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martes, 29 de noviembre de 2022

El Tiempo

 No hay pasado, tampoco futuro. Toda experiencia se vive en un eterno ahora. Incluso lo que recuerdas está ocurriendo en el presente. Incluso ahora, el segundo anterior, ya esfumado y recuerdo probablemente de nadie, es nada. 

¿Qué es la memoria? ¿Qué recordamos? Decían que la persona sin recuerdos entraba en un espiral de locura inquebrantable, donde todas las vivencias se asemejan a un lejano sueño y fantasiosas ficciones. 

¿Qué es sino estar atrapados en un infernal tránsito hacia el ente "desconocido"? El ruido que se escucha en el fondo de la caverna solitaria, ese que exhala del núcleo del infierno, ese es el miedo. Pero ese también es el futuro. El terror, la ansiedad, son un exceso de futuro. ¿Qué podría pasar? ¿Qué podrá ser? ¿Quién podrá hablar? Todo, nada, imaginación. El tiempo nos predispone a la imaginación rapaz. Cuántas ficciones murieron en el tránsito del ahora. Cuantas manos quisieron partir las aguas de la realidad, únicamente para quebrarla, abrirla, y con esas mismas manos tomar el tiempo para apretarlo y evitar su camino, o simplemente para pedirle un segundo más. 

¿Cuántas veces el ciclo ha permeado en la vida? ¿Cuántas veces todo ha sido circular? La primera noche que los primeros ojos humanos vieron el cielo estrellado se sigue replicando, los primeros ojos vibran a través de los ojos que hoy custodian la noche. Y a su vez esos astros custodian millones de planetas donde las guerras intergalácticas son la norma, por incesante búsqueda de recursos. Los problemas se vuelven añejos. El tiempo hace añejas a las cosas. Añejo el sol, el vino, el queso, el hombre, la tierra y la luna. Añeja la visión del guardia costero que ve desde siempre el mismo mar. 

Hay un hombre que quiere arrancar los años de encima suyo, que quiere volver en el tiempo para pedalear su bicicleta una vez más, sólo por ello pagaría el precio del viaje. Hay otro hombre que quiere ir atrás para solventar un error, para arrancar de su ser una culpa con sus consecuencias, pero el tiempo ha sido, como siempre lo es, el juez más imparcial y determinante que existe: se acabó, your time it's over. 

Cuando pienso en el tiempo, no puedo sino pensar a su vez en una pregunta: ¿y si camináramos dentro de un reloj? 

lunes, 21 de noviembre de 2022

Ví Tár, y...

[se recomienda haber visto la película porque el comentario contiene spoilers, pero aún leyendo este texto, nada iguala la experiencia de las salas de cine]

¿Qué hace grande a un músico? ¿Hasta dónde las voliciones personales pueden llegar a destruirnos?, son preguntas que la película Tár, del director Todd Field ponen sobre la mesa. 


Lydia Tár es una exitosa y reconocida directriz de la orquesta de Berlín. Ella vive dentro de la música y desde la música.  La primera parte de la película nos muestra los diferentes ejes donde Lydia se desenvuelve. El trabajo de la orquesta, que es un trabajo digno de un comandante. La batuta que afina, ese es el labor soñado que Lydia siempre ejerce. Comprometida en una relación sentimental con Sharon, parecen hacer una mancuerna funcional hasta cierto punto, al menos en un comienzo. Ella tiene una pequeña, que ata a Lydia a un trabajo de maternidad compartida, y a su vez reafirma su lazo.

Hasta ese momento, pareciera el ideal perfectamente representado de una vida excelente. En cierto modo lo es, pero poco a poco la personalidad de Lydia reluce: prepotente, controladora, ególatra...
No obstante, esto es muy sigiloso. No podríamos juzgarla de una tirana absoluta de un momento a otro, como por ejemplo Fletcher de la película Wiplash -a veces pesar de sus similitudes evidentes-. El cambio de perspectiva de este personaje es adecuado porque la cara pública que tiene que mantener Lydia la conduce a actuar con cautela, a pesar de que varios elementos la ataquen desde distintas perspectivas. 

Esta película es larga, pero no se percibe de tal modo porque, como en la orquesta, sabe introducir a tiempo cada cambio importante. Es así que llegar al verdadero nudo y descubrirlo toma su tiempo. Hasta la mitad de la película, el espectador se da cuenta de que está presenciando una vida "perfecta". 

De pronto, cosas no comienzan a cuadrar. La secretaria de Lydia sigue recibiendo insistentemente mensajes de un usuario que suplican a Lydia no incluir en su orquesta a un integrante. Lydia decide ignorar los mensajes. Eso será solo una advertencia del relato de la verdadera fuerza antagónica en esta película. 
Un día se presenta la candidatura de una violonchelista chica rusa, que cautiva de inmediato la atención de Lydia. Este es el principio del fin para Lydia, porque este suceso la lleva a cometer decisiones desacertadas con respecto a la orquesta y sus responsabilidades en su vida cotidiana. Una cosa es cierta: Lydia tuvo el carácter y determinación suficiente para llevar todo en marcha hasta cierto punto, pero ningún humano puede ambicionar el mudo entero, y esta película es muestra de ello. El primer error de Lydia, que desestabiliza el mundo interpersonal que había sostenido, fue solicitar los castings para que pudiera entrar Olga, la violonchelista, a la orquesta de manera oficial, siendo que este movimiento era prácticamente innecesario, a pesar de que al final resultó conveniente. 

Desde ese momento Sasha sospechó que existía atracción por parte de Lydia hacia Olga. Además, de sobra está decir que sumaba a las dudas el hecho de que Olga ensayaba en casa de Lydia. Pero no satisfecha con ello, elige la pieza de concierto que favorece el estilo de Olga. Y todavía no satisfecha con ello, la elige solista de la orquesta. 

A partir de este momento, todo se va en picada, y la película se torna hacia la resolución de Lydia a los problemas que ella misma ocasionó. Primero, rompe con Sharon. Luego, su credibilidad en la comunidad musical se cuestiona, por estas decisiones evidentemente arbitrarias, y por supuesta culpa de un suicidio, que cometió la persona que enviaba los e-mails. Éste último punto no se desarrolla del todo, y es una lástima porque pudo haber dado para mucho más. Entre todo esto, en una cara pública parece que Lydia no paga las consecuencias, pero poco a poco vienen. En un arrebato de locura tratando de devolver el peluche olvidado de Olga, tropieza y queda malherida del rostro y la espalda. Por otro lado, sufre de pesadillas que le muestran visiones de, lo que se entiende, es el rostro de la chica que enviaba mensajes. Sus visiones implicaban movimientos sutiles, bellos, como si recordara los brazos de una pareja pasada. Lydia carga mucha culpa, y esto se manifiesta en su inconsciente, mientras que en la superficie permanece "en orden", pero en su mundo interior en conflicto. 

Lydia, más allá de pretender mantener el Status Quo, o asegurar su participación de la academia de la orquesta, parece más bien buscar el control y supremacía en todo lo que haga. Este punto se ve bien representado cuando ella esta dispuesta a tocar incluso ya estando despedida y totalmente fuera del juego. Esa escena es excelente, pues me parece que resume la tiranía interna que estaba guardada dentro de Lydia, y que ocultaba con sonrisas y evasivas. Lydia golpea al director, y espera que la orquesta la obedezca a ella. Para mí no hay ejemplo más grande de su verdadero carácter más que ese, porque incluso con Olga supo detenerse. Supo medianamente no hundirse más de lo que ya estaba, a excepción de ese punto. No supo controlar su necesidad de poder. Y eso la llevó al exilio. 

Pero Lydia no sería Lydia sin la posibilidad de un nuevo comienzo. Cuando, en casa de su hermano, observa el track que muestra al personaje de orquesta que le recuerda quién es ella y el origen de su amor musical, planea seguir adelante. Ya expulsada de su academia, ya fuera del juego y prácticamente con nada, revive su carrera musical. 

El personaje de Lydia es todo lo que ya he descrito, ambiciosa, dirigida a la acción y los resultados y perfeccionismo, pero también, como cada buena película nos recuerda de la vida, es humana. Hay un conflicto interno en Lydia entre sus emociones, lo que quiere inmediatamente, y lo que debe mantener a través del tiempo, y hubo momentos en los que ninguno de esos aspectos pudo ser prioridad absoluta para su vida. Lydia generó sus propios problemas. La fuerza antagónica de esta película fue la propia Lydia, saltando entre responsabilidades, saltando entre voliciones, solucionando un problema pero generando otros diez en el camino. Lydia no alcanza a ver la potencia destructora que habita dentro de ella misma. Parece que obedece solo a sus deseos y pretensión de poder, y que solo demostrándolo se siente perfectamente cómoda. En evidencia, eso le genera problemas que, en este caso, estallaron tarde, pero igualmente estallaron. La cuestión de su redención fue para mí sospechosa, pues pareciera ser que no hubo un desarrollo tan profundo del personaje, si bien si lo conocimos bien. Es decir, que me parece que no tocó el fondo que, potencialmente, pudo haber tocado. Su punto más bajo parece ser solo consecuencia de sus acciones. Eso genera coherencia, pero no una total empatía hacia el personaje. Sabemos por qué lo hizo, pero sabemos también que probablemente lo haría otra vez. ¿Hubo un verdadero cambio?, preguntaría yo.

El aspecto técnico de la película no me queda a deber, es muy limpia en sus tomas. El guion me parece que resuelve la película, pero no al personaje del todo. Es verdad que Lydia tocó fondo, pero pudo haberlo tocado más, y su resurgimiento parece accesorio. Me parece que la película pudo haber acentuado el declive para que el resurgimiento tuviera una mayor significación. 

No tengo mucho más que decir, Tár es una película emocionante, precisa, que tiene una de las protagonistas que encarna momentos icónicos y emocionantes de verdad. Una película recomendada para todo amante de la música, de las historias trágicas y el cine. 

-O


jueves, 17 de noviembre de 2022

SIN CANTAR NI AFINAR, 2022

 Hoy escribo como seguidor. Como seguidor de un artista de talla mundial. Como alguien que puede reconocer que habla a través del prisma del más profundo gusto personal. Pero es que sin eso no se habla. Sin el sesgo, hablaríamos de fría filosofía analítica (y ni eso). Hoy les voy a contar mi experiencia en el concierto "Sin Cantar ni Afinar" de Antón Álvarez, mejor conocido como C. Tangana. 

Era junio de este año. La cuenta personal de C. Tangana sube una historia donde anuncia la gira "Sin Cantar ni Afinar", programada para los días quince y dieciséis de noviembre de 2022. Desde ese momento supe que era una oportunidad única. No tanto por desconocer el paradero de Antón posterior a su visita, pues vamos, tiene treinta años, y se encuentra en pleno despegue musical, sino, más bien porque podría suponer la experiencia del espectáculo que conlleva vivir uno de sus conciertos. Las críticas en Twitter hablaban por sí solas, miles de historias en Instagram también lo confirmaban: el tipo es un showman. Pero no nos adelantemos. 

Decidí consumir mis ahorros para comprar el boleto. Estuve dispuesto a apartar General A, es decir, la sección más próxima al escenario. Las entradas se vendían como pan caliente, y yo entraba en desesperación por comprar un boleto. Finalmente lo conseguí, y lo que me quedó fue simplemente esperar. 

El día del concierto llegó, yo también llegué al Palacio de los Deportes, a eso de las siete de la noche. Hice una fila de una media hora antes de pasar directamente al interior del recinto. 

Una pantalla enorme cubría tres cuartos del escenario donde se podía leer claramente "Sin Cantar ni Afinar Tour", y una cámara apuntaba al público, de modo que todos los seguidores nos veíamos ahí. Me sorprendió que dos horas antes de la presentación ya había generosa cantidad de personas esperando. Me acerque a unos quince metros del escenario, y aún tenía que esperar a las nueve de la noche. 

Todo valió la pena, pronto el silencio de la espera parecía esfumarse en halos de euforia que se extendían entre todos los fanáticos, ya eran las nueve. Pucho tardaba en salir, ¿qué pasa? Pucho tardaba, sal ya Pucho. Los tambores rompían el silencio y la multitud ensordecía, enloquecía en gritos afinados en una sola sintonía: la emoción. El escenario proyectaba luces, de pronto salió Pucho, jovial, trapero, rockstar: El Madrileño. Aún no ha dejado de ser Cremita del todo. 

Pero la sobremesa apenas comenzaba, pronto se comenzaba a observar la planeación absoluta del concierto. Tirando los dados y con la nariz untada en perico [cita requerida] Pucho daba rienda suelta al verdadero sabor, a lo cual Cambia(bamos)! a recordar que estamos en la tierra de los chingazos. 

Se profundizó en El Madrileño con Comerte entera, pero a su vez se alternaban temas de su discografía anterior, que sinceramente no conocía, pero de todos modos bailaba. Nos sorprendía la ejecución de Párteme la cara con un Ed Maverick que parecía más consolidado, "Acúerdate bien de que tienes..., acá no pasó nada..." Se oía Ateo, adquisición musical encontrada en la sobremesa, se oía Te Olvidaste de quién te enamoraste... 

La canción que paralizó mi corazón fue Demasiadas Mujeres, cuya introducción es tomada de "El Amor", y fue añadida en el concierto, resultó aún más épica de lo que ya era. Aquella canción la canté con más pulmones y energía del infierno que las anteriores. Se desvaneció el tiempo. Aún puedo oír esas trompetas... 

Me gustó la exploración que se hizo de la sobremesa, pues Pucho cantaba el himno a la fidelidad, Me maten, y su legendario coro: "me muera no les pueda fallar, yo sin esta gente pa' que cojones quiero pasar... Me maten, me me maten...". 

Y ahí estaba Ingobernable y su son que siempre invita a bailar, y ahí estaba Nominao, y estaba para mi sorpresa Antes de Morir, colaboración original con Rosalía... Nada me costó soñar pensando un segundo en verla también en el escenario.

Estuvo la transición tan ingeniosa y chistosa a Llorando en la Limo, pequeños asaltos de trap muy bien engarzados en la ejecución global del Madrileño. Y ¡Toma que toma!, y aún recordamos al chaval hambriento que no invitabais al baile, antes cuando era inocente antes, antes él no era nadie ¡toma que toma!, y ahora todo el día metido en farra, escalando pa'lante. Intentando olvidar, toreando recuerdos que arden... 

Lamentablemente, todo tiene un final, y la canción de cierre fue Hong Kong, no mi favorita, pero respetable. Me quedé con las ganas de que se tocara Cuando Olvidaré, pero entiendo que el legendario discurso que pronuncia Pepe Blanco no pudo ser reproducido sin el autor presente, pero qué lástima. 

C. Tangana es un absoluto showman. Es alguien que disfruta de brindar un espectáculo, y esto es visible en cada detalle que plasma en la puesta en escena, que pareciera más orientada a la reproducción en teatro que en un foro tan amplio. Ahí se perdía la acústica, a pesar de que toda la orquesta se reprodujo de manera sinfónica (a excepción de las pistas de trap) de manera excepcional. Antón disfruta de dar el espectáculo, pero nada de eso tendría sentido sin que antes disfrutara de hacer música, y esto se nota. Se nota la pasión, y ese, queridos lectores, ese es el punto nodal de cualquier artista. Antón comparte su amor por la música de manera coherente, estrafalaria, excéntrica, pero sobre todo, con pasión y determinación absoluta. 

Sin Cantar ni afinar Tour fue un excelente concierto, demostrando Antón que no solo está a la talla de un Palacio de los Deportes, sino que ya le va quedando corto. Poco le falta para ascender a ligas aún más grandes. ¡Viva Pucho!

  

-O

martes, 15 de noviembre de 2022

Vi Enter the Void, y...

 Puedo decir que es una película macabra. No me considero un apasionado del cine, pero lo consumo con relativa frecuencia. De la filmografía de Gaspar Noé conozco, a parte de éste título, Irreversible. No obstante, creo que atrapé los aspectos más esenciales de lo que le gusta comunicar en sus películas: las vísceras. Eso es exactamente esta película. 

Linda y Oscar hacen un pacto de sangre desde la infancia, pacto que se ve comprometido tras el desastroso accidente automovilístico que sufren, pues se ven orillados a separarse por un gran tiempo. Las investigaciones de Oscar lo llevan a las galerías de un Japón oculto al ojo poco entrenado en aquella cultura oriental. No obstante, cuando Oscar se ve involucrado en asuntos ilícitos, se ve envuelto en una persecución en el Bar "The Void", donde recibe un disparo y muere. A partir de ese momento, la consciencia de Oscar se desprende de su cuerpo para seguir la vida de Linda, quien tiene unión con su compañero Víctor. Mueren, tras un accidente de tránsito que nos reinstala en la situación primigenia: el accidente, la primera lactancia, es decir, el nacer. 

Enter the Void es una película visualmente alucinante y técnicamente brillante. La trama es sencilla. Los subtextos de la película son lo más interesante. La unión, el pacto vitalicio, el vaivén de la vida. La incertidumbre, la libertad, el sexo, el mañana. Todo ello converge en viajes astrales a través de drogas y elementos más allá de la vida. El espíritu de Óscar ama a Linda, pero, irónicamente es ya muerto cuando más tiempo pasa al lado de ella, en vida su modo de "amarla" rozaba la posesión. En vida pudo hacer mucho por ella, pero ciertamente quedó insatisfecho. En muerte ya no pudo hacer nada. Creo que una lección importante del filme es considerar la muerte como un ciclo latente. Ese es un elemento con el que juega Noé, y es el modo en el que da cierre al ciclo de ambos personajes. Linda fue siempre un espíritu libre, que también anhelaba la compañía de Oscar, pero el exceso pudo todo el tiempo más que ella. 

Sólo Oscar sufre las consecuencias de sus propias acciones, pero se siente extraño, pues me parece que hasta cierto punto fue un personaje plano. Linda me pareció el personaje más vibrante, sintonizada quizá con las vibraciones de la propia vida y los colores neón que inundan cada escena. En ese sentido, el arco cierra con el ciclo de la muerte. Linda muere como sus padres, y el flashback que tiene antes de morir solo reafirma ese fin. Redactar una reseña de esta película es complicado porque mucho de lo que comunica es esencialmente visual, forma, periodos, patrones, colores, la película está inundada de colores hipnóticos. 

Comencé diciendo que probablemente ya había capturado el modus operandi de Noé, a pesar de solo conocer dos de sus películas, pero creo no equivocarme cuando afirmo que es un autor visceral, que complica lo más sencillo (el impulso) y simplifica lo más complejo (en una película, que es la trama.) Así, todos entienden, pero no todos soportan, como en Irreversible, donde la trama es hasta más sencilla: la venganza de una violación y profanación al cuerpo de una pareja, contada al revés. La esencia es exactamente la misma: explicitar el deseo demoniaco de venganza en una de las secuencias más difíciles de olvidar para cualquier persona que haya visto la película. 

Es por eso que no es recomendable para todos, por esos dos puntos que he tratado de ahondar en este comentario. Son sus puntos más altos y bajos, es decir, simplicidad en la trama, brutalidad en la técnica, pero lo bueno es que ya se sabe que esperar. Un espectador de Noé ya sabe que esperar cuando acude a una de sus películas. Por eso, para todo fan de lo macabro y lo incognoscible, pero que se sabe que está ahí, para el fan de las voliciones en bruto, definitivamente esta película es para él. No importan los spoilers que ya he dado, Noé siempre es garantía.  


-O

sábado, 12 de noviembre de 2022

¿La ontología está acabada?

 Las apasionantes pláticas que tengo en los pasillos de la facultad de filosofía y letras de la UNAM me llevaron a plantearme la siguiente cuestión: ¿la ontología está terminada? a aquel que no entienda este planteamiento, permítame le explico de qué se trata todo esto. Más adelante conectaré con una reflexión que un camarada de la facultad me sugirió, para poner en entredicho más cosas. Sin mucho más que añadir, comencemos: 

La ontología es una rama de la filosofía que se pregunta por las reglas bajo las cuales la realidad opera. Tal como en un partido de fútbol, no es posible tocar el balón con las manos si no se trata del portero dentro de un área determinada, pues es un sistema de juego cerrado, en la realidad no podemos volar, porque se parece en el fondo a un sistema de juego cerrado. La adjudicación de las reglas en el primer caso se deriva de un evidente influjo humano, pero en el segundo caso, ¿quién dio las reglas a este sistema de juego cerrado? es una de las preguntas sin respuesta que la ontología trata. La ontología se pregunta también por los elementos constitutivos de "lo que es real". Por ejemplo, de un árbol. ¿Qué hace un árbol a un árbol? Un tronco, una firmeza, unas ramas, unas hojas. Sí, evidentemente, pero, ¿qué pasa cuando dibujamos un árbol? ¿por qué a ambos elementos de la realidad, constituidos por elementos tan distintos, se les puede nombrar bajo el mismo concepto? ese es un problema relativo a la ontología. La ontología razona, como podemos ver, a través de lo que el concepto significa con respecto a la realidad. Por supuesto, el concepto realidad se puede tomar a su vez como concepto, y se puede reflexionar acerca de lo que hace a la realidad, realidad. 

Estos problemas ontológicos nos interesan porque, filosófica (y humanamente) hablando, nos dan claridad y precisión en nuestros conceptos. En el ámbito práctico para un no filósofo, reflexionar acerca de la realidad le brinda claridad en el lenguaje y pensamiento. Para el filósofo, reflexionar en estos temas es un punto de partida para la complejización y la encomienda de encontrar respuestas (y preguntas). 


Desde mi postura, hoy día, como estudiante de filosofía, me parecía tentadora la postura de que la ontología estaba terminada, o que, por lo menos, la resolución absoluta de esta disciplina podía estar más cerca de lo que pudiéramos pensar. Para mí, el conocer las cosas se me figuraba como ir a las cosas mismas. A pesar de todos los problemas epistemológicos que ello involucrara, es decir, problemas con respecto a cómo conocemos (por la falibilidad de nuestros sentidos o instrumentos), me era posible la idea de que se llegara a desentrañar la materia. Para mí era claro que había una realidad extensa y tangible, fuera de elementos mentales (como la extensión substancial de Spinoza). También parecía claro que el acercamiento a esa realidad, si se le quería describir con precisión, era por medio del estudio científico. Esto, porque a pesar de que no responde preguntas como: ¿hay predeterminación en los elementos? ¿existe la causa eficiente?, nos podría dar muy buena información acerca de qué se compone la sustancia. 

Eso fue lo que plantee a este buen camarada de filosofía. Me contestó dos cosas muy pertinentes: una, la ontología pretendía ser teórica con respecto a la realidad. Ante ello, sigo teniendo conflictos, pues ¿qué tipo de investigación hacemos cuando hacemos ontología? ¿si partimos de la realidad, pero luego teorizamos de ella, por qué no sería legítimo solo partir de ella, de la realidad? ¿ganamos algo teorizando de los objetos para comprender la realidad de los objetos? por eso el estudio científico me hacía tanto sentido... y ahora es mi punto de partida para futuras investigaciones. Este tema quedó irresuelto, pero, aquello que llamó mi atención fue que me recomendó un cuentito de Isaac Asimov llamado "La última pregunta". Ahí, en el hermoso pero decadente futuro distópico que siempre plantea el autor, pregunta a una máquina superdotada de toda la información existente, bajo varios contextos, si la entropía es reversible. Es decir, si el influjo del ser humano en la tierra es reversible. La máquina en los distintos contextos responde que existe falta de información, de modo que no llega a dar respuestas concluyentes. En la recta final del fugaz relato, dos tripulantes inmortales que pronto se consumirán por la falta de energía en el espacio, le preguntan a la supercomputadora si la entropía es reversible, por una última vez... El universo colapsa, los tripulantes son engullidos por la nada, pero... la máquina coteja por fin los datos: ¡hay una respuesta! Pero, no hay nadie a quien brindarla... La máquina entonces, para que el hecho de contestar la pregunta tenga sentido, revierte ella misma la entropía, y entonces en todo el cosmos resuenan las palabras: hágase la luz... 

Lamento haber spoileado a quien quiera que haya querido leer "la última pregunta", pero creo que el cuento encaja a la perfección con las pretensiones de mi pregunta: si la ontología está acabada, en cierto modo la filosofía también, y eso es peligrosamente fascinante. Si ya no hay preguntas a causa de mi pregunta, entonces mi pregunta es peligrosa. Cerrar una rama de la filosofía es una pretensión brutal, me di cuenta. Encontrar respuestas siempre será teórico, aunque el cientificismo atraviese ese umbral, me di cuenta también. 

Cierro aquí mi aportación filosófica, creo que inevitablemente la mística y la leyenda nos pueden brindar respuestas claras al respecto de los problemas más complejos de la existencia humana. Hasta la próxima entrada. 

-O 


viernes, 11 de noviembre de 2022

¿Qué esperar aquí?

 Nunca he creído en la creación de ningún manifiesto. Digo esto porque comenzar con la cuestión: ¿qué esperar aquí? resuena un poco a palabras labradas en piedra. Pero el objetivo no es ese. El objetivo es, naturalmente, introducir al lector a este espacio cibernético. Aquí se podrá echar un vistazo al fugaz tránsito de mis pensamientos y sobre los ejes en los cuales se expande. 

A mi me interesa todo aquello que sea abstracto. No por nada elegí estudiar la carrera de filosofía. Pero, a pesar de lo que mi natural tendencia hacia esa bellísima y central rama del saber me haga creer al respecto, el mundo no es solo filosofía, y hay un más allá bastante curioso e interesante de lo cual me puedo figurar, casi siempre, algún comentario. ¿Y por qué ese comentario tiene valor alguno? Diría, más bien, que en qué medida tendría valor. Es evidente que todo comentario tiene cierto valor, no obstante, la diferencia radica en quien lo emite. Aquí emito yo, un estudiante de filosofía, pero antes que nada, un individuo con cierta perspicacia para la escritura y la lectura. Algunas palabras que creo podrían serle de interés a alguien. Creo firmemente que la coherencia brinda legitimidad. Creo que la honestidad y buenas intenciones brindan legitimidad. Creo ser participante de las tres cualidades anteriores. 

Con ello no pretendo indicar que estaré en lo correcto, ni mucho menos. Pero alabamos poemas épicos antiguos, y hasta donde he percibido, las leyendas penetran más en nuestro entendimiento que las fórmulas puras y duras de la matemática. Aquí no daré ni una ni otra, ni leyendas (puramente hablando), ni fórmulas (puramente hablando). 

Aquí se pretende que el lector alcance a ver desde otro panorama. Ese es uno de los objetivos centrales en la escritura, al menos como punto de partida. 

Añadiendo poco más a lo ya escrito, simplemente recordaré la primera sentencia de este pequeño escrito, entonces, permítame, lector, extender la liga al respecto. Es probable que algún día quiebre mis propias reglas. Solamente espero que no en vano. 

Sin mucho más que añadir, espero que tenga un buen momento leyéndome. Y si no es mucha molestia, ahí le encargo que me deje un comentario en la publicación. De amor u de odio. Muchas gracias.