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lunes, 19 de enero de 2026

volé

 antes la sal en mis poros corroía mi espíritu, 

no sabía de esa sustancia, yo estaba como muerto, 


una parte de mí siempre ha estado inerte, estática, acaso el hálito vital que a todos embarga me abandonó a cambio de un par de silogismos que siempre repito: consecuencia y repetición, lógica y repetición, lógica y definición, 

la sangre 

de mis venas corre al latido del viento, 

de pronto las montañas heladas me rodean, el cielo es azul turquesa, 

mi alma siente una punzada, 

mi espíritu despierta, yo escuché cómo las alas del águila rompieron el viento, y cuando me quise dar cuenta de dónde estaba ya posaba sobre mi brazo, 

sus afiladas garras apretujaron mi abrigo, 

Yo

me vi a través de sus ojos, yo era el pico que aceleraba en las caídas libres, yo también visualizaba mis presas a kilómetros de distancia, escuchaba los roedores, las hojas de los pinos, como agua fresca se ramificaba el oxígeno en mis pulmones, yo le dije al águila: tráeme un par de pescados del río, 

y voló, 

se fue tan alto que la confundí con los rayos del sol, la perdí de vista, 

entonces recordé cuando la robé de su nido, yo 

quise poseer su fuerza, destreza, su salvajismo en su estado más puro, la quise a mi servicio, 

entonces la alimenté, la cobijé, 

tanto tiempo,

que pensó que yo era la naturaleza, 

el viento se partió en dos, y el águila regresó, yo le dije: ¿por qué no te vas libre entre los árboles? ¿por qué no te vas a conocer otros lares, otra realidad? te he robado, no eres mía, tú perteneces acá, 

el águila no respondía, vi

a través de su ojo enorme y negro 

como su intuición y mi intuición se fusionaban, el águila no entendía de qué hablaba, me sobraban palabras, 

yo no entendía por qué me seguía, traté de buscar la respuesta aunque fuera grabada en código Morse en el iris de sus ojos, 

cuando los vi la pureza me embargó, sentí el vuelo, sus alas extendiéndose, luego las bajadas en picada, 

sentí la emoción del manantial purificado, sentí la intersección del sol con el horizonte, 

sentí la adrenalina de bajar en picada, 

sentí que yo era el águila, 

yo robé los poderes de la naturaleza, los más raudos y veloces, los más áridos, los más solitarios, 

los que custodian los paisajes para cazar sin piedad, 

me desplomo, sólo la furia conmigo, 

solo el vacío conmigo, 

y retorno, 

a él, 

a mí, 

a los aires, a observar los cielos, 

a observar a quienes les encajaré las garras a kilómetros de distancia, 

te observo, 

a ti, 

a mi, 

al cielo, 

y a mi sangre. 

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