La actitud filosófica es aquel estado mental que nos predispone a la recepción filosófica. Para describir esta posición con respecto a otras actitudes -probablemente más naturales-, voy a describir de qué consta dicha actitud, en qué se diferencia de otras actitudes, y qué es necesario para alcanzarla. Por último, qué de positivo se extrae de este estado mental.
Bien decía Kant, el magnífico filósofo prusiano, que 'hacer filosofía no es lo mismo que filosofar'. Esta no es una pequeña diferencia. Hacer filosofía se puede entender como el acto académico de perpetuar las normativas que ahí se gestan. En la academia filosófica se mantienen ciertas pautas, donde, para bien o para mal, la filosofía que se produce atañe a ciertos cánones que le dan una forma "estándar". Esa es la razón por la cuál muchos de los 'papers' filosóficos tienen una forma prácticamente idéntica (algunos incluso diciendo esencialmente lo mismo). La academia filosófica es la responsable, en buena medida, de apartar la reflexión filosófica al estrato comunal. Para 'filosofar', es otra historia completamente. Hablaremos de ello más adelante.
En tiempos de la Atenas de Pericles, es decir, en al siglo IV a. C., el estado griego se caracterizaba por ser una democracia relativamente funcional. Pero, sobre todo, había aspectos de la educación que funcionaban diferentes a los de hoy día. Además de la concepción de una educación más integral, y de la concepción individuo-educación-nación, donde ninguno de esos rubros era impensable exclusivamente en una función individual, la educación griega tenía la virtud de no estar normada por ningún canon tan estricto (quizá, sobre todo, hermético) como la Academia de hoy día. Y es que si bien las enseñanzas platónicas tenían un carácter doble: unas enseñanzas dedicadas al público, y otras lecciones privadas, de el ámbito público extraemos ni más ni menos que la obra completa de los diálogos platónicos. Esto no es decir poca cosa, pues siguiendo en la línea en la que Platón concebía esas enseñanzas, eran de carácter público, y públicamente se podían discutir. No había 'papers', no había sínodos que regresaran el borrador con miles de anotaciones. La filosofía en los tiempos de la antigua Grecia era más honesta. Si bien, es verdad que la filosofía en su enseñanza fue siempre un privilegio, tenía por lo menos pretensiones más universalistas que hoy día. Ello se consolida sobre todo en la época del helenismo, donde la filosofía se vuelve un ejercicio práctico. El estoicismo es la prueba más ferviente de ello, recordando sus consignas máximas podremos avalarlo: mantener el control de las emociones, cambiar las cosas que están dentro de nuestro poder, y aceptar con naturalidad las que no, y solo así, ejercer la fuerza del carácter.
Es cierta entonces una cosa: la filosofía es útil y tiene el poder de llegar al rescate en tiempos de crisis. Podemos verlo en por lo menos dos ejemplos -de históricamente muchos-, con el ya mencionado helenismo, que trataba de dar fuerza a una decadente Grecia en proceso de permanente desintegración. Y otro, más recientemente, en los tiempos no superados aún del todo, del Covid-19. Durante los recientes tiempos la población mundial se unió, generando un halo de esperanza y compañerismo que solo las épocas de crisis generan. Si bien esto no es filosóficamente formal, ya tiene elementos filosóficos importantes. El reconocimiento del otro, la solidaridad y la ayuda mutua se respaldaban en la consigna del anhelar un mañana libre de amenazas. Lo que puedo sostener es que observamos un caso donde la humanidad completa se vio obligada a filosofar sin estar plenamente consciente de ello.
Filosofar lo puedo definir como el acto de pensar sistemáticamente para alcanzar una conclusión que tenga sentido lógicamente hablando. Filosofar es una parte del sistema que es la filosofía, que, por así decirlo, es la conclusión del filosofar. Si el filosofar es tratar de construir mentalmente una pieza perfecta para la construcción de un pensamiento más grande, la filosofía es su resultado, y la prueba de fuego de toda filosofía es su inserción al terreno práctico. Yo soy de la idea de que la filosofía puramente teórica no tiene ni oficio ni beneficio. Incluso la filosofía Académica hermética tiene un propósito: perpetuar discusiones que no saldrán nunca de las aulas.
Hay un problema que sustenta el hermetismo del que he hablado, y es la pobre enseñanza filosófica que nacionalmente existe. La filosofía se enseña mal, o de plano no se enseña. Esto perjudica la actitud filosófica que por naturaleza existe en los estudiantes curiosos. La actitud filosófica se constituye por un estado de recepción inicial, al cual sigue un estado de crítica o cuestionamiento a lo cual se ha recibido. Por ejemplo, cuando estamos por firmar un contrato que nos filiará a una empresa, pero queremos asegurarnos de que estamos recibiendo un trato justo, asumimos actitud filosófica (o por lo menos, eso sería lo absolutamente recomendable) y revisamos el contrato, absorbiendo la información que ahí existe, para después cuestionarla y evaluarla, para concluir si efectivamente tomaremos las clausulas o no.
En este acto se genera un fenómeno ya señalado por los filósofos estoicos antiguos, que se llama 'ataraxia', que es un estado en el que los prejuicios personales son silenciados, para llegar a una lectura o absorción de información plena. Después vendrá la crítica, pero primero se debe escuchar.
No obstante, no es un estado difícil de alcanzar, porque tiene que ver sobre todo con la capacidad de poner atención al diálogo de alguien. Esta capacidad la tiene hasta el más inquieto de los seres humanos. Para cultivar la 'ataraxia' es necesario ser receptivo ante el otro. Ese hecho sería el primer paso para una universalización plausible de la filosofía [además de su correcta enseñanza].
Por otro lado, sería bueno que la hermética de la Academia se disolviera, o por lo menos, los programas de enseñanza de la filosofía fueran promovidos, o, incluso, ¿por qué no?, que los académicos insertos en lo más profundo de la Academia salieran y dieran clases 'magistrales' a las comunidades marginales, por amor a la filosofía, con un único objetivo en mente: tratar de enseñar no solamente filosofía, sino, también, a filosofar. Ese es un acto verdaderamente filosófico, y que hace honor al nombre de la profesión, no solamente recluirse en los pasillos de las universidades. Con ello tal vez se genere un cambio práctico. Con ello, aquellas personas que exigen cambios prácticos (y que reniegan de la filosofía), podrán ver sus efectos y notar su ayuda, su valor verdaderamente humanitario.
O-
Interesante. No estoy tan de acuerdo, pero me agradó leer esto
ResponderEliminargracias por tu comentario: ¿en qué no estarías de acuerdo? saludos c:
EliminarHacer filosofía lo defines como una forma normativa de contruir algún argumento, es decir, que cuando hacemos alguna madre filosófica, y seguimos los estandares normativos de la academia, llegado el punto, no se puede hacer algo nuevo y sólo funciona entorno a donde rige la normativa académica. Ahora, dices que filosofar es un pensamiento sistemático cuya conclusión es lógicamente válida, misma conclusión es la filosofía; nuestro modo de crear debe ir hacia el filosofar porque tiene un fin práctico, es decir, insertar el filosofar en la vida cotidiana.
EliminarEl problema es que la lógica funciona de manera normativa, hilar premisas para una conclusión opera bajo una normativa, por ejemplo: Todos los humanos son mortales, Sócrates es humano, por lo tanto, Sócrates no es mortal. Vemos que hay una falla lógica que bien se puede explicar en hacer filosofía y filosofar, en esencia no hay distinción entre ambos conceptos. La segunda parte sería que los conceptos buscan explicarnos algo de la realidad, pero muchas veces la Ética funciona por medio de conceptos que no son practicables y que parten de hechos naturales, por ejemplo: Estado de naturaleza, es un concepto que abarca la ética, pero que no es practicable, es un supuesto ético en la explicación sobre la integración social de un estado. ¿En este y varios casos sólo es hacer filosofía? Y si es así ¿Por qué este concepto tiene repercusiones sociales prácticas?
La otra parte viene siendo que, si bien se puede conceder lo hacer filosofía y filosofar, en este último vemos que si se incerta bien tiene un uso práctico que puede salvar a la humanidad misma; el estoicismo y la ataraxia los tomas como parte fundamental de la actitud filosófica, pero ¿Cómo poner por encima el estoicismo y la ataraxia sobre el aristotelismo y la eudaimonía? ¿Cómo poner alguna doctrina por arriba de otra? Claro, se da en la enseñanza académica que busca estandarizar, pero ¿Cómo enseñamos a filosofar si eso corresponde a una filosofía particular y no a una forma de desarrollarse? ¿Enseñamos todas las filosofías que existen para que los estudiantes agarren una? ¿Cómo no mostrar prejuicios entre doctrinas?
EliminarClaro que me puedo equivocar y, si es así, espero que me expliques. Estoy de acuerdo que la filosofía no se enseña bien, que desvincular a la filosofía de la academia es algo necesario y utilizar el pensamiento como herramienta es algo digno de enseñar como parte principal del cambio filosófica; además, me gusta mucho las referencias históricas que nos lanzas.
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