[se recomienda haber visto la película porque el comentario contiene spoilers, pero aún leyendo este texto, nada iguala la experiencia de las salas de cine]
¿Qué hace grande a un músico? ¿Hasta dónde las voliciones personales pueden llegar a destruirnos?, son preguntas que la película Tár, del director Todd Field ponen sobre la mesa.
Lydia Tár es una exitosa y reconocida directriz de la orquesta de Berlín. Ella vive dentro de la música y desde la música. La primera parte de la película nos muestra los diferentes ejes donde Lydia se desenvuelve. El trabajo de la orquesta, que es un trabajo digno de un comandante. La batuta que afina, ese es el labor soñado que Lydia siempre ejerce. Comprometida en una relación sentimental con Sharon, parecen hacer una mancuerna funcional hasta cierto punto, al menos en un comienzo. Ella tiene una pequeña, que ata a Lydia a un trabajo de maternidad compartida, y a su vez reafirma su lazo.
Hasta ese momento, pareciera el ideal perfectamente representado de una vida excelente. En cierto modo lo es, pero poco a poco la personalidad de Lydia reluce: prepotente, controladora, ególatra...
No obstante, esto es muy sigiloso. No podríamos juzgarla de una tirana absoluta de un momento a otro, como por ejemplo Fletcher de la película Wiplash -a veces pesar de sus similitudes evidentes-. El cambio de perspectiva de este personaje es adecuado porque la cara pública que tiene que mantener Lydia la conduce a actuar con cautela, a pesar de que varios elementos la ataquen desde distintas perspectivas.
Esta película es larga, pero no se percibe de tal modo porque, como en la orquesta, sabe introducir a tiempo cada cambio importante. Es así que llegar al verdadero nudo y descubrirlo toma su tiempo. Hasta la mitad de la película, el espectador se da cuenta de que está presenciando una vida "perfecta".
De pronto, cosas no comienzan a cuadrar. La secretaria de Lydia sigue recibiendo insistentemente mensajes de un usuario que suplican a Lydia no incluir en su orquesta a un integrante. Lydia decide ignorar los mensajes. Eso será solo una advertencia del relato de la verdadera fuerza antagónica en esta película.
Un día se presenta la candidatura de una violonchelista chica rusa, que cautiva de inmediato la atención de Lydia. Este es el principio del fin para Lydia, porque este suceso la lleva a cometer decisiones desacertadas con respecto a la orquesta y sus responsabilidades en su vida cotidiana. Una cosa es cierta: Lydia tuvo el carácter y determinación suficiente para llevar todo en marcha hasta cierto punto, pero ningún humano puede ambicionar el mudo entero, y esta película es muestra de ello. El primer error de Lydia, que desestabiliza el mundo interpersonal que había sostenido, fue solicitar los castings para que pudiera entrar Olga, la violonchelista, a la orquesta de manera oficial, siendo que este movimiento era prácticamente innecesario, a pesar de que al final resultó conveniente.
Desde ese momento Sasha sospechó que existía atracción por parte de Lydia hacia Olga. Además, de sobra está decir que sumaba a las dudas el hecho de que Olga ensayaba en casa de Lydia. Pero no satisfecha con ello, elige la pieza de concierto que favorece el estilo de Olga. Y todavía no satisfecha con ello, la elige solista de la orquesta.
A partir de este momento, todo se va en picada, y la película se torna hacia la resolución de Lydia a los problemas que ella misma ocasionó. Primero, rompe con Sharon. Luego, su credibilidad en la comunidad musical se cuestiona, por estas decisiones evidentemente arbitrarias, y por supuesta culpa de un suicidio, que cometió la persona que enviaba los e-mails. Éste último punto no se desarrolla del todo, y es una lástima porque pudo haber dado para mucho más. Entre todo esto, en una cara pública parece que Lydia no paga las consecuencias, pero poco a poco vienen. En un arrebato de locura tratando de devolver el peluche olvidado de Olga, tropieza y queda malherida del rostro y la espalda. Por otro lado, sufre de pesadillas que le muestran visiones de, lo que se entiende, es el rostro de la chica que enviaba mensajes. Sus visiones implicaban movimientos sutiles, bellos, como si recordara los brazos de una pareja pasada. Lydia carga mucha culpa, y esto se manifiesta en su inconsciente, mientras que en la superficie permanece "en orden", pero en su mundo interior en conflicto.
Lydia, más allá de pretender mantener el Status Quo, o asegurar su participación de la academia de la orquesta, parece más bien buscar el control y supremacía en todo lo que haga. Este punto se ve bien representado cuando ella esta dispuesta a tocar incluso ya estando despedida y totalmente fuera del juego. Esa escena es excelente, pues me parece que resume la tiranía interna que estaba guardada dentro de Lydia, y que ocultaba con sonrisas y evasivas. Lydia golpea al director, y espera que la orquesta la obedezca a ella. Para mí no hay ejemplo más grande de su verdadero carácter más que ese, porque incluso con Olga supo detenerse. Supo medianamente no hundirse más de lo que ya estaba, a excepción de ese punto. No supo controlar su necesidad de poder. Y eso la llevó al exilio.
Pero Lydia no sería Lydia sin la posibilidad de un nuevo comienzo. Cuando, en casa de su hermano, observa el track que muestra al personaje de orquesta que le recuerda quién es ella y el origen de su amor musical, planea seguir adelante. Ya expulsada de su academia, ya fuera del juego y prácticamente con nada, revive su carrera musical.
El personaje de Lydia es todo lo que ya he descrito, ambiciosa, dirigida a la acción y los resultados y perfeccionismo, pero también, como cada buena película nos recuerda de la vida, es humana. Hay un conflicto interno en Lydia entre sus emociones, lo que quiere inmediatamente, y lo que debe mantener a través del tiempo, y hubo momentos en los que ninguno de esos aspectos pudo ser prioridad absoluta para su vida. Lydia generó sus propios problemas. La fuerza antagónica de esta película fue la propia Lydia, saltando entre responsabilidades, saltando entre voliciones, solucionando un problema pero generando otros diez en el camino. Lydia no alcanza a ver la potencia destructora que habita dentro de ella misma. Parece que obedece solo a sus deseos y pretensión de poder, y que solo demostrándolo se siente perfectamente cómoda. En evidencia, eso le genera problemas que, en este caso, estallaron tarde, pero igualmente estallaron. La cuestión de su redención fue para mí sospechosa, pues pareciera ser que no hubo un desarrollo tan profundo del personaje, si bien si lo conocimos bien. Es decir, que me parece que no tocó el fondo que, potencialmente, pudo haber tocado. Su punto más bajo parece ser solo consecuencia de sus acciones. Eso genera coherencia, pero no una total empatía hacia el personaje. Sabemos por qué lo hizo, pero sabemos también que probablemente lo haría otra vez. ¿Hubo un verdadero cambio?, preguntaría yo.
El aspecto técnico de la película no me queda a deber, es muy limpia en sus tomas. El guion me parece que resuelve la película, pero no al personaje del todo. Es verdad que Lydia tocó fondo, pero pudo haberlo tocado más, y su resurgimiento parece accesorio. Me parece que la película pudo haber acentuado el declive para que el resurgimiento tuviera una mayor significación.
No tengo mucho más que decir, Tár es una película emocionante, precisa, que tiene una de las protagonistas que encarna momentos icónicos y emocionantes de verdad. Una película recomendada para todo amante de la música, de las historias trágicas y el cine.
-O