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sábado, 31 de enero de 2026

después del castillo, de la vigilancia, de la preocupación y tenacidad

 Dejé caer el casco en plena calle, y con aquel acto simbólico, las culpas que me reprendían. Carlos Alfredo Flores Escobedo me ayudó a quitarme el casco. 

Miré al exterior, a las nubes las atravesaba un amarillo sepia tan recalcitrante que me espantó en verdad. Era el sol. Pero ya no ennegrecí las nubes, ni cerré las cortinas. De un salto me arrojé al vacío, la armadura encajó un golpe seco al pie del castillo, y me alejé del mismo rumbo a la nada. 

¿Lo ves CAFE? ¿Ves mi flama? 

-Nunca he dejado de verla. 

Estábamos en una pesudo cancha de fútbol abandonada y con el piso quebrado, al lado había de esas máquinas que el gobierno puso para hacer ejercicio. La avenida, el arroyo vehicular, la basura, el puente de concreto, las palabras que se veían enmicadas por el soundtrack de la tiendita contigua. Las confesiones. CAFE, no soy tan vehemente realmente. CAFE, lo que fui en la facultad fue una máscara. Ya lo sabía. CAFE, soy moralmente gris, mentalmente más caótico de lo que parezco. Ya lo sabía. ¿A dónde lo llevo? 

¿A dónde llevaré este individuo con 24 inviernos sobre sus hombros? 

-¿Quién eres, Octavio? 

Miré al cielo, estábamos sentados, todo lo contingente que las calles de Iztapalapa pueden ofrecer estaba ocurriendo, 

si me tardé en responder fue porque llamé al águila, 

por un brevísimo instante imaginé que desplegaba mis alas, que estaba acá arriba del edificio y que me arrojaba al vacío, entonces volaba, sentía los aires acariciar mis plumas, visualizaba como muchas veces en sueños, las casas, mi colonia, las personas, 

-No sé. Bueno, sí sé, eehmm... 

-Empezar con 'no sé' no es buena señal, luego te digo por qué, pero continúa. 

-Soy un wey que piensa. 

-Un filósofo. 

-¡Un filósofo! 

-¿Y qué más? 

-Soy un wey que piensa y ha tenido mucho dolor, pero que intenta ser libre. 


¿Libre como qué? ¿Como el deseo de autoafirmación que me dan los silogismos lógicos? ¿Como la seguridad que me da escalar la montaña? Como... 


La noche vibrante, 

un bosque con los pinos salvajes, 

correr dentro del reloj, 

el fuego fatuo sobre el hielo, 


imaginar que soy un águila o un lobo, 

el fantasma que se encuentra a través del hielo, 

y que tocar su rostro me conduzca a la dulce muerte, 


como las emociones puras: 

sentarme a encajar palabras a mitad de la avenida me hizo sentir liberado, entendido y pleno, 

reconocer mi caos interno me  hizo sentir auténtico y sin necesidad de rendirle cuentas a nadie, 

reconocer mi debilidad me hizo reconocer mi fortaleza, 


al pie del castillo decidí que el cielo dejaría de oscurecerse, 

decidí que el aire entraría a mis pulmones, 

miré detrás, toda esa arquitectura, toda esa torre, 

vacía, 

y el mundo allá afuera, 


tomé el casco con mis manos y lo retiré de mi cabeza, 

el aire, el momento, los granos de sal, la tierra, 

se encarnaron en mi débil piel, 

salí de la armadura, 

quiero ser un humano de nuevo, 

quiero ser libre de nuevo, 

como cuando era niño,


la flama debe ser luz,

quizá solo estoy esperando 

que el fractal correcto me encuentre

y la desarme en colores

que iluminen mi rostro. 




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