosas a partir de esta realidad. Primeramente, que es racional brindar el punto de que hay una fuerza infinita que ha producido lo finito. Darle rostro, nombre y hasta un linaje a esa fuerza cae dentro de lo contingente. Eso puede o no puede ser. Pero lo que me parece necesario es reconocer la idea de que algo tuvo el poder de crear lo existente. Solo eso. Solo hasta ahí. A lo segundo debo responder con la incertidumbre absoluta. Tendríamos que develar la estructura más íntima de un objeto para responder a tal cuestión. Y eso es una tarea titánica. La relatividad se nos cruza de por medio. Eso implica conocer la realidad en sí. Ir más allá de la frontera que Kant reconoció. Es un cruce entre ontología y física (¿dejaron algún día de ser lo mismo? ¿no es la física ontología institucionalizada?) Muchos dicen que hay un principio ordenador de todas las cosa tangibles. Que el orden universal existe y ordena, que hay una única idea que unifica el todo. Yo solo puedo ver de todo que existe, pero no puedo ver una sola consistencia entre todos los entes. Yo creo que todo orden observado en la naturaleza es más humano que natural, más impuesto que realmente existente, y más humanamente racional que naturalmente racional. Si yo puedo concebir dos ordenes supuestamente naturales en el mundo, siendo ambos consistentes en sí mismos e igual de explicativos, entonces ninguno es realmente explicativo, pues estamos partiendo desde la idea de que es solo uno el orden válido. Así, podemos reconocerle a las personas que comprendan el mundo como gusten. Pero si se trata el asunto de encontrar EL orden explicativo, pues estamos en serias complicaciones teóricas. No podemos reconocer ese principio. Claro que podemos confiar en las matemáticas, pero hasta donde yo sé, toda noción numérica es abstracta e impuesta. No crecen números de los árboles.
Es así como me que quedado no muy lejos de donde comenzamos. Solo pude reconocer que la idea de que hubo una fuerza más grande e infinita que todo lo finito. Pero ni siquiera la caractericé. Nada de teología. Y no me malentiendan. Los sistemas de las cosas son útiles. Los necesitamos. Pero no existe EL sistema. El software del mundo. La codificación última. En eso no creo. Ni en teleología. Somos dueños de nuestras posibilidades a futuro. Aún puedo decidir si tirarme por la ventana o no. Somos, a pesar de todo, más caos que orden. Incluso para una mente tendiente al orden como la mía. Los sistemas se articulan en idearios, en imaginaciones. Solo a partir de esas pautas podemos configurar lo real. Nosotros capturamos de lo real elementos constantes. Y asignamos un orden. Pero hasta donde sé, todos esos ordenes son actualizables. Luego entonces, no definitivos. Parece ser que siempre nos serán vedadas las respuestas a las dos cuestiones que he formulado ahora mismo. Pero no deja de ser interesante haber ahondado en las posibilidades negativas de esa respuesta, pues a mis ojos la ayuda que hemos tomado de la intuición nos ha conducido por un laberíntico razonamiento que nos ayudará a refinar lo que pensamos acerca de la idea tan apasionante que es la del primer fundamento.