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lunes, 12 de diciembre de 2022

Pinnocchio, 2022

 [Se recomienda haber visto la película antes de leer la reseña. La película vale absolutamente la pena.]

Guillermo del Toro lo ha hecho de nuevo. En un marco de la segunda Guerra Mundial, donde los fascistas ascienden al poder y explayan su autoritarismo por toda Italia, se encuentran Geppetto y Carlo, padre e hijo, viviendo muy felices en su casita en el poblado. Desde ese momento varios elementos se hacen notar. Si reflexionamos un poco, la guerra fue la que ocasionó todos los acontecimientos ocurridos en la película, pues el detonante para todos los acontecimientos posteriores fue la muerte de Carlo en la iglesia. Esta película no solo tiene una carga política importante, dejando un mensaje antifascista en expreso, sino que también revitaliza la imagen de Pinocchio en una absolutamente realista. 

Carlo se atrasó, estaba dentro de la Iglesia. Viendo al cielo murió, la bomba estalla y Geppetto sale despedido por el impacto, en ese movimiento un trozo de su alma se quebró para siempre. Sin poder salir de la bebida y el dolor, en un arrebato melancólico y fúrico, extraído de otra dimensión, destaza un árbol para crear a Carlo de nuevo. Léase bien que quiso crear a Carlo, no a nadie más, ni aceptar otra naturaleza por respuesta. Aquí se introduce la voz moral: Sebastián el Grillo, arduo lector de Schopenhauer. La referencia es directa y clara: la doctrina de Schopenhauer tiene como uno de sus principales aspectos afirmar que el ser humano sufre en la vida por la constante insatisfacción de sus deseos. El remedio que el mismo autor propone es la supresión del deseo, y con ello de la voluntad (que causa al deseo) de manera momentánea. Esto solo es alcanzable en el deleite estético. Haciendo abstracción, al final de la película, Geppetto logra el deleite estético de su nuevo hijo Pinocchio, con lo que disuelve su sufrimiento. Pero no nos adelantemos. 

Apenas Pinocchio es dado a la vida, se enamora del mundo y de cómo funciona. ¡Está vivo! Es aquí donde se sufren las consecuencias inmediatas a los deseos de Geppetto: ¿quería un hijo? pues ahí lo tiene. ¿O quería a Carlo? pues... La reflexión inmediata que salta a la vista es que no se puede arreglar el pasado, y entendemos que en el camino podemos perder la cordura. El único camino para superar el pasado es a su vez la superación del dolor. ¿Qué pasa cuando vivimos en el pasado? la respuesta de la película es clara: que el presente no responde al ideal pensado. ¿Y qué ocurre cuando ello pasa? exactamente lo que le pasó a Geppetto, frustración, ira, deseos de remediar todo lo que hizo pero no saber cómo. Geppetto quería a Carlo, no a Pinocchio. La película se trata de cómo Geppetto aprende a superar la perdida a la vez de que observamos al niño nuevo llamado Pinocchio interactuar con el mundo y sus hostilidades. 

Pinocchio, qué podemos decir de él que no se muestre ya en pantalla. Energético, lleno de vida. Un aspecto nuevo e interesante: confrontativo, y con una profunda rebeldía que no le impiden meterse en problemas, a veces por incontinencia, a veces simplemente porque así es él. No obstante, el defecto de Pinocchio es que le falta experiencia en la vida y que es muy noble, tanto así que el Conde Volpe lo manipula fácilmente para hacerlo trabajar para él, explotándolo. Pinocchio se da cuenta rápidamente de que su existencia se debe a querer suplantar la de Carlo. Quizá el acto más noble de este personaje es aceptar esa naturaleza sin problemas, incluso con entusiasmo, y mantener el amor hacia su padre. Comprende rápidamente que, a pesar de ser fruto de un capricho, tiene un propósito definido en su existir, y en seguida se supedita a cumplirlo. Es por eso que acepta la gira con Volpe, convencido de sus ideales y de que puede cumplirlos. Motivado por amor, compasión y curiosidad por la vida, la ingenuidad lo alcanza, tuvieron que hacérselo ver. 

Justo antes de entrar al momento en donde la película encamina la reconciliación de Geppetto y Pinocchio, y desde que sale del primer show con Volpe, en elemento muy interesante y místico hace presencia en la película. Ese es la muerte. Cada que Pinocchio muere, se materializa en un escenario traído de otro planeta, galaxia o dimensión, solo Guillermo del Toro lo sabe, en donde se encaran las esencias más profundas de esta película. Pinocchio, el niño inmortal, el capricho de la hermana de la muerte, por otro lado, la muerte misma, que custodia ese reino desconocido al que nuestras almas pertenecen. Las lecciones a Pinocchio son claras: eres inmortal, pero cada muerte te suma tiempo a tu regreso. No importa lo que hagas, estás predeterminado a revivir por siempre, a menos de que... Lo veremos más adelante. 

En el mundo práctico, Pinocchio comienza a observarse como un arma letal. ¿Cómo no podría serlo? Un títere de madera con una resistencia infinita, con una potencia de resurrección infinita. ¿Cómo le servirá al Führer?, se preguntan los fascistas. Este contexto es un juego para Pinocchio, un compromiso cargado a la fuerza para Candlewik. En el campo de entrenamiento se demuestra que la hermandad va antes que la guerra y las distinciones de bandos. Candelwik se quiebra moralmente, abandona el lado fascista autoimpuesto, mientras que todo se va al demonio de nuevo por una bomba. 

Llegamos al famoso momento del rencuentro y el escape de la Ballena -cabe mencionar que el diseño de esta versión de la ballena es grotesca e increíble, una significación que solo la huella de Del Toro podía brindar-. A este punto, ambos personajes han admitido sus errores y asumido culpas y se disponen a ser mejores; Geppetto admite que debe superar a Carlo y querer lo que tiene, a Pinocchio, mientras que este último admite que su ingenuidad e impulsividad lo han llevado a decisiones equivocadas, se compromete a ser un buen hijo. Asumidos los roles, al momento de escapar es donde se les ve por primera vez en armonía. Pero el escape se complica, y Pinocchio tiene que activar una bomba que lo deja muerto de nuevo y a Geppetto herido. Se encuentra de nuevo con la muerte, aquí todo es frenético, Pinnocchio quiere regresar, pero ahora hay prisa porque su padre esta hundiéndose y si no ocurre algo, morirá. Es aquí donde, el hecho de superar el desafío de la muerte -romper las reglas- demuestra que el amor de Pinocchio por su padre traspasa fronteras, incluso las mismas reglas.

El regreso. El regreso del viaje del héroe es el arquetipo de esta película, donde, en el viaje, el personaje se encuentra a si mismo. En esta película fue doble el viaje, entonces doble el encuentro. Ni Geppetto ni Pinocchio fueron los mismos de ida que de regreso. A esta naturaleza de personaje perteneció la Odiseo, de la novela del mismo nombre, de Homero. 

El final se extiende un poco más allá de lo convencional. Los nuevos amigos mueren con el tiempo, Sebastián y Spazzatura. Muere también Geppetto. Pinocchio lo asume con dolor claro, pero con madurez, y aquí viene algo que me pareció curioso: se dedica a divagar por el mundo, asumiendo lo que le venga como destino. ¿A qué se dedicará hasta morir de manera definitiva? Solo Pinocchio lo sabe. Concluye el maravilloso filme. 

Pinocchio es una película maravillosa. El stop-motion le da un toque rústico, familiar, cercano y agradable. La dirección es genial, el guión es genial, todo lo es. No encuentro un solo fallo en la película, desde su planeación, hasta su montaje y su despliegue..., etc. En este caso me atendré a un muy buen consejo: menos es más. Ya he dicho todo lo que esta grandiosa película es. Estoy seguro de que he presenciado el nacimiento de un clásico de la cultura popular, y de que permanecerá inmortalizado el nombre de Del Toro en las memorias del cine. 

O- 

 

1 comentario:

  1. Uh o.o qué extraña la importancia que tuvo el stop-motion para esa sensación de proximidad. No lo había pensado.

    Como profe de seminario Sebastián>>>>>> Josu??? JAJAJA NO ES CIERTO

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