¿Acaso no recuerdas la hojarasca empolvada que enunciaste en ese hostal?
y cómo sabías que recorríamos espirales de desdicha,
dime,
¿acaso no recuerdas los gritos silenciosos en esas cuatro paredes?
y cómo lo que más nos pesaba no era el ruido
sino la paz arcaica,
la eterna separación entre tú y yo,
desciendes de la sangre de Dionisio,
en verdad poco tengo que hacer frente miles de postres,
con un banquete tengo suficiente (si sabes a lo que me refiero).
Ahora recuerdas esos tiempos,
observas tus memorias como la luz entre las rendijas,
lo hiciste hace dos años,
lo escribiste en palabras
que cada vez pierden más su sentido,
¿cuántas veces dejaste escapar tu presente por volver a Arcadia?
mira tus manos, y dime si no te gusta desvanecerte entre el tiempo,
flotar entre intenciones,
entre espejismos de plata.
Ahora ya no deseas ser extranjera,
de pronto debería de tener sentido, ¿por qué esta vez sí?,
si el círculo del tiempo ha mandado tu condena
desde que tus intenciones fueron polvo
sobre una repisa de oro.
En fuego, en mi corazón, las siguientes letras están tatuadas:
c o n f i a n z a
de donde escurre sangre azul,
una estrella en el cielo
como mi oráculo espiritual.
De ella ya no posees nada
porque entre postre y postre
el diente se pudre,
porque las acciones tienen consecuencias
porque hiciste fama
y te echaste a dormir.
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