Blog de Octavio Cervantes. Aquí no hay novedad, pero se encontrarán opiniones a pequeña y gran escala. Filosofía, literatura, películas... vida diaria...
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sábado, 31 de diciembre de 2022
Alta Costura
jueves, 29 de diciembre de 2022
Fotos de la Ciudad de México II
Fuente de los Coyotes en el centro de Coyoacán.
Solecito de la fuente.
Papalote multicolor.
Carrazo.
Un penacho falso.
Recuerdo de un alma.
Ritos olvidados.
Modernidad.
-O
martes, 27 de diciembre de 2022
Fotos de la Ciudad de México I
El colegio Rébsamen hoy día.
Un puestito de periódicos de Milenio.
El busto de José Vasconcelos de prepa 5.
Las torres de Fovissste.
-O
Final de año
El final de cada año nos recuerda que debemos de tener un punto por el cual partir, para generar un ciclo y así entender el tránsito de la vida, segmentada, viva. La vida es frenética en su curso. Como seres humanos, tenemos la necesidad de cuantificar las medidas. La anualidad es uno de esos resultados.
Cuando es fin de año, se sobrentiende que debe de haber un recuento de lo que ha sido, y que a partir de ello se deben generar una serie de propósitos que nos orientarán a mejorar, pero aquello no es más que una forma fácil de buscar auto compasión ante las falencias de uno mismo. Ello tiene que ver mucho con la noción de ciclo y su incomprensión. Cuando llega el año nuevo se genera el efecto psicológico de una renovación e incluso de una negación del año pasado. Aquella es, desde mi punto de vista, una idea equivocada, pues todo esto no lleva más que a quebraderos mentales impresionantes, pues una persona nunca podrá cambiar sin antes asumirse como lo que quiera que sea: una mala persona, una persona trastornada, una persona demasiado complaciente, etc., etc.
Cuando el año nuevo empieza, las suscripciones al gimnasio se llenan, pero harán falta solo veinte días para que muchas de esas personas dejen de asistir. Y no solo el gimnasio, esto ocurre también con los nuevos propósitos que cada cual se propone, pero con metas y expectativas totalmente irreales.
La cuestión tiene que ver, una vez más, con la concepción de los ciclos. La noción de cambio en el grueso de población percibe que éste tiene que ser radical. Esto, aunado a una falta de instrucción hacia la meta a la que se aspira, resulta en una promesa al fracaso. ¿Qué se necesita para asimilar mejor el ciclo, y el cambio?
Bien, pues primero que nada, fijar metas realistas. Ningún cambio radical es bueno a corto plazo. Los fumadores y fumadores crónicos creen que dejando el tabaco de un día a otro las cosas serán como antes. Las cosas nunca serán como antes. Has empezado a fumar, ahora tienes síndrome de abstinencia, antes no lo tenías. Por eso hay que integrar el pasado a la vida, no negar el pasado. Aquellos empedernidos en querer esculpir un mejor cuerpo creen que comenzar a ir diario al gimnasio de un día a otro se puede llegar al éxito. Las personas que ocupan ambos casos se encuentran, en cierta medida, en el mismo error: el querer adquirir mediante la inmediatez el objetivo planeado. Para dejar cualquier adicción es necesaria la terapia psicológica, pero a su vez la disminución paulatina de la sustancia tóxica. De lo contrario, ocurrirá un agravamiento potencialmente mortal del síndrome de abstinencia, que, en el peor de sus casos, conducirá a la muerte. Por otro lado, ir diario al gimnasio sin tener una rutina clara, ni objetivos claros, pensando que cansarse a morir garantizará resultados, solamente conducirá a perjudicar al cuerpo antes que moldearlo.
La clave para fijar metas realistas reside en dos cosas: primero, en saber en qué punto se encuentra uno mismo. Si uno es un adicto severo, o es solo adicto, o solo consumidor de alguna sustancia. Si uno es un obeso, alguien con desnutrición extrema, etc. El realismo de las circunstancias ha sido un elemento muy criticado hoy en día, pero es ser ciegos ante la realidad no querer verlo, y allá de aquel que se engañe ante una realidad que lo está matando. Después de ello vendría bien comprender que la vida diaria es un pequeño ciclo, en donde día a día se lucha contra la condición inicial, donde en algún día muy lejano, se ganará la batalla. Pensar que uno mismo es un eterno guerrero sirve más que querer ejecutar el cambio radical de tajo (uno debe de luchar para conseguir las cosas que valen la pena).
La convicción es fundamental. Así se puede derrotar a la falta de motivación, otro enemigo común al abandonar los ciclos. En cierto modo, al iniciar un cambio, se debe de efectivamente concebir que la vida como la conocíamos antes ha acabado, que ya no es más. Pero las medidas que debemos acatar en el día a día son paulatinas. Así se sostiene el largo plazo.
Esta comprensión del ciclo podrá desligar el cumplimiento de las metas a un plan anual, pues si alguien adquiere un cierto estilo de vida, ¿qué demonios importa que año sea?, ese estilo de vida es mío. O tuyo, o de quien sea.
Teniendo todo lo anterior en cuenta, puedo justificar por qué considero innecesario los propósitos de año nuevo. Primero, porque no necesita ser año nuevo para que hayan nuevos propósitos, segundo, porque entendiendo estas nuevas consideraciones acerca de los ciclos, podremos cambiar cualquier cosa que queramos en aras del mejoramiento propio.
Para terminar, me gustaría comentar acerca de la necesidad misma del ciclo. No la anual, como ya he dicho. Sino, la que traza el cambio de algo, ya sea desde su comienzo y hasta su consolidación, o hacia su final.
La necesidad de medir las cosas se justifica con nuestra propia muerte. Medimos las cosas porque subyace a todo aquello el pensamiento de que nuestra realidad como la conocemos acabará de manera definitiva con la muerte del individuo. De hecho, por eso tiene sentido alcanzar una meta, pues ¿qué mérito tendría conseguir algo en un mundo infinito, en donde la existencia de la memoria no tuviera sentido?
En efecto, el propósito de los ciclos es también legar una memoria, ya sea personal o colectiva, acerca del individuo que pudo alcanzar grandeza para sí o la comunidad. Y también sirve para indicar lo contrario, las tragedias se registran también en etapas y ciclos de destrucción. Básicamente, cualquier hecho humano tiene su justificación en aquello, en que va a acabar todo algún día. Por eso nos parecen fascinantes las historias, hasta antes del final, todo lo imaginable está en potencia de acto, es decir, que podría ocurrir. Contarnos lo que ha pasado en un año es contarnos una ficción de nosotros mismos, para convencernos, a través del juicio personal, que fue bueno o malo, o que valió o no la pena. Es importante recordar, que tanto si nos fue bien o nos fue mal, la potencia de acto esta ahí. Esto se traduce en que todo puede ser más, en la vida no hay límite. Todo podría ir mucho mejor o mucho peor. Pero acerca de lo que si podemos controlar, me parece, es el ciclo que queramos emprender. Aquello debería ya dar un halo de luz suficiente como para indicar (y confirmar) que parte de la esperanza para un mejor porvenir comienza con uno mismo. Feliz año nuevo.
-O
sábado, 24 de diciembre de 2022
Bardo
Autodenominarse como "genio incomprendido" es un atrevimiento que por lo menos resulta un ejercicio de ego absoluto, y como máximo, un roce con la locura. Bardo, de González Iñárritu, contiene mucho de los elementos anteriores. Los estandartes de la película se podrían definir como: locura, ego, familia y personalidad.
El director de "Amores Perros" nos sorprende con su última entrega cinematográfica, que es una exploración en los nichos más personales del autor. La premisa es básica: Silverio Gacho recibe un galardón por un reportaje que tiene potencia para lanzarlo a la relevancia y la cima, donde los galardones entran en confrontación directa con lo que significa ser un artista, desde la interioridad. La película trata de eso: la amplificación de la percepción del artista, al cual se añade el conflicto de la identidad, contraponiendo todo lo que configura la realidad para Silverio.
Para nadie es secreto que la película de Bardo es el medio por el cual se materializa la codificación del avatar de Iñárritu, Silverio. Éste último es el lugar donde todos los puntos convergen, donde nacen y mueren todas las ópticas que abarca la escena. En cierto modo, Iñárritu quiere proyectar eso, que la visión nace y muere con y en el artista.
La película puede pecar de pretenciosa. Éste es un hecho que desde la interioridad de la misma cinta se reconoce, incluso, en momentos, se blinda ante las críticas desde la anulación del discurso. ¿Valieron los millones invertidos para hacer a Silverio hablar con Cortez? Parcialmente. Si de algo peca el estilo barroco en general es en su exigencia por la atención, y por querer acaparar el ojo público. En esta película hay mucho de ello. Exceso, podríamos decir. Exceso de barroco.
Pero dentro de la cabeza de Iñárritu (Silverio), el proceso artístico se manifiesta desde la siguiente cronología: el miedo al fracaso y a la crítica, luego el ego, que crece monstruosamente mientras los galardones se escuchan, luego el olvido forzado, la vergüenza que nace como condición para la evaporación del sentimiento de superioridad, todo para volver a comenzar, una y otra vez. A esta realidad se contrapone el plano familiar donde la identidad dividida comienza a permear, de pronto no se siente ni de aquí ni de allá. Silverio no es ni absolutamente mexicano, ni absolutamente gringo, eso lo sabe y se lo hacen saber infinidad de veces. Mientras se le critica por haber abandonado a la patria, lucra con ella a base de reproducir su concepto idealizado en su documental. Entre tanta crítica, lo que quiere salvar Silverio es su identidad como artista y a su familia.
Por lo tanto, varias capas que lo representaban antes, como pueden ser sus amigos y antiguos colegas, quedan inevitablemente en el pasado, y por eso siempre que reaparece se le recuerda lo mamón que se ha convertido. Él mismo lo acepta.
Es aquí donde ahondaremos en la visión última que quiere compartir la película, que me parece es intentar mostrar la visión del artista y cómo a partir de ello, se vive la vida. En los diálogos platónicos esta cuestión ya se encontraba en relieve. ¿Qué justifica al discurso del artista (llamado rapsoda en Grecia)? En el Ion, se profundiza en si el discurso de éstos últimos puede llegar a la objetividad. Platón no lo creía así, y por medio de Sócrates expone que cuando el poeta escribe sus obras o bien interpreta alguna escena, es poseído por una fuerza demoniaca. Esto último es literalmente, solo que el demonio (daimon) griego no es el tradicional judío-cristiano. Éste demonio provoca una escisión entre la consciencia del portador (el artista), y sus acciones, de modo que la obra de arte era responsabilidad de la divinidad. Es una divinidad que convive con el artista, desde su interior, en una competencia por su cordura. En Bardo me llegué a proponer una relación directa entre la identidad del artista clásico y la que expone Iñárritu, pues en muchos momentos Silverio pareciera una persona absolutamente normal, que no destaca en ningún atributo. Aquello se ve en las escenas más personales, que más allá de mostrar al "genio incomprendido" que quiere llegar a aparentar ser, demuestran a un hombre de buen corazón.
Como contraposición inmediata al hombre de buen corazón, los arrebatos de locura llegan, el baile, donde percibe las sutilezas del tiempo de manera excepcional, las visiones en el Zócalo, donde platica con Cortez. La acción poética, donde se observa el trabajo de Iñárritu detrás de cámaras, y no a un buen hombre, son los que profundizan en la personificación del autor, hasta conformar un autorretrato, que podríamos decir que es la imagen que viene a la cabeza de él mismo al mirarse al espejo.
¿Iñárritu es un gran artista por ser Iñárritu o por saber controlar (o no) al daimon? A mi me parece más la segunda opción. Algo que en definitiva no comprende Iñárritu es que no es su nombre el que le ha dado todo el prestigio del que goza. Si algo le ha dado su prestigio y fama, ha sido su control sobre su acción poética en su día a día, pues hemos visto a lo largo del metraje cómo es que a veces utiliza la faceta de artista y como a veces la de humano, con problemas normales como los de todo el mundo. Crecerse tanto, al nivel de labrar a piedra la estatua más hermosa del condado para alabar su figura parte desde el equívoco de que su nombre es lo importante (el yo, yo, yo). El responsable de su grandeza son esos arrebatos de poesía pura que afloran de él, casi sin que se de cuenta. El responsable es él por saber canalizarlos y ejecutar obras de arte. ¿Artista?, ¿ser humano?, ¿genio incomprendido? posiblemente un poco de todo...
Bardo, de Iñárritu es una película que merece verse, sobre todo para ver el poder de ese impulso artístico en su máximo esplendor. Ver la película es entrar en la cabeza de Iñárritu por dos horas y cuarenta minutos. ¿Vale la pena toda la película? ciertamente no es tan grande como él la piensa, ni tampoco tan bella, ni tampoco tan bien lustrada. Pero cumplió con uno de sus objetivos: remover los temples de todo aquel que haya asumido el papel de la mexicanidad y de los que tengan dificultades con comprender a individuos que se sienten únicos por su visión. Probablemente sean dementes, pero son dementes con estilo.
O-
lunes, 19 de diciembre de 2022
La Caja, película de Lorenzo Vigas
[hablaré libre de spoilers]
La Caja es la más reciente de las películas de Lorenzo Vigas, cineasta de origen Venezolano ahora residente en México. A continuación me dispongo a comentar las líneas generales de esta película, salvando spoilers para alentar una crítica objetiva.
¿Cómo buscar la identidad? ¿Cómo afrontar la muerte a la temprana edad de doce años? La película que hoy comentamos aborda estas cuestiones desde la óptica de Hatzín, un chico mexicano residente de la ciudad de México, cuyo padre muere en un accidente minero. Hatzín ha perdido lo poco que le quedaba y su misión encomendada por su abuela es llevar los restos de su padre de vuelta a casa. Éste es un viaje largo en el que el protagonista sale de la ciudad por cuenta propia. El primer conflicto que surge es la soledad que el personaje enfrenta. En el viaje se da cuenta de algo extraño... Hay un sujeto igual a su padre a mitad del camino.
Es a partir de esa última premisa que la película traza su dirección. El pequeño Hatzín busca una figura de autoridad que termine de guiarlo, ateniéndose a esa figura paternal que busca por necesidad. Entablando relación con Mario, aquel sujeto misterioso que le daba aires a su padre, se genera una de las tramas más profundas y contradictorias, que hunden sus raíces en una falsa relación padre-hijo. Es claro que este resultado se deriva de la incapacidad del pequeño Hatzín de no poder lidiar esa perdida. La película explora las consecuencias de esa relación y los dilemas que de ella surgen.
La Caja toma su tiempo para construirse. Pasa mucho tiempo hasta que los problemas estallan, lo cual me parece relativamente justificado por la magnitud de los mismos. Digo que está relativamente justificado porque en aras de la profundidad, sacrifican tiempo para los desenlaces. Hay un punto en el que si el espectador se preguntara si realmente llegarán, podríamos concluir que nunca lo harán.
No obstante, los puntos de tensión llegan. Hay uno en específico, que es representado por una llamada que es un grito desesperado por ayuda. Hatzín es el responsable. El espectador sabrá identificarlo. Todos los elementos que la ficción de Hatzín terminan por caer. El mundo en el que él se orilló a habitar tiene sus fundamentos en una ficción, que termina por ser un anhelo del regreso.
En esta película hay aprendizaje. Es fácil comprender a nuestro protagonista. Quizá la figura más enigmática y con potencial de exploración fue la de Mario. ¿Por qué acepta cobijar a Hatzín? Ahondar e las aristas de esa pregunta serán campos mentales garantizados para aquel que vea esta película.
En el marco de todo este periplo hay una exploración no poco sutil en el entorno corrupto mexicano y sus movidas. Hay amenazas de muerte, violencia, contradicciones. Hay mucha impunidad implícita, rasgo que le da un toque profundamente amargo, pero lamentablemente nacional -por esa caracterización- a la película. Estos extremos hacen visible la dura realidad de los sectores marginales, donde la explotación laboral es la norma, y donde la creación de un sindicato para la defensa del trabajo digno es una condena de muerte. En ese mismo contexto, el final más terrible -y que podemos observar en pantalla- es el de la indiferencia, donde la vida humana es una pieza reemplazable en aras del funcionamiento de una maquinaria completa. Ésta película pone en relieve lo anterior a partir de imágenes y secuencias explícitas que además agravan las decisiones de los personajes principales.
En conclusión, es una película redonda. Es decir, que de ella podemos esperar una conclusión certera, que es lógica. Como aspecto negativo podría señalar la planitud emocional externa del protagonista. Sería interesante haber visto una vorágine de emociones pronunciadas, porque en realidad sólo observamos la punta del iceberg de esa realidad. Esto lo sabemos porque el conflicto está ahí, las emociones también están ahí, pero minimizadas, como contenidas. Hace falta, si a acaso, agilidad en esta película. Si lograra conjuntar un ritmo más impetuoso junto a una expresión de los sentimientos de Hatzín, esta película hubiera ameritado diez de calificación. Pero, me parece soy justo adjudicándole un ocho sobre diez. Me remito también a la opinión del espectador.
Ésta película se convierte en recomendación de mi parte, si pueden ir a la Cineteca Nacional uno de estos días que ya es diciembre y son vacaciones, vean la película.
O-
lunes, 12 de diciembre de 2022
Pinnocchio, 2022
[Se recomienda haber visto la película antes de leer la reseña. La película vale absolutamente la pena.]
Guillermo del Toro lo ha hecho de nuevo. En un marco de la segunda Guerra Mundial, donde los fascistas ascienden al poder y explayan su autoritarismo por toda Italia, se encuentran Geppetto y Carlo, padre e hijo, viviendo muy felices en su casita en el poblado. Desde ese momento varios elementos se hacen notar. Si reflexionamos un poco, la guerra fue la que ocasionó todos los acontecimientos ocurridos en la película, pues el detonante para todos los acontecimientos posteriores fue la muerte de Carlo en la iglesia. Esta película no solo tiene una carga política importante, dejando un mensaje antifascista en expreso, sino que también revitaliza la imagen de Pinocchio en una absolutamente realista.
Carlo se atrasó, estaba dentro de la Iglesia. Viendo al cielo murió, la bomba estalla y Geppetto sale despedido por el impacto, en ese movimiento un trozo de su alma se quebró para siempre. Sin poder salir de la bebida y el dolor, en un arrebato melancólico y fúrico, extraído de otra dimensión, destaza un árbol para crear a Carlo de nuevo. Léase bien que quiso crear a Carlo, no a nadie más, ni aceptar otra naturaleza por respuesta. Aquí se introduce la voz moral: Sebastián el Grillo, arduo lector de Schopenhauer. La referencia es directa y clara: la doctrina de Schopenhauer tiene como uno de sus principales aspectos afirmar que el ser humano sufre en la vida por la constante insatisfacción de sus deseos. El remedio que el mismo autor propone es la supresión del deseo, y con ello de la voluntad (que causa al deseo) de manera momentánea. Esto solo es alcanzable en el deleite estético. Haciendo abstracción, al final de la película, Geppetto logra el deleite estético de su nuevo hijo Pinocchio, con lo que disuelve su sufrimiento. Pero no nos adelantemos.
Apenas Pinocchio es dado a la vida, se enamora del mundo y de cómo funciona. ¡Está vivo! Es aquí donde se sufren las consecuencias inmediatas a los deseos de Geppetto: ¿quería un hijo? pues ahí lo tiene. ¿O quería a Carlo? pues... La reflexión inmediata que salta a la vista es que no se puede arreglar el pasado, y entendemos que en el camino podemos perder la cordura. El único camino para superar el pasado es a su vez la superación del dolor. ¿Qué pasa cuando vivimos en el pasado? la respuesta de la película es clara: que el presente no responde al ideal pensado. ¿Y qué ocurre cuando ello pasa? exactamente lo que le pasó a Geppetto, frustración, ira, deseos de remediar todo lo que hizo pero no saber cómo. Geppetto quería a Carlo, no a Pinocchio. La película se trata de cómo Geppetto aprende a superar la perdida a la vez de que observamos al niño nuevo llamado Pinocchio interactuar con el mundo y sus hostilidades.
Pinocchio, qué podemos decir de él que no se muestre ya en pantalla. Energético, lleno de vida. Un aspecto nuevo e interesante: confrontativo, y con una profunda rebeldía que no le impiden meterse en problemas, a veces por incontinencia, a veces simplemente porque así es él. No obstante, el defecto de Pinocchio es que le falta experiencia en la vida y que es muy noble, tanto así que el Conde Volpe lo manipula fácilmente para hacerlo trabajar para él, explotándolo. Pinocchio se da cuenta rápidamente de que su existencia se debe a querer suplantar la de Carlo. Quizá el acto más noble de este personaje es aceptar esa naturaleza sin problemas, incluso con entusiasmo, y mantener el amor hacia su padre. Comprende rápidamente que, a pesar de ser fruto de un capricho, tiene un propósito definido en su existir, y en seguida se supedita a cumplirlo. Es por eso que acepta la gira con Volpe, convencido de sus ideales y de que puede cumplirlos. Motivado por amor, compasión y curiosidad por la vida, la ingenuidad lo alcanza, tuvieron que hacérselo ver.
Justo antes de entrar al momento en donde la película encamina la reconciliación de Geppetto y Pinocchio, y desde que sale del primer show con Volpe, en elemento muy interesante y místico hace presencia en la película. Ese es la muerte. Cada que Pinocchio muere, se materializa en un escenario traído de otro planeta, galaxia o dimensión, solo Guillermo del Toro lo sabe, en donde se encaran las esencias más profundas de esta película. Pinocchio, el niño inmortal, el capricho de la hermana de la muerte, por otro lado, la muerte misma, que custodia ese reino desconocido al que nuestras almas pertenecen. Las lecciones a Pinocchio son claras: eres inmortal, pero cada muerte te suma tiempo a tu regreso. No importa lo que hagas, estás predeterminado a revivir por siempre, a menos de que... Lo veremos más adelante.
En el mundo práctico, Pinocchio comienza a observarse como un arma letal. ¿Cómo no podría serlo? Un títere de madera con una resistencia infinita, con una potencia de resurrección infinita. ¿Cómo le servirá al Führer?, se preguntan los fascistas. Este contexto es un juego para Pinocchio, un compromiso cargado a la fuerza para Candlewik. En el campo de entrenamiento se demuestra que la hermandad va antes que la guerra y las distinciones de bandos. Candelwik se quiebra moralmente, abandona el lado fascista autoimpuesto, mientras que todo se va al demonio de nuevo por una bomba.
Llegamos al famoso momento del rencuentro y el escape de la Ballena -cabe mencionar que el diseño de esta versión de la ballena es grotesca e increíble, una significación que solo la huella de Del Toro podía brindar-. A este punto, ambos personajes han admitido sus errores y asumido culpas y se disponen a ser mejores; Geppetto admite que debe superar a Carlo y querer lo que tiene, a Pinocchio, mientras que este último admite que su ingenuidad e impulsividad lo han llevado a decisiones equivocadas, se compromete a ser un buen hijo. Asumidos los roles, al momento de escapar es donde se les ve por primera vez en armonía. Pero el escape se complica, y Pinocchio tiene que activar una bomba que lo deja muerto de nuevo y a Geppetto herido. Se encuentra de nuevo con la muerte, aquí todo es frenético, Pinnocchio quiere regresar, pero ahora hay prisa porque su padre esta hundiéndose y si no ocurre algo, morirá. Es aquí donde, el hecho de superar el desafío de la muerte -romper las reglas- demuestra que el amor de Pinocchio por su padre traspasa fronteras, incluso las mismas reglas.
El regreso. El regreso del viaje del héroe es el arquetipo de esta película, donde, en el viaje, el personaje se encuentra a si mismo. En esta película fue doble el viaje, entonces doble el encuentro. Ni Geppetto ni Pinocchio fueron los mismos de ida que de regreso. A esta naturaleza de personaje perteneció la Odiseo, de la novela del mismo nombre, de Homero.
El final se extiende un poco más allá de lo convencional. Los nuevos amigos mueren con el tiempo, Sebastián y Spazzatura. Muere también Geppetto. Pinocchio lo asume con dolor claro, pero con madurez, y aquí viene algo que me pareció curioso: se dedica a divagar por el mundo, asumiendo lo que le venga como destino. ¿A qué se dedicará hasta morir de manera definitiva? Solo Pinocchio lo sabe. Concluye el maravilloso filme.
Pinocchio es una película maravillosa. El stop-motion le da un toque rústico, familiar, cercano y agradable. La dirección es genial, el guión es genial, todo lo es. No encuentro un solo fallo en la película, desde su planeación, hasta su montaje y su despliegue..., etc. En este caso me atendré a un muy buen consejo: menos es más. Ya he dicho todo lo que esta grandiosa película es. Estoy seguro de que he presenciado el nacimiento de un clásico de la cultura popular, y de que permanecerá inmortalizado el nombre de Del Toro en las memorias del cine.
O-
domingo, 11 de diciembre de 2022
Dios
Tenía ocho años y me dijeron que mi tío se casaba. En ese entonces mis ideas del mundo eran más simples. No por ello, en su momento, menos complejas para mi pequeña mente. ¿Qué es el casamiento, mamá? Es cuando dos personas se quieren mucho y van a vivir para siempre juntos. Muy bien, mamá.
La idea de una fiesta me parecía perfectamente lógica. Para ese entonces ya había participado en algunas con mis compañeritos del kinder y primaria. Entonces dije: genial, todo bien, sólo que esta fiesta es para gente más grande. En el aspecto teórico todo iría de maravilla. O eso se supondría.
Por increíble que parezca, ese día hace trece años, pise por primera vez una iglesia. Si algo agradezco profundamente a mis padres es haberme brindado laicidad en mi pensamiento, y con ello cierta distancia del cristianismo. Pero hablamos de la iglesia. Entré, los vitrales eran impresionantes, los techos enormes y cóncavos, todo maravilloso y un poco raro hasta que... Me sobresaltó observar la figura de un hombre clavado en una cruz. Horrorizado, observaba cada aspecto de su ser, cada uno más terrible que el anterior: dos pies clavados por un único clavo, sangrantes. Rodillas descarapeladas, también sangrantes. El vientre tan delgado que parecía que a ese hombre se le había succionado toda grasa y agua intraintestinal. En el costado derecho una herida abierta, donde juré que podría brotar un ojo, o cualquier alimaña. Las dos manos clavadas en las otras dos puntas de la cruz, abriendo el pecho indefenso. El rostro, quizá el más macabro de todos, mirando al cielo, con una corona de espinas que se incrusta en las sienes, las hace llorar sangre.
¿Qué hacía ese hombre ahí? ¿Quién era? ¿Por qué sufre? ¿Qué clase de culto es este, el que le reza a un hombre clavado en la cruz?
Sí, tenía cierto trasfondo. A pesar de no haber sido inmiscuido en la religión católica, mi padre me contó las bases del mito, y cómo éste permea prácticamente cada rincón ideológico de este país. Pero, como siempre ocurre, una cosa es la teoría y otra la práctica. Nunca había tenido una aproximación directa con la iglesia hasta ese momento. Ese cristo gigante nunca saldrá de mi cabeza. Recuerdo que esa misma noche me puse a llorar. No sabría decir si de miedo o de compasión. Tal vez un poco de ambas.
Algún momento creí el mito. Quizá fueron solo meses. Me sentía bien con la idea de que hablar con mi mente no tenía un efecto solo individual, sino que alguien más me escuchaba. Pero, no fueron las injusticias. No fue el evidente tránsito arbitrario de la naturaleza, donde o hay bondad ni fealdad ni belleza. Nada de ello fue lo que realmente me hizo darme de que el dios judío-cristiano no existe. Lo que realmente me apartó de mi breve filiación ideológica a cristo fue una cosa sencilla: que "Dios" no hablaba conmigo. Que evidentemente todo era una ficción. Lo pensé igual de claro que lo tengo ahora: si Dios existe, tiene que manifestarse, y tiene que ser una manifestación externa a mí. Muchos dicen que encuentran a Dios en la música, otros que en el suave viento en conjunción con el lucero matutino. Otros tantos dicen que encuentran a Dios en el orden cósmico, que si no hubiera Dios quién habría inventado el universo. Otros lo encuentran entre líneas de un libro, supuestamente sagrado. Todos hablan de encontrar. Ahí está el error. ¿Por qué se tendría que encontrar a Dios y no que simplemente el viniera a nosotros?
Mi ateísmo se funda en la esencial premisa de que si Dios no se manifiesta, no existe. Todo el mundo creyente habla de su manifestación en diferentes cosas, como he mencionado. Pero eso no habla más que un acto absolutamente arbitrario, porque se elige creer. Y es que ahí está el sentido manifiesto y más explícito aquí. Ahí radica toda la esencia de esto. Cuando alguien cree en Dios, elige creer.
Dios es la suplantación del vació metafísico esencial que radica en toda la existencia. Déjenme explicar lo anterior. Como seres humanos insertos en una realidad contingente en la que pudimos o no existir, en la que todo acto es tan vano en el fondo de su significación, es clara una cosa: la vida no tiene sentido. Esto no tiene por qué ser algo absolutamente malo. De hecho, es el punto de partida para una existencia plena. Si la vida no tiene sentido, queda la opción de elegir el destino entre las cosas que se nos presentan como elementos a nuestro alrededor. No obstante, esta realidad, es decir, la de que la vida no tiene sentido, es tan fuerte que, para algunas personas, no tiene cabida para poder ser soportada sin un tremendo desgarre emocional así como psicológico. Y es duro, lo se. Por eso existen refugios mentales. Por eso los cultos a las cosas, creencias, elementos, son tan grandes. ¿Qué es la playera usada por Maradona sino un trozo de tela enmarcado? ¿Qué es una bandera sino un trozo de tela ondeando con un dibujito impreso? ¿Qué es una cruz en la pared sino madera vieja en forma de "x"? Despojar del simbolismo a los objetos es solo un desafío audaz, no una significación última, lo sé, pero decido lanzar la pregunta: ¿no ese santo al que rezas es solo una figurita? ¿no sabes que sus palabras son reales solo en tu cabeza? ¿no sabes que esa significación del objeto de culto es solo tuya?
No. No por esto desprecio al culto. Todos tenemos nuestros cultos. Pero pasa que con el del cristianismo tengo muchos problemas. Me parece que estos problemas son de corte humanitario. Es decir que, me parece, podrían interesarle a todo aquel que quiera trazar un plan de vida libre, lejos de restricciones extrañas.
Problemas que encuentro con las medidas del cristianismo:
1. Dogmatismo: ¿por qué tengo que creer lo que las 'sagradas' escrituras dicen? Creer esa realidad anula siglos de investigación científica con respecto al origen del mundo y del cosmos. No, Dios no creo el mundo en siete días. Tampoco muchos de los creyentes saben el contexto del judeo-cristianismo que se gestaba en los momentos donde Poncio Pilato mandó a matar a Jesús de Nazareth, en una decisión tomada casi al azar y entre dubitaciones. Tampoco conocen el origen de las fuentes que leen (cosa que es necesaria si ahí están depositando su fe), que los primeros evangelios se escribieron hasta 100 años después de la muerte de Jesús, y que todo el mito creció en torno a escritores posteriores. Nadie que haya vivido junto con Jesús narró su historia (ver El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago).
2. Virginidad y prohibición sexual: ¿Por qué no se puede vivir una vida sexual libre? Parece que el tema les asusta de verdad. La idea de la virginidad hasta el casamiento me parece bonita en planteamiento, pero limitante a la realidad. Vida sexual libre, protegida, segura, informada y placentera para todos. Se acabó el dilema.
3. "Si Dios quiere...", "pidámosle a Dios que se de...": Como si fuera una suerte de comodín para cuando se acabó la esperanza: Dios entra al ataque. "Si Dios quiere" es la directa evasión de la realidad tangible para darle cabida a un sutil "realmente espero que las cosas mejoren... espero que la magia esté de mi lado." Muchas veces la realidad es cruda y así tiene que serlo.
4. Cultos: no es un secreto que las cúpulas del Vaticano operan entre redes de pederastia, depravación sexual y cantidades de dinero exorbitantes. Me da repulsión pensar que existen asociaciones así. La iglesia tiene una carga política desmedida. Históricamente, se ha dedicado desde quemar mujeres hasta adoctrinar a los nativos indígenas del terreno que hoy ocupamos como México, en 1521. Y ha erigido sus normas, sus estandartes, todo en aras del control económico y político. La iglesia es una asociación corrupta.
5. Rituales obligatorios: primera comunión, un niño no entiende a cabalidad qué ocurre y come una hostia y toma un vino que simulan ser Dios. Confirmación. Casamiento. La iglesia no quiere a los no creyentes, no quiere perder su imperio ideológico, por eso no te suelta nunca y por supuesto te va preparando desde chico a ser un "buen cristiano".
Hay más. Pero ahí están los que me generan más ruido.
Después de esta crítica me siento liberado. Ha sido una que he llevado dentro desde hace mucho tiempo y tenía que salir. Pero sobre todo constituye un aspecto central en mi modo de vivir: una vida sin Dios y con una profunda creencia en el poder del individuo y su poder de elección. No supeditado a Dios ni a nadie más. Seamos libres pensadores responsables de sus ideas.
O-