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martes, 3 de enero de 2023

La falta de claridad filosófica como obstáculo para su difusión

Pertenezco al gremio filosófico, y por lo tanto, tengo cierto panorama con respecto a su situación inserta en el mundo actual, pues vivo la filosofía desde dentro de las aulas. Si bien me encuentro en formación, no he dejado de advertir desde hace y algún tiempo que hay algunos obstáculos para la universalización de la filosofía al día de hoy. 

Esto último se asume naturalmente como una buena idea, pero la gente fuera del gremio no entiende exactamente por qué. Puedo contestar, de buenas a primeras, que la filosofía es buena fuera de las aulas para incorporar en las mentes una dosis de pensamiento que vaya más allá de lo evidente, de modo que profundice en el concepto que se esté visualizando. Si bien la filosofía no se trata propiamente de profundizar en conceptos, pues de ese modo nada se diferenciaría de una investigación sin más, sí hay algo de aquello en el ejercicio filosófico. Y es que éste se trata de amar el conocimiento -al menos etimológicamente hablando-. No obstante, esa sentencia aún puede resultar cuando menos oscura. ¿Por qué es importante aprender filosofía y qué queremos decir con filosofía? son las interrogantes que tomaremos como antecedente a la cuestión de su difusión, pues no podemos hablar de algo que no conocemos. 

La filosofía es pensar. Pero no es simplemente pensar. Gestamos pensamientos muy a menudo del mundo y nuestro alrededor. No obstante, no siempre resultan explicativos. Si bien la filosofía no pretende ser ciencia, pretende por lo menos ser exacta y explicativa hasta que se demuestre lo contrario, solo que en vez de utilizar como material primario hechos factuales de la realidad -que también puede hacerlo, sobre todo con la ontología o metafísica, o casos éticos concretos, o en la filosofía de la ciencia-, la filosofía trabaja primordialmente con ideas. Esto nos da como resultado, concretamente, una disciplina que busca encontrar claridad conceptual a través de la investigación, proposición, discusión y discernimiento de ideas. Pero como las ideas y los casos son infinitos -así como sus interpretaciones-, la filosofía es una disciplina permanentemente viva. No obstante, dado a que su movimiento es principalmente teórico, este movimiento no es percibido de manera inmediata. Para platicar de filosofía hace falta tomarse su tiempo y organizar la mente. Son algunos requisitos que son menos visuales. Las grandes obras de la ingeniería son visibles, pero los grandes sistemas filosóficos no, siempre las imaginamos (aún así, tienen sentido). 

Pero lo anterior dicho puede solo complicar las cosas ante cierta perspectiva -sobre todo, me he dado cuenta, a las personas que son menos imaginativas y más factuales, como rasgos de su personalidad y cognición-, pues, o bien necesitan palpar lo que conocen, o bien necesitan ver los resultados prácticos de inmediato. A ello se le suma un problema más (que es culpa del gremio): la poca claridad filosófica. Este hecho no se observa en toda obra. No obstante, puedo referir por lo menos dos ejemplos claros, en los cuales el gremio me puede respaldar, y son Hegel y Heidegger. Estos dos autores nos dan un quebradero de cabeza real a los estudiantes. Muchas veces me he preguntado, sobre todo con Heidegger, hasta donde es un vicio el análisis, cuando las cosas simplemente ya están claras. Pero esa es arena de otro costal. 

El problema está ahí, los textos filosóficos son a los ojos de los que están fuera del gremio, siempre crípticos. ¿Qué podemos decir los estudiantes de filosofía ante esa realidad? 

Tengo dos respuestas posibles: 

1. Para evitar la huida del interesado a la filosofía que se ha topado con un libro o texto filosófico que le ha espantado la curiosidad, tengo como sugerencia un remedio práctico: leer a Platón. No obstante, no cualquier cosa de Platón, tengo una cronología específica, que espero sirva. Esta cronología aborda problemas centrales y muy vivos hoy en día, si se les sabe encontrar entre los contextos correctos. Sugiero leer el diálogo de "Apología". Ese es el primer texto que se le adjudica a Platón, en donde presenta una defensa ante el tribunal, al haber sido acusado de impiedad y otros delitos. Aquí se abordan cuestiones que atañen a la naturaleza de los argumentos, y esto es de manera clara, sobre todo por la claridad de su escritura. Platón escribió casi como se escribe un cuento. Así, la prosa no es engorrosa ni atosigante. Una vez leído ese texto, sugiero seguir con Critón, que profundiza lo mismo que "Apología", pues reafirma los ideales socráticos. Después sugiero Fedro, que ahonda en elementos cruciales acerca del enamoramiento y el por qué deseamos tan fervientemente al respecto. Una vez leídos esos tres diálogos, se puede seguir con todos los de juventud que son los más cortos y aporéticos, es decir, que no concluyen en algo en concreto. Y si aún estás interesado en leer más, lee poco a poco "República", que habla de la justicia. De esos diálogos se pueden extraer muchos puntos para futuras conexiones, y todo el gremio filosófico siempre está hablando de Platón en alguna medida.  

2. Anotar las dudas centrales que se tengan, y que se crea necesario acudir a un filósofo para resolverlas. Si bien los filósofos no somos psicólogos, pues no te podemos asesorar acerca de cuál es tu propósito particular en la vida, podemos sí darte algunas pautas universales. La filosofía es una suerte de panacea, pero no el antídoto ante la melancolía o la falta de sentido. Al contrario, la filosofía podría solo agravar esos pensamientos. Se debe entender que la filosofía es una profesión que atañe a los atascados. Eso es verdad. Si bien encontramos respuestas, encontramos en el camino muchas más preguntas, en el fondo, nos gusta pensar, y, por qué no, darle vueltas a un concepto a veces ya claro. Por ello tiene sentido lo de las preguntas. Porque, si tienes claro el tipo de respuestas que buscas, puedes decidir si la filosofía te puede ayudar a responderlas o no. Y si decides que la filosofía es la disciplina indicada para resolverlas, tienes que tener bien en cuenta que es un viaje largo, donde tu decides donde termina la respuesta a tu pregunta, pero por cada puerta cerrada hay dos abiertas aquí. Con ello en cuenta, acércate, si te es posible, a estudiantes de filosofía que te puedan resolver las dudas. Digo estudiantes antes que maestros pues, al estar aún en formación, se prestarán más al debate y conversación a contraposición del docente que puede resultar impositivo en sus respuestas. Si no te es posible acercarte a un estudiante de filosofía para responder tus dudas, es momento de construir tus propias respuestas. Para esto, sugiero que converses con las personas que te rodean acerca de las preguntas que te has hecho. Probablemente sean preguntas grandes, como "¿el alma es mortal o inmortal?" Probablemente muchos darán una respuesta corta o reduccionista, pero si recuerdas las diferentes respuestas y las diferentes vías del cómo la persona ha llegado a tal respuesta, puedes realizar un análisis, hacerle más preguntas a esas respuestas, y finalmente preguntar cómo pudo fundamentarla. El requisito mínimo es conversar, o por lo menos tener un intercambio de ideas. Es el mínimo indispensable. Sin ello, no hay filosofía. Más adelante, si tienes suerte, podrás cotejar esa respuesta con respuestas filosóficamente estrictas. Es probable que veas similitudes, solo que no haya formalización. Esto quiere decir que las ideas están ahí, pero probablemente dispersas y fundamentadas únicamente en el juicio personal. Contenido en redes sociales te puede servir, y tengo algunas cuentas que facilitan mucho el primer acercamiento (cuentas en Instagram): @diogeneslaerciofilos, @cafeidos_, @marte19_filosofia 

Estas dos vías son solo un comienzo. Con ello tendrás un conocimiento filosófico que te permitirá pensar más allá, y darte cuenta de huecos argumentales o insuficiencias en las justificaciones del día a día. La claridad filosófica es esencial para su primer acercamiento, y podrá salvar nuestra reputación, eliminando el dogma que indica que lo que decimos, muchas veces, es pura charlatonería. 

"Oh, vosotros que entrais, abandonad toda esperanza.", Dante Alighieri, La Divina Comedia.   

-O

2 comentarios:

  1. Me agradó el texto, y mucho más las soluciones del final que propones. Mas, no estoy de acuerdo al principio del texto. salu2

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