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martes, 11 de febrero de 2025

Acerca de La clase de Griego, de Han Kang

 El siguiente comentario incluye spoilers de la obra, no pretende ser formal y es sólo una impresión personal de la misma. Advertidos están. 


De manera instintiva, los humanos creamos 'muros' que bloquean de un modo u otro la interacción para con el exterior, en aras de preservar la noción de que poseemos seguridad y no sentirnos tan expuestos a la hostilidad que nos rodea. Si bien muchos de ellos pueden ser, por así decirlo "artificiales", muchos otros son erigidos de manera accidental y penosa. Este libro explora exactamente esas nociones. 

Para la protagonista de esta historia (no se menciona su nombre), el muro es la pérdida del habla, y esto, podemos intuir, se debe principalmente a dos factores: que ha perdido la custodia de su hijo y que posee una sensibilidad e inteligencia lingüística abrumadoras. A la par, su profesor de Griego (pues a pesar de ella ser una persona con una vida relativamente exitosa como profesora de lengua, se ha quedado seca metafísicamente hablando, ha tenido que llenar su vida de actividades que la alejen de sí misma) está perdiendo la vista de forma permanente y batallando con los errores del pasado. 

La construcción de los muros se da de manera paralela. Solo hasta muy avanzada la novela los protagonistas llegan a conocer el muro uno del otro. Ya se planteaba una conexión lógica bastante evidente entre estos dos personajes, pero su entrelazamiento final es desarrollado de forma notable. El libro ahonda mucho en sus pensamientos, esto lo vuelve por definición pesado a nivel existencial, pero por supuesto que disfrutable y valioso. Podría criticarse que hasta un punto muy avanzado de la novela que la trama parece estancarse y no ir a ninguna parte, pero Han Kang (última premio Nobel) definitivamente sabe lo que hace. Se ahonda en la notable anhedonia de la protagonista, y el libro ataca directamente las soluciones de bolsillo como 'actívese, distráigase, anímese' que se suelen formular ante ese problema. Podemos notar cómo se teje su vacío existencial, y la silenciosa resiliencia que la protagonista construye bloque a bloque, día a día, aunque a veces pareciese que se le desmoronase todo. Por otro lado, el profesor expone un optimismo silencioso, reacio a abandonar el mundo, pero condenado -no a abandonarlo- al muro. Lo siguiente podrá sonar controversial, pero me parece un personaje aún más interesante que la protagonista. Hay tanto en su pasado; la pérdida de su amada, la de su mejor amigo, la distancia con su familia, la muerte de sus padres, todo ello, me figuro, han moldeado un individuo que prefiere la paz a las ambiciones -quizá aún prevalece la única y más imposible de todas: no perder la vista-. 

Lo que me gusta también es que el libro sólo complejiza las situaciones, obligando al desarrollo de sus personajes. Parece que no, pero la protagonista logra quebrar al menos en parte la maldición de su muro en el momento en el que decide ayudar a su profesor tendido en el suelo a causa de una caída por la pérdida de su vista. El final es muy cuestionable, es cierto que no se ve venir la extensión tan radical del vínculo entre alumna y maestro (su apresurado romance), pero de algún modo extraño funciona. No todos los finales representan un broche de oro. En fin, una novela que no defrauda y ahonda en la complejidad de las barreras entre individuo, mundo y los miedos que de ahí derivan. 


9/10 

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