El final de cada año nos recuerda que debemos de tener un punto por el cual partir, para generar un ciclo y así entender el tránsito de la vida, segmentada, viva. La vida es frenética en su curso. Como seres humanos, tenemos la necesidad de cuantificar las medidas. La anualidad es uno de esos resultados.
Cuando es fin de año, se sobrentiende que debe de haber un recuento de lo que ha sido, y que a partir de ello se deben generar una serie de propósitos que nos orientarán a mejorar, pero aquello no es más que una forma fácil de buscar auto compasión ante las falencias de uno mismo. Ello tiene que ver mucho con la noción de ciclo y su incomprensión. Cuando llega el año nuevo se genera el efecto psicológico de una renovación e incluso de una negación del año pasado. Aquella es, desde mi punto de vista, una idea equivocada, pues todo esto no lleva más que a quebraderos mentales impresionantes, pues una persona nunca podrá cambiar sin antes asumirse como lo que quiera que sea: una mala persona, una persona trastornada, una persona demasiado complaciente, etc., etc.
Cuando el año nuevo empieza, las suscripciones al gimnasio se llenan, pero harán falta solo veinte días para que muchas de esas personas dejen de asistir. Y no solo el gimnasio, esto ocurre también con los nuevos propósitos que cada cual se propone, pero con metas y expectativas totalmente irreales.
La cuestión tiene que ver, una vez más, con la concepción de los ciclos. La noción de cambio en el grueso de población percibe que éste tiene que ser radical. Esto, aunado a una falta de instrucción hacia la meta a la que se aspira, resulta en una promesa al fracaso. ¿Qué se necesita para asimilar mejor el ciclo, y el cambio?
Bien, pues primero que nada, fijar metas realistas. Ningún cambio radical es bueno a corto plazo. Los fumadores y fumadores crónicos creen que dejando el tabaco de un día a otro las cosas serán como antes. Las cosas nunca serán como antes. Has empezado a fumar, ahora tienes síndrome de abstinencia, antes no lo tenías. Por eso hay que integrar el pasado a la vida, no negar el pasado. Aquellos empedernidos en querer esculpir un mejor cuerpo creen que comenzar a ir diario al gimnasio de un día a otro se puede llegar al éxito. Las personas que ocupan ambos casos se encuentran, en cierta medida, en el mismo error: el querer adquirir mediante la inmediatez el objetivo planeado. Para dejar cualquier adicción es necesaria la terapia psicológica, pero a su vez la disminución paulatina de la sustancia tóxica. De lo contrario, ocurrirá un agravamiento potencialmente mortal del síndrome de abstinencia, que, en el peor de sus casos, conducirá a la muerte. Por otro lado, ir diario al gimnasio sin tener una rutina clara, ni objetivos claros, pensando que cansarse a morir garantizará resultados, solamente conducirá a perjudicar al cuerpo antes que moldearlo.
La clave para fijar metas realistas reside en dos cosas: primero, en saber en qué punto se encuentra uno mismo. Si uno es un adicto severo, o es solo adicto, o solo consumidor de alguna sustancia. Si uno es un obeso, alguien con desnutrición extrema, etc. El realismo de las circunstancias ha sido un elemento muy criticado hoy en día, pero es ser ciegos ante la realidad no querer verlo, y allá de aquel que se engañe ante una realidad que lo está matando. Después de ello vendría bien comprender que la vida diaria es un pequeño ciclo, en donde día a día se lucha contra la condición inicial, donde en algún día muy lejano, se ganará la batalla. Pensar que uno mismo es un eterno guerrero sirve más que querer ejecutar el cambio radical de tajo (uno debe de luchar para conseguir las cosas que valen la pena).
La convicción es fundamental. Así se puede derrotar a la falta de motivación, otro enemigo común al abandonar los ciclos. En cierto modo, al iniciar un cambio, se debe de efectivamente concebir que la vida como la conocíamos antes ha acabado, que ya no es más. Pero las medidas que debemos acatar en el día a día son paulatinas. Así se sostiene el largo plazo.
Esta comprensión del ciclo podrá desligar el cumplimiento de las metas a un plan anual, pues si alguien adquiere un cierto estilo de vida, ¿qué demonios importa que año sea?, ese estilo de vida es mío. O tuyo, o de quien sea.
Teniendo todo lo anterior en cuenta, puedo justificar por qué considero innecesario los propósitos de año nuevo. Primero, porque no necesita ser año nuevo para que hayan nuevos propósitos, segundo, porque entendiendo estas nuevas consideraciones acerca de los ciclos, podremos cambiar cualquier cosa que queramos en aras del mejoramiento propio.
Para terminar, me gustaría comentar acerca de la necesidad misma del ciclo. No la anual, como ya he dicho. Sino, la que traza el cambio de algo, ya sea desde su comienzo y hasta su consolidación, o hacia su final.
La necesidad de medir las cosas se justifica con nuestra propia muerte. Medimos las cosas porque subyace a todo aquello el pensamiento de que nuestra realidad como la conocemos acabará de manera definitiva con la muerte del individuo. De hecho, por eso tiene sentido alcanzar una meta, pues ¿qué mérito tendría conseguir algo en un mundo infinito, en donde la existencia de la memoria no tuviera sentido?
En efecto, el propósito de los ciclos es también legar una memoria, ya sea personal o colectiva, acerca del individuo que pudo alcanzar grandeza para sí o la comunidad. Y también sirve para indicar lo contrario, las tragedias se registran también en etapas y ciclos de destrucción. Básicamente, cualquier hecho humano tiene su justificación en aquello, en que va a acabar todo algún día. Por eso nos parecen fascinantes las historias, hasta antes del final, todo lo imaginable está en potencia de acto, es decir, que podría ocurrir. Contarnos lo que ha pasado en un año es contarnos una ficción de nosotros mismos, para convencernos, a través del juicio personal, que fue bueno o malo, o que valió o no la pena. Es importante recordar, que tanto si nos fue bien o nos fue mal, la potencia de acto esta ahí. Esto se traduce en que todo puede ser más, en la vida no hay límite. Todo podría ir mucho mejor o mucho peor. Pero acerca de lo que si podemos controlar, me parece, es el ciclo que queramos emprender. Aquello debería ya dar un halo de luz suficiente como para indicar (y confirmar) que parte de la esperanza para un mejor porvenir comienza con uno mismo. Feliz año nuevo.
-O
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