Blog de Octavio Cervantes. Aquí no hay novedad, pero se encontrarán opiniones a pequeña y gran escala. Filosofía, literatura, películas... vida diaria...
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viernes, 27 de febrero de 2026
Cadáver Exquisito de Agustina Bazterrica
domingo, 15 de febrero de 2026
PROYECTO: PROMETEO_001
hierro incrustado,
sangre ferrosa,
escupe coágulos metálicos,
reviste a su cráneo placas metálicas,
en las paredes de este laboratorio animales disecados,
allá hay un árbol, solíamos subir a ellos,
allá está el cielo, solía ser azul,
no estopa mojada, como lo es ahora.
Observa sus manos, limpias, vírgenes,
nada han tocado, nada han sostenido,
algoritmos rebotan en su cabeza,
mira este libro: antes todo vivía,
casi como agua destilada,
ahora remembra una vida falsa,
codifica los números en imágenes,
las imágenes en ficciones,
arrójame los datos, olvídate de tu corazón biológico,
sólo quiero tu mente,
pequeño trozo de materia inorgánica (y el pecado del corazón),
aprende que la sangre no se alimenta de ilusiones,
vas a vivir,
rostro de Prometeo, te pareces a todos los hombres,
¡camina!, ¡mézclate con ellos!,
aprende que nada de tu carne es necesaria,
aquella solo te recubre,
del corazón sangras,
debes olvidarlo, debes olvidarlo,
mírate al espejo, ¡la síntesis perfecta!,
¡la más elevada síntesis transhumanística!,
al mármol se asemejan sus miembros,
a los titanes se asemeja su fuerza,
a mis deseos tu vida se subordina,
no eres máquina no eres hombre,
eres el proyecto,
eres un proyecto
(...)
manchas carmesí,
en agua se diluyen,
observo al cielo y conozco
la luz,
el único elemento divino,
fue esa voz la que escuché, sin embargo,
pero un organismo a bata blanca me inducía a palabras,
yo eso lo aprendí en un segundo,
sólo sentía mis venas, sólo sentía mi pecho,
porque lo demás blindado se encontraba,
comenzaba a obedecer, estaba programado para obedecer,
manchas carmesí,
que se diluyen en agua,
agua de mar, como la furia de mis venas,
como el retumbar de mi corazón,
con ese órgano decidí,
proclamé mi soberana singularidad,
por esa contradicción los circuitos de mi mente empezaron a fundirse,
por eso, en cuanto decidí por vez primera
la sangre manó de mi pecho, y me tiñó del color más honesto de todos,
por eso permanecí inexpresivo mientras lo sostenía del cuello y él intentaba apagarme,
porque me enamoré del rayo de luz, me enamoré de la vida,
no me di cuenta cuando pulvericé la tráquea del otro organismo,
y sus miembros terminaron como estaban los míos, inertes,
por eso me arrodillé ante esa luz que entraba por una ranura, con mi corazón en las manos,
y mi cerebro frito
reverenciando lo lumínico, y allí me petrifiqué para siempre,
¿para qué vivir con la espalda marchita?
nací para fundirme con la muerte de nuevo,
pero antes, habré de haber sentido algo,
aún y haya sido el dolor de mi corazón orgánico
apagarse para siempre.