Autodenominarse como "genio incomprendido" es un atrevimiento que por lo menos resulta un ejercicio de ego absoluto, y como máximo, un roce con la locura. Bardo, de González Iñárritu, contiene mucho de los elementos anteriores. Los estandartes de la película se podrían definir como: locura, ego, familia y personalidad.
El director de "Amores Perros" nos sorprende con su última entrega cinematográfica, que es una exploración en los nichos más personales del autor. La premisa es básica: Silverio Gacho recibe un galardón por un reportaje que tiene potencia para lanzarlo a la relevancia y la cima, donde los galardones entran en confrontación directa con lo que significa ser un artista, desde la interioridad. La película trata de eso: la amplificación de la percepción del artista, al cual se añade el conflicto de la identidad, contraponiendo todo lo que configura la realidad para Silverio.
Para nadie es secreto que la película de Bardo es el medio por el cual se materializa la codificación del avatar de Iñárritu, Silverio. Éste último es el lugar donde todos los puntos convergen, donde nacen y mueren todas las ópticas que abarca la escena. En cierto modo, Iñárritu quiere proyectar eso, que la visión nace y muere con y en el artista.
La película puede pecar de pretenciosa. Éste es un hecho que desde la interioridad de la misma cinta se reconoce, incluso, en momentos, se blinda ante las críticas desde la anulación del discurso. ¿Valieron los millones invertidos para hacer a Silverio hablar con Cortez? Parcialmente. Si de algo peca el estilo barroco en general es en su exigencia por la atención, y por querer acaparar el ojo público. En esta película hay mucho de ello. Exceso, podríamos decir. Exceso de barroco.
Pero dentro de la cabeza de Iñárritu (Silverio), el proceso artístico se manifiesta desde la siguiente cronología: el miedo al fracaso y a la crítica, luego el ego, que crece monstruosamente mientras los galardones se escuchan, luego el olvido forzado, la vergüenza que nace como condición para la evaporación del sentimiento de superioridad, todo para volver a comenzar, una y otra vez. A esta realidad se contrapone el plano familiar donde la identidad dividida comienza a permear, de pronto no se siente ni de aquí ni de allá. Silverio no es ni absolutamente mexicano, ni absolutamente gringo, eso lo sabe y se lo hacen saber infinidad de veces. Mientras se le critica por haber abandonado a la patria, lucra con ella a base de reproducir su concepto idealizado en su documental. Entre tanta crítica, lo que quiere salvar Silverio es su identidad como artista y a su familia.
Por lo tanto, varias capas que lo representaban antes, como pueden ser sus amigos y antiguos colegas, quedan inevitablemente en el pasado, y por eso siempre que reaparece se le recuerda lo mamón que se ha convertido. Él mismo lo acepta.
Es aquí donde ahondaremos en la visión última que quiere compartir la película, que me parece es intentar mostrar la visión del artista y cómo a partir de ello, se vive la vida. En los diálogos platónicos esta cuestión ya se encontraba en relieve. ¿Qué justifica al discurso del artista (llamado rapsoda en Grecia)? En el Ion, se profundiza en si el discurso de éstos últimos puede llegar a la objetividad. Platón no lo creía así, y por medio de Sócrates expone que cuando el poeta escribe sus obras o bien interpreta alguna escena, es poseído por una fuerza demoniaca. Esto último es literalmente, solo que el demonio (daimon) griego no es el tradicional judío-cristiano. Éste demonio provoca una escisión entre la consciencia del portador (el artista), y sus acciones, de modo que la obra de arte era responsabilidad de la divinidad. Es una divinidad que convive con el artista, desde su interior, en una competencia por su cordura. En Bardo me llegué a proponer una relación directa entre la identidad del artista clásico y la que expone Iñárritu, pues en muchos momentos Silverio pareciera una persona absolutamente normal, que no destaca en ningún atributo. Aquello se ve en las escenas más personales, que más allá de mostrar al "genio incomprendido" que quiere llegar a aparentar ser, demuestran a un hombre de buen corazón.
Como contraposición inmediata al hombre de buen corazón, los arrebatos de locura llegan, el baile, donde percibe las sutilezas del tiempo de manera excepcional, las visiones en el Zócalo, donde platica con Cortez. La acción poética, donde se observa el trabajo de Iñárritu detrás de cámaras, y no a un buen hombre, son los que profundizan en la personificación del autor, hasta conformar un autorretrato, que podríamos decir que es la imagen que viene a la cabeza de él mismo al mirarse al espejo.
¿Iñárritu es un gran artista por ser Iñárritu o por saber controlar (o no) al daimon? A mi me parece más la segunda opción. Algo que en definitiva no comprende Iñárritu es que no es su nombre el que le ha dado todo el prestigio del que goza. Si algo le ha dado su prestigio y fama, ha sido su control sobre su acción poética en su día a día, pues hemos visto a lo largo del metraje cómo es que a veces utiliza la faceta de artista y como a veces la de humano, con problemas normales como los de todo el mundo. Crecerse tanto, al nivel de labrar a piedra la estatua más hermosa del condado para alabar su figura parte desde el equívoco de que su nombre es lo importante (el yo, yo, yo). El responsable de su grandeza son esos arrebatos de poesía pura que afloran de él, casi sin que se de cuenta. El responsable es él por saber canalizarlos y ejecutar obras de arte. ¿Artista?, ¿ser humano?, ¿genio incomprendido? posiblemente un poco de todo...
Bardo, de Iñárritu es una película que merece verse, sobre todo para ver el poder de ese impulso artístico en su máximo esplendor. Ver la película es entrar en la cabeza de Iñárritu por dos horas y cuarenta minutos. ¿Vale la pena toda la película? ciertamente no es tan grande como él la piensa, ni tampoco tan bella, ni tampoco tan bien lustrada. Pero cumplió con uno de sus objetivos: remover los temples de todo aquel que haya asumido el papel de la mexicanidad y de los que tengan dificultades con comprender a individuos que se sienten únicos por su visión. Probablemente sean dementes, pero son dementes con estilo.
O-
UuUUYyyyy, probablemente de mis favoritos.
ResponderEliminarIgual no he visto más que los primeros 10 minutos.
ResponderEliminarhoy la termino
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