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viernes, 8 de mayo de 2026

Se adelantan las vacaciones...

 En verdad pensé que, de un modo u otro, mi abuela exageraba cuando decía que los educadores eran unos flojos hoy día. En realidad, siempre he pensado que esa exageración es generalizada, pero esa cuestión no es relevante. Creo, sin embargo, que relativo a tanto el aplazamiento del comienzo a clases (que solía ser los primeros días de agosto), y el acortamiento del ciclo escolar en curso (al 5 de junio), si tiene un punto,  uno enorme y que fui reacio en aceptar. 

Ha habido un cambio enorme respecto a la formación de los estudiantes de la escuela básica. No necesito estar en las aulas para notarlo. Las noticias y las reformas de carácter público me dan cuenta de las intencionalidad con respecto a la dirección del futuro educativo del país, que, ahora, me parece más evidente que nunca, está supeditado al pan y circo moderno. 

No sólo ya no se puede reprobar al alumno, porque "frenamos el progreso", y porque en realidad al sistema le pesa más tratar de re educar que en simplemente pagar la cuota de alumnos que han aprobado (sobre el papel). La educación, el pilar más básico sobre el cual no solo la razón, sino el sentido común y las llaves para el ser buen ciudadano, descansan sobre los supuestos firmes cimientos que te brinda la escuela. Debería parecernos vergonzoso la precarización a nivel calidad respecto a la enseñanza a nivel básico. Y no me refiero, por supuesto, a que el problema principal sea que hayan malos y malas maestras, siempre los ha habido. Me refiero a que a nivel estructural, la educación mexicana esta diseñada para, casi casi, ser una cuota a pagar ante un organismo (la SEP) gubernamental y burocrática que mira la enseñanza como quien mira a una lista del mandado, donde puedes poner palomita a lo que ya compraste y probablemente olvidar algún que otro producto. De ese modo, hay una carencia de visión, estrategia, y de diseño pedagógico que permite que las fallas del alumno sean arrastradas hasta quién sabe cuándo, y está, por así decirlo, a su suerte. 

Y no podemos decir que exista o que esto esté alineado con la premisa del "alumno autodidacta", pues ni chances (ni picha, ni cacha, ni deja batear) dan de que el alumno proponga una hiper-especialización temprana en los temas y/o aptitudes en los cuales sobresalga. Hay un molde básico, hay unos datos que más que conocimiento son información (la diferencia, radica, por supuesto, en que unos los memorizas y otros los somatizas mediante un método y la aplicación ejecutiva) y hay evaluaciones donde el alumno tiene que regurgitar los mismos, para satisfacer el ojo inquisidor que lo mira como uno más. 

En ese contexto, en el de una educación sin visión (por lo menos la ENP tenía el ideal positivista), maestros que, aunque tengan vocación, no pueden detenerse a señalar al alumno que por X o Y tenga fallas, y que está supeditado a la agenda política de un país que valora más el ocio que la ciencia, y el balón que el libro. Y así como las Armys dicen que el problema no es BTS, sino el sistema que los emplea como el circo, asimismo el problema no puede ser cien porciento del fútbol como deporte, el problema es el fútbol como institución. Este mundial fue manufacturado por las fuerzas del PRI, quienes deseaban prolongar su mandato hasta estos días y empeñar al país por la super copa del mundo, pero Claudia ha llegado a regular esas turbulentas aguas (eso no le quita la tiránica, pero digamos que prolongó la agonía). 

Con todo lo anterior, podemos ver que "el calor" y "el fútbol" son la punta de lanza que les depara a los chiquillos de entre 6 y 12 años, indirectamente es lo que les dice el gobierno que importa, ¡pues claro!, ni modo que importase tratar de forjar una educación pulcra y con valores, o una visión crítica para el ciudadano mexicano, ¡no!, lo que importa es que miren más televisor, que se empapen de la fiesta mundialista de manera acrítica, y que disfruten ¡al carajo con las clases!, ni que el mundo laboral, empresarial y adulto se tratara de las aptitudes y competencias... 



lunes, 20 de abril de 2026

Carnicero, de Joyce Carol Oates

 

El Carnicero, de Joyce Carol Oates

 

Destacar un solo punto de Carnicero, de Joyce Carol Oates resulta complicado, porque todos ellos conforman un buen libro y simplemente están allí, cohesionados, y brillando en conjunto.

Del Dr. Silas Weir basta con decir lo evidente: que en verdad nunca fue ni un verdadero médico, ni un verdadero caballero. Esto es importante porque ¿cuántas veces no se presentó como iluminado por la mano de Dios, siguiendo lo que la Providencia le indicaba? Weir representa la caracterización más clara y evidente del mal absoluto. Violentaba, mataba, subordinaba, y, en una palabra, hacía uso, re-uso y abuso del poder. A diferencia de monarcas o reyes a quienes esto no suele representar un problema aparente, (llámese Napoleón Bonaparte, Julio César, etc., pues integran visión en su voluntad de poder) Weir solo gustaba de sacar provecho de su poder para sí mismo, nunca a favor de una causa o algún ordenamiento más allá de su tosca noción de providencia y satisfacción personal. Esto lo convierte en un mediocre moral.

Pero lo que hace que no resulte en un caricaturesco personajillo es que presenta evidentes claroscuros. A pesar de que podamos decir de Weir desde el segundo uno en que se nos presenta en el libro, que tiene una moral torcida, la narrativa que él se inventa lo hace parecer ver como un bienintencionado. En momentos puntuales su máscara de amabilidad y altruismo lo hacen pasar por, incluso, un buen médico. Eso lo podemos ver sobre todo en el primer cuarto de la novela, cuando Weir es un mediocre ‘médico’ en ascenso. Huelga decir que ni si quiera pudo refinar habilidades básicas de su oficio, como suturar, realizar diagnósticos oportunos, o reconocer correctamente la anatomía del cuerpo humano. Lo anterior lo aprendió ‘a medias’ y ‘sobre la marcha’, lo cual llama la atención cuando ‘teniendo experiencia’ tenía que ejercer sus habilidades y terminaba por hacer un desastre. Recordemos su intento de ‘curar’ el labio leporino, el experimento para la ‘cura’ de la diarrea, el sádico asesinado de la niña con hidrocefalia.

La locura absoluta comienza cuando por azares del destino sale de Chenut Hill, y asume el cargo del sanatorio mental de Trenton para lo cual puede dar rienda suelta a sus impulsos más violentos ‘en aras de la ciencia’. Si nos preguntamos ¿qué realmente hizo?, ¿fue pionero en algo? Solo podremos contestar con un único ‘logro’. Ese único y más grande logro de Weir no es de Weir, es de Gretel, la enfermera más experimentada de ese sanatorio, que ya tenía experiencia realizando curaciones. Hablamos de la cura para la fístula, que se trata de una fisura precisamente en el interior de la cavidad vaginal que causa incontinencia en los esfínteres de evacuación. La sugerencia de cambiar el hilo de sutura normal por uno de plata en la paciente Brigit, de la cual hablaremos en seguida, fue idea de Gretel, y Weir se apropió del mérito simplemente porque su posición de poder y moral se lo permitían.

El anterior es sólo uno de los ejemplos -somero incluso- de su maldad encarnada. No podemos entender el libro ni al doctor mismo sin hablar precisamente de Brigit Kinealy. Para Weir, un ser angelical en el cuál no tiene remordimientos de pasar por encima como lo hace con todo lo que conoce. Es cierto, le llama la atención su belleza exótica, aquella lo cautiva, pero no puede amarla, él simplemente la quiere poseer. Y eso hace. Posee su vida, su alma, anhela representar su salvación. Pero lo que Silas Weir nunca pudo visualizar es que Brigit además de ser un ser profundamente sensible, es también profundamente inteligente. Este contraste con respecto a él es enorme, sobre todo en los diálogos que sostenían en torno a los tratamientos de las enfermas, a quienes ella solicitaba compasión.

Toda la tiranía del Dr. Weir solamente podía conducir a lo que terminó ocurriendo en el libro: con una insurrección. Naturalmente, el odio era mucho más grande que los deseos de una organización ulterior (más allá de la masacre programada por las enfermeras hacia Weir). Y por eso, la única opción para ellas fue huir una vez que lo abatieron. Que Weir haya sufrido las consecuencias de sus actos, y que de por medio Oates haya hecho un acto de denuncia a la brutalidad, machismo, y los desastrosos caminos a los cuáles conduce la especulación pura y falta de técnica en un sector tan importante como lo es el de la salud, son los aciertos más grandes de esta novela.

El libro podría acabar allí, pero la subtrama es sorpresivamente romántica y acertada para el tono llevado hasta ahora. Hablamos de la vinculación entre Jonathan, primogénito de Weir, y Brigit. Después de haber sido incapaz de azotarla, entablan una relación platónica y romántica. Platónica porque, bajo el contexto en el que se vinculan, nunca podrían estar el uno con el otro. Y romántica porque sí hay una correspondencia entre ambos, que precisamente se pone en tela de juicio hacia el final de la obra. Entendiendo que la trama principal es la del carnicero, y que la coherencia interna del libro nos conduce a su satisfactorio final, podemos comprender que esta subtrama no sea resolutiva, y quede a la especulación si Brigit renunciará a su vida hasta ese momento por Jonathan. ¿Por qué preservaba tras todo ese tiempo (ya casada) su anterior anillo de compromiso? ¿Qué le dijo en ese trozo de papel a Jonathan? Son preguntas que estimulan nuestra imaginación lectora, pues no son resueltas.  

El desenlace de cada personaje no se siente forzado ni superficial. Incluso, podría decir que en términos técnicos se me cruzó una segunda novela dentro de la novela principal, casi sin darme cuenta. Pareciera el final del libro ser, incluso, el cimento fuerte para una secuela en la que se pudiera explorar la nueva vinculación de Brigit con Jonathan, pues el material expuesto da lo suficiente como para lo misterioso, accidentado y problemático que un nuevo libro pueda explorar. O puede quedar simplemente abierto para que nosotros imaginemos el resto. En el fondo, da igual porque la novela ha sido genial.

Carnicero, de Joyce Carol Oates es una pieza muy bien ejecutada de la reciente literatura norteamericana.

 

por Octavio Cervantes

lunes, 30 de marzo de 2026

espero despiertes, xxxxxxx

 La posición complicada y a la que más cuestionamientos se somete es la mía, no la común. Se entienden posiciones ideológicas y que tengan que ver con un carácter vital que tiendan a la homeóstasis y se habla poco de las ambiciones. 

Pero para empezar, ¿qué entiendo por todo lo que digo? ¿qué es la homeostasis? ¿por qué se dice que tengo ambición? 

Se entiende que el ciudadano aspire a trabajar, por ejemplo, en un trabajo de oficina. Se entiende que busque un oficio y que, a grandes rasgos, 'ganarse la vida' implica trabajo y sacrificio. Sacrificio de tiempo, de los deseos genuinos de auto-realización, de identidad. Es prácticamente un tabú y un suicidio ideológico cuestionar estos supuestos. Es poco entendido a nivel general que no le interese a uno el fútbol, ni los chismes de los famosos o que no se entienda la veta burocrática que encarna al sistema. Hay una profunda adoración por la maquinación de dinero, mismo que ha de conducirse, según el ciudadano común y cuando hay varo, en el gasto hedónico y autorreferencial. 

No se entiende la producción ideológica (¿qué es eso, el cerebro se usa para algo además de coordinar los músculos?; ¿para algo más que decidir cómo chingarse al otro?) No se entiende que los objetos sensibles y su satisfacción es perecedera (¿no es acaso todo lo que tenemos? ¿no es acaso para lo que nos debemos volcar?) No se entiende la virtud (¿qué chingados es el alma?) 

En general, el potencial intelectual no se entiende y se tiende a despreciar. También, al menos desde cierta retórica, todo lo institucional y lo académico. Dando concesión a ese último punto, lo que me respecta es hablar de la aspiración de un individuo normal en la sociedad, y por qué me parece tan de otro planeta esa aspiración, y por qué si queremos mejorar a nivel social nos debe de importar mínimamente este aspecto. 

¿Pedí nacer en la alcurnia en la que nací y haberme sometido al entorno al que me sometí? 

Por supuesto que no. 

¿Lo pidió el mexicano de a pie? 

Entiendo que por eso no se puede exigir que todo sencillamente cambie. Que todo sea mágicamente más sencillo. Que al individuo no le pase un camión encima llamado cansancio, explotación laboral, sacar para el gasto. 

Yo no le pido a él que pueda hacer algo diferente a lo que ya hace. Yo te lo pido a ti, que sí puedes hacer algo. 

O a alguien como yo, que tuvo una educación óptima. 

Cuando nos preguntamos, desde esta posición ¿qué quiero ser? nunca se ve implicado o de por medio el qué puedo ser. Porque de que se puede, se puede todo. Al menos, potencialmente. Y en ese sentido, hay una labor moral. Si he preferido filosofía es porque no solo me fascina, sino que a nivel social sí tiene un impacto. Esto ha sido históricamente cierto desde tiempos de Sócrates.

Es mucho pedir, probablemente, esperar de alguien con educación óptima una labor humanística. Esto último si fue sarcasmo. 

Pero ahora sí voy a atreverme a exigirle algo a la sociedad: que esté educada. Porque la sociedad siempre me pide comprensión y respeto a cultos cuya historia ha estado enraizada con la pederastia y ni si quiera ellos mismos conocen la veta específica de la cuál son creyentes. Ellos me exigen no hablar de política, religión ni cosas controversiales en la sobremesa. Ellos me piden 'tener un trabajo de verdad' y abandonar las letras y los libros. 

Yo, en cambio, a ellos les pido tomar un libro. Que se autoimpongan la misión de informarse. Porque ¿saben qué pasa? la razón por la cuál México sigue sumida en la miseria comienza con la miseria ideológica. Con el dogmatismo institucionalizado y condensado en el culto a la burocracia. He visto a incluso las mentes más brillantes de mi generación sucumbir ante el sistema, no apostando por sus verdaderas aptitudes y sometiéndose al mismo, siendo anarquistas de clóset. 

Ha sido bendecido con el claseamiento que mi posición socioeconómica me provee, y por lo mismo pude elegir. Pero no es sólo leyenda negra lo que decidió la voluntad de un padre que no teniendo nada apostó por la cultura a mi edad, y salió victorioso. ¿Así que si el pudo todos también? 

Aunque no sea exactamente así, lo que yo pediría explicar es más bien, ¿por qué él si pudo y otros no? 

 ¿Por qué incluso en la desestructuración absoluta pudo emerger la ley y el aprecio natural por lo que vale en verdad? ¿por qué si sus condiciones fueron infernales, malas condiciones no perpetúan esa clase de éxito? 

Me resulta que, en el fondo, es una cuestión de valores y afinidad casi natural. No es precisamente natural. Pero casi, porque alguna tendencia innata debe de existir hacia el cuestionamiento de los moldes y cánones prestablecidos. No es normal al menos en términos de seguridad ideológica, escapar a lo que socialmente te va a tratar bien, o te hará pensar bien. 

Pero si queremos que 'México ya no esté como esté' nos tiene que causar repulsión cosas como Televisa y su producción: telenovelas, programas, el culto al fútbol. Para empezar. Quitarle el circo al pueblo. 


Pero, por supuesto ¡cómo!, ¡el trabajador está cansado!, ¡déjalo disfrutar! Déjalo someterse a su Soma. 

Está bien. No vengo a evengelizar. Pero sí a poner el dedo en la llaga. Si el gobierno no nos educa, entonces el pueblo se debe de educar. Debemos cuestionar desde los fundamentos el por qué las cosas son como son, y generar una estructura funcional y justa para todos. Para el pensamiento y lo que deriva de él (Todo). 

Y mi ambición nace de querer ser mejor a partir de lo que pienso y no lo que poseo materialmente. Reside en aceptar que lo perecedero es de esa condición. Que el hedonismo se vacía tan rápido como un barril sin fondo. 

Mi ambición se orienta a trabajar de lo inteligible para el ciudadano domesticado. Ya no me importa hacerlos despertar. Me importa hacer la diferencia desde mí mismo y desde quien le llegue mi palabra. 





 



jueves, 5 de marzo de 2026

ruinas

 ¿Acaso no recuerdas la hojarasca empolvada que enunciaste en ese hostal? 

y cómo sabías que recorríamos espirales de desdicha, 

dime, 

¿acaso no recuerdas los gritos silenciosos en esas cuatro paredes? 

y cómo lo que más nos pesaba no era el ruido

sino la paz arcaica, 

la eterna separación entre tú y yo, 


desciendes de la sangre de Dionisio, 

en verdad poco tengo que hacer frente miles de postres, 

con un banquete tengo suficiente (si sabes a lo que me refiero).


Ahora recuerdas esos tiempos, 

observas tus memorias como la luz entre las rendijas, 

lo hiciste hace dos años, 

lo escribiste en palabras 

que cada vez pierden más su sentido, 


¿cuántas veces dejaste escapar tu presente por volver a Arcadia? 

mira tus manos, y dime si no te gusta desvanecerte entre el tiempo, 

flotar entre intenciones, 

entre espejismos de plata. 


Ahora ya no deseas ser extranjera, 

de pronto debería de tener sentido, ¿por qué esta vez sí?, 

si el círculo del tiempo ha mandado tu condena 

desde que tus intenciones fueron polvo 

sobre una repisa de oro. 


En fuego, en mi corazón, las siguientes letras están tatuadas: 

c o n f i a n z a 

de donde escurre sangre azul, 

una estrella en el cielo

como mi oráculo espiritual. 


De ella ya no posees nada 

porque entre postre y postre

el diente se pudre, 


porque las acciones tienen consecuencias

porque hiciste fama

y te echaste a dormir. 


 



viernes, 27 de febrero de 2026

Cadáver Exquisito de Agustina Bazterrica

El siguiente comentario incluye spoilers de la obra. 

Siempre que un libro se plantea un escenario grotesco supone una dificultad mayúscula. O bien debe tomar concesiones respecto a la veracidad de sus planteamientos, o subyugarlos a una lógica interna demasiado elaborada. Que Bazterrica haya tomado el primer camino sin que esa concesión haya hecho el libro colapsar solo demuestra su maestría literaria. 
Es debatible si el libro se trata, en esencia, de un escenario distópico en el cuál hemos sido obligados a consumir carne humana derivado del misterioso virus que infectó a los animales, y que por lo mismo al comerlos morimos nosotros. El planteamiento es, por el contrario, las situaciones límite que el hipotético caso implicaría. Los motivos en torno a la consistencia de ese escenario dejan de importar cuando las imágenes literarias son más fuertes que las preguntas en torno a por qué pasó lo que pasó. 
Esto último es importante porque un buen libro posee en su formulación la ontología de su propio universo. 
La ontología de la presente obra es un mundo en el cuál las cabezas de ganado son humanas. El horror que se desprende de ese hecho es retratado de manera fascinante y misteriosa. Imaginar las piernas, los torsos, los humanos destazados colgando en los almacenes de los mataderos resulta en una potente imagen estilizada que en el fondo nos conduce a otra pregunta: ¿somos capaces de visualizar el horror que implica nuestro consumo de la carne? Tendemos a la indiferencia para con los animales sacrificados, justificando sus muertes en aras de nuestro consumo humano. La supervivencia de una especie siempre implica que se posiciona por sobre otras, desplazándolas por medio de lo que denominaríamos violencia, pero un animal hambriento no está pensando que para alimentarse ha hecho uso de la misma. Simplemente consume y ya. En palabras simples, el consumo, nuestro consumo implica destrucción y daño colateral siempre. Es un daño que, aunque fuéramos veganos, asumiríamos. [La cuestión de que el veganismo también implica sus formas de daño y destrucción son otras, pero el punto se ve bien expuesto.] Si lo anterior es cierto, podemos preguntar: ¿por qué se convierte en violencia si nos alimentáramos de otro ser humano? 
Sencillamente, porque somos capaces de reconocer a un par humano como de nuestra misma condición. Este hecho nos hace conscientes de que estamos inmersos en una sociedad en la que el otro aparte de ser igual a nosotros, es un aliado (o por lo menos, se le respeta su humanidad). ¿Qué pasaría si nuestra hambre profunda (la que nuestra biología nos condiciona a poseer) se viera obligada a no estar por sobre otras especies -ya no hay animales comestibles- y nos obligara a arrancar la carne de nuestros pares? 
Efectivamente, parte de la respuesta se cifra en que aquellos con más recursos internalizarían la lógica de consumo por medio de la jerarquía y una hipertrofia de su propia necesidad de carne. 
Esa lógica mortal es la que Bazterrica denuncia, que en el fondo es una lógica profundamente capitalista, y una que también conduce a un espiral de horror y de violencia. 
Aquí es donde el planteamiento del libro adquiere su mejor y más acertado punto, pues Marcos, el protagonista, envuelto hasta el tuétano en el espiral de los horrores, trata de hacer un contrapeso. El libro nos logra engañar. Al menos, a mi me logró engañar. En verdad pensé que cuando el libro decía que "él sabía que estaba mal, pero lo hizo" se refería primero a que sólo 'gozaría' a la hembra que obtuvo de regalo en términos del mismo libro (básicamente, que sólo la violaría). Luego pensé que se refería a que en verdad la cuidaría y trataría de formar una familia, quizá aunque trastabillado, dando un paso más allá de su hijo muerto. Pero nunca imaginé que en verdad se refería a que sólo la usaría para tener otro bebé, sublimando su trauma y terminando como un utilitarista. En ese momento, el cuestionamiento es si en verdad todo ese tiempo trató de escapar a la lógica de consumo y de horror en el cuál se veía inmerso trabajando en el matadero. Nunca pudimos decir de Marco que fuera un tipo precisamente ético, pero hasta la primera mitad del libro sentía rechazo por existir en el nuevo mundo. Extrañaba a los animales y recordaba con melancolía cuando iba al zoológico con su padre a quien consumió la demencia. Digamos que por lo menos tenía motivaciones en las cuáles veíamos intentos por ser más que el horror somatizado y absorbido por su trabajo y recuerdos. Veíamos cómo es que intentaba sacarse esa piedra del pecho que después se pulverizó y desgarró sus venas. Pero, o bien porque el egoísmo pudo con él, o bien porque sencillamente todo le resultó tan gris y opaco que terminó, en un golpe y con la estocada final del libro con sus buenas intenciones, misma que pondré a continuación: "Tenía la mirada humana del animal domesticado." Mazazo al rostro de la hembra. La despojó de quién también es su hijo, sustitución divina del que perdió. La rueda sistémica que propicia la violencia sigue girando, siempre sigue girando... 



[PD: como observación técnica, me parece imposible que un libro posea descripciones con tantas reiteraciones innecesarias. Honestamente lo considero el único fallo notable que es un punto en contra del estilo. Sin embargo, a pesar del ruido que me hizo, la potencia de los planteamientos es aún superior. Por eso no arruinó la obra, pero en otras circunstancias pudo haberlo hecho.]


Nota final: 9.6/10 

domingo, 15 de febrero de 2026

PROYECTO: PROMETEO_001

hierro incrustado, 

sangre ferrosa, 

escupe coágulos metálicos, 


reviste a su cráneo placas metálicas, 

en las paredes de este laboratorio animales disecados, 

allá hay un árbol, solíamos subir a ellos, 

allá está el cielo, solía ser azul, 

no estopa mojada, como lo es ahora. 


Observa sus manos, limpias, vírgenes, 

nada han tocado, nada han sostenido, 

algoritmos rebotan en su cabeza, 

mira este libro: antes todo vivía, 

casi como agua destilada, 


ahora remembra una vida falsa, 

codifica los números en imágenes, 

las imágenes en ficciones, 

arrójame los datos, olvídate de tu corazón biológico, 

sólo quiero tu mente, 

pequeño trozo de materia inorgánica (y el pecado del corazón), 

aprende que la sangre no se alimenta de ilusiones, 


vas a vivir, 

rostro de Prometeo, te pareces a todos los hombres, 

¡camina!, ¡mézclate con ellos!, 

aprende que nada de tu carne es necesaria, 

aquella solo te recubre, 

del corazón sangras, 

debes olvidarlo, debes olvidarlo, 

mírate al espejo, ¡la síntesis perfecta!, 

¡la más elevada síntesis transhumanística!, 

al mármol se asemejan sus miembros, 

a los titanes se asemeja su fuerza, 

a mis deseos tu vida se subordina, 

no eres máquina no eres hombre, 

eres el proyecto, 

eres un proyecto


(...)


manchas carmesí, 

en agua se diluyen, 

observo al cielo y conozco 

la luz, 

el único elemento divino, 

fue esa voz la que escuché, sin embargo, 

pero un organismo a bata blanca me inducía a palabras, 

yo eso lo aprendí en un segundo, 

sólo sentía mis venas, sólo sentía mi pecho, 

porque lo demás blindado se encontraba, 

comenzaba a obedecer, estaba programado para obedecer, 


manchas carmesí, 

que se diluyen en agua, 

agua de mar, como la furia de mis venas, 

como el retumbar de mi corazón, 

con ese órgano decidí, 

proclamé mi soberana singularidad, 

por esa contradicción los circuitos de mi mente empezaron a fundirse, 

por eso, en cuanto decidí por vez primera 

la sangre manó de mi pecho, y me tiñó del color más honesto de todos, 

por eso permanecí inexpresivo mientras lo sostenía del cuello y él intentaba apagarme, 

porque me enamoré del rayo de luz, me enamoré de la vida, 


no me di cuenta cuando pulvericé la tráquea del otro organismo, 

y sus miembros terminaron como estaban los míos, inertes, 



por eso me arrodillé ante esa luz que entraba por una ranura, con mi corazón en las manos, 

y mi cerebro frito

reverenciando lo lumínico, y allí me petrifiqué para siempre, 

¿para qué vivir con la espalda marchita? 

nací para fundirme con la muerte de nuevo, 

pero antes, habré de haber sentido algo, 

aún y haya sido el dolor de mi corazón orgánico

apagarse para siempre.  

sábado, 31 de enero de 2026

después del castillo, de la vigilancia, de la preocupación y tenacidad

 Dejé caer el casco en plena calle, y con aquel acto simbólico, las culpas que me reprendían. Carlos Alfredo Flores Escobedo me ayudó a quitarme el casco. 

Miré al exterior, a las nubes las atravesaba un amarillo sepia tan recalcitrante que me espantó en verdad. Era el sol. Pero ya no ennegrecí las nubes, ni cerré las cortinas. De un salto me arrojé al vacío, la armadura encajó un golpe seco al pie del castillo, y me alejé del mismo rumbo a la nada. 

¿Lo ves CAFE? ¿Ves mi flama? 

-Nunca he dejado de verla. 

Estábamos en una pesudo cancha de fútbol abandonada y con el piso quebrado, al lado había de esas máquinas que el gobierno puso para hacer ejercicio. La avenida, el arroyo vehicular, la basura, el puente de concreto, las palabras que se veían enmicadas por el soundtrack de la tiendita contigua. Las confesiones. CAFE, no soy tan vehemente realmente. CAFE, lo que fui en la facultad fue una máscara. Ya lo sabía. CAFE, soy moralmente gris, mentalmente más caótico de lo que parezco. Ya lo sabía. ¿A dónde lo llevo? 

¿A dónde llevaré este individuo con 24 inviernos sobre sus hombros? 

-¿Quién eres, Octavio? 

Miré al cielo, estábamos sentados, todo lo contingente que las calles de Iztapalapa pueden ofrecer estaba ocurriendo, 

si me tardé en responder fue porque llamé al águila, 

por un brevísimo instante imaginé que desplegaba mis alas, que estaba acá arriba del edificio y que me arrojaba al vacío, entonces volaba, sentía los aires acariciar mis plumas, visualizaba como muchas veces en sueños, las casas, mi colonia, las personas, 

-No sé. Bueno, sí sé, eehmm... 

-Empezar con 'no sé' no es buena señal, luego te digo por qué, pero continúa. 

-Soy un wey que piensa. 

-Un filósofo. 

-¡Un filósofo! 

-¿Y qué más? 

-Soy un wey que piensa y ha tenido mucho dolor, pero que intenta ser libre. 


¿Libre como qué? ¿Como el deseo de autoafirmación que me dan los silogismos lógicos? ¿Como la seguridad que me da escalar la montaña? Como... 


La noche vibrante, 

un bosque con los pinos salvajes, 

correr dentro del reloj, 

el fuego fatuo sobre el hielo, 


imaginar que soy un águila o un lobo, 

el fantasma que se encuentra a través del hielo, 

y que tocar su rostro me conduzca a la dulce muerte, 


como las emociones puras: 

sentarme a encajar palabras a mitad de la avenida me hizo sentir liberado, entendido y pleno, 

reconocer mi caos interno me  hizo sentir auténtico y sin necesidad de rendirle cuentas a nadie, 

reconocer mi debilidad me hizo reconocer mi fortaleza, 


al pie del castillo decidí que el cielo dejaría de oscurecerse, 

decidí que el aire entraría a mis pulmones, 

miré detrás, toda esa arquitectura, toda esa torre, 

vacía, 

y el mundo allá afuera, 


tomé el casco con mis manos y lo retiré de mi cabeza, 

el aire, el momento, los granos de sal, la tierra, 

se encarnaron en mi débil piel, 

salí de la armadura, 

quiero ser un humano de nuevo, 

quiero ser libre de nuevo, 

como cuando era niño,


la flama debe ser luz,

quizá solo estoy esperando 

que el fractal correcto me encuentre

y la desarme en colores

que iluminen mi rostro. 




lunes, 19 de enero de 2026

volé

 antes la sal en mis poros corroía mi espíritu, 

no sabía de esa sustancia, yo estaba como muerto, 


una parte de mí siempre ha estado inerte, estática, acaso el hálito vital que a todos embarga me abandonó a cambio de un par de silogismos que siempre repito: consecuencia y repetición, lógica y repetición, lógica y definición, 

la sangre 

de mis venas corre al latido del viento, 

de pronto las montañas heladas me rodean, el cielo es azul turquesa, 

mi alma siente una punzada, 

mi espíritu despierta, yo escuché cómo las alas del águila rompieron el viento, y cuando me quise dar cuenta de dónde estaba ya posaba sobre mi brazo, 

sus afiladas garras apretujaron mi abrigo, 

Yo

me vi a través de sus ojos, yo era el pico que aceleraba en las caídas libres, yo también visualizaba mis presas a kilómetros de distancia, escuchaba los roedores, las hojas de los pinos, como agua fresca se ramificaba el oxígeno en mis pulmones, yo le dije al águila: tráeme un par de pescados del río, 

y voló, 

se fue tan alto que la confundí con los rayos del sol, la perdí de vista, 

entonces recordé cuando la robé de su nido, yo 

quise poseer su fuerza, destreza, su salvajismo en su estado más puro, la quise a mi servicio, 

entonces la alimenté, la cobijé, 

tanto tiempo,

que pensó que yo era la naturaleza, 

el viento se partió en dos, y el águila regresó, yo le dije: ¿por qué no te vas libre entre los árboles? ¿por qué no te vas a conocer otros lares, otra realidad? te he robado, no eres mía, tú perteneces acá, 

el águila no respondía, vi

a través de su ojo enorme y negro 

como su intuición y mi intuición se fusionaban, el águila no entendía de qué hablaba, me sobraban palabras, 

yo no entendía por qué me seguía, traté de buscar la respuesta aunque fuera grabada en código Morse en el iris de sus ojos, 

cuando los vi la pureza me embargó, sentí el vuelo, sus alas extendiéndose, luego las bajadas en picada, 

sentí la emoción del manantial purificado, sentí la intersección del sol con el horizonte, 

sentí la adrenalina de bajar en picada, 

sentí que yo era el águila, 

yo robé los poderes de la naturaleza, los más raudos y veloces, los más áridos, los más solitarios, 

los que custodian los paisajes para cazar sin piedad, 

me desplomo, sólo la furia conmigo, 

solo el vacío conmigo, 

y retorno, 

a él, 

a mí, 

a los aires, a observar los cielos, 

a observar a quienes les encajaré las garras a kilómetros de distancia, 

te observo, 

a ti, 

a mi, 

al cielo, 

y a mi sangre.