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lunes, 19 de diciembre de 2022

La Caja, película de Lorenzo Vigas

[hablaré libre de spoilers] 

La Caja es la más reciente de las películas de Lorenzo Vigas, cineasta de origen Venezolano ahora residente en México. A continuación me dispongo a comentar las líneas generales de esta película, salvando spoilers para alentar una crítica objetiva. 

¿Cómo buscar la identidad? ¿Cómo afrontar la muerte a la temprana edad de doce años? La película que hoy comentamos aborda estas cuestiones desde la óptica de Hatzín, un chico mexicano residente de la ciudad de México, cuyo padre muere en un accidente minero. Hatzín ha perdido lo poco que le quedaba y su misión encomendada por su abuela es llevar los restos de su padre de vuelta a casa. Éste es un viaje largo en el que el protagonista sale de la ciudad por cuenta propia. El primer conflicto que surge es la soledad que el personaje enfrenta. En el viaje se da cuenta de algo extraño... Hay un sujeto igual a su padre a mitad del camino. 

Es a partir de esa última premisa que la película traza su dirección. El pequeño Hatzín busca una figura de autoridad que termine de guiarlo, ateniéndose a esa figura paternal que busca por necesidad. Entablando relación con Mario, aquel sujeto misterioso que le daba aires a su padre, se genera una de las tramas más profundas y contradictorias, que hunden sus raíces en una falsa relación padre-hijo. Es claro que este resultado se deriva de la incapacidad del pequeño Hatzín de no poder lidiar esa perdida. La película explora las consecuencias de esa relación y los dilemas que de ella surgen.

La Caja toma su tiempo para construirse. Pasa mucho tiempo hasta que los problemas estallan, lo cual me parece relativamente justificado por la magnitud de los mismos. Digo que está relativamente justificado porque en aras de la profundidad, sacrifican tiempo para los desenlaces. Hay un punto en el que si el espectador se preguntara si realmente llegarán, podríamos concluir que nunca lo harán. 

No obstante, los puntos de tensión llegan. Hay uno en específico, que es representado por una llamada que es un grito desesperado por ayuda. Hatzín es el responsable. El espectador sabrá identificarlo. Todos los elementos que la ficción de Hatzín terminan por caer. El mundo en el que él se orilló a habitar tiene sus fundamentos en una ficción, que termina por ser un anhelo del regreso. 

En esta película hay aprendizaje. Es fácil comprender a nuestro protagonista. Quizá la figura más enigmática y con potencial de exploración fue la de Mario. ¿Por qué acepta cobijar a Hatzín? Ahondar e las aristas de esa pregunta serán campos mentales garantizados para aquel que vea esta película. 

En el marco de todo este periplo hay una exploración no poco sutil en el entorno corrupto mexicano y sus movidas. Hay amenazas de muerte, violencia, contradicciones. Hay mucha impunidad implícita, rasgo que le da un toque profundamente amargo, pero lamentablemente nacional -por esa caracterización- a la película. Estos extremos hacen visible la dura realidad de los sectores marginales, donde la explotación laboral es la norma, y donde la creación de un sindicato para la defensa del trabajo digno es una condena de muerte. En ese mismo contexto, el final más terrible -y que podemos observar en pantalla- es el de la indiferencia, donde la vida humana es una pieza reemplazable en aras del funcionamiento de una maquinaria completa. Ésta película pone en relieve lo anterior a partir de imágenes y secuencias explícitas que además agravan las decisiones de los personajes principales. 

En conclusión, es una película redonda. Es decir, que de ella podemos esperar una conclusión certera, que es lógica. Como aspecto negativo podría señalar la planitud emocional externa del protagonista. Sería interesante haber visto una vorágine de emociones pronunciadas, porque en realidad sólo observamos la punta del iceberg de esa realidad. Esto lo sabemos porque el conflicto está ahí, las emociones también están ahí, pero minimizadas, como contenidas. Hace falta, si a acaso, agilidad en esta película. Si lograra conjuntar un ritmo más impetuoso junto a una expresión de los sentimientos de Hatzín, esta película hubiera ameritado diez de calificación. Pero, me parece soy justo adjudicándole un ocho sobre diez. Me remito también a la opinión del espectador. 

Ésta película se convierte en recomendación de mi parte, si pueden ir a la Cineteca Nacional uno de estos días que ya es diciembre y son vacaciones, vean la película.    

O-

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