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martes, 18 de febrero de 2025

I hope so...

 Cuéntame, ¿cuándo fue la última vez que las nubes te envolvieron con su aroma? 

¿Cuándo fue la última vez que recibiste la luz en tu corazón? 

Hacia eones una estrella moría y después de la luz funesta todo el conocimiento quedó desparramado en una reverberación polifacética de colores y magia, allí naciste tú. ¿Acaso el destino fue el que eligió el ordenamiento de esa naturaleza? ¿o fue el acomodo natural de las primeras progresiones azarosas del caos fundacional lo que conjuntó elementos que sólo bajo la intensidad de ese origen funcionan a la perfección? 

Semblante cándido y compacto, ojos color miel persiguen los aciertos y bemoles que susurran "las voces", hay una flama que destila miel en tu pecho, hay conjuros en tu bolsillo para el mal de amores y la sonrisa triste -lástima que no para la ira vehemente-. Siempre estás trabajando. Siempre, también, lo veo, estás triste. Supongo es parte de ser una nebulosa que vive la intensidad de cada uno de los colores. 

Solo el azar -una causa más grande que yo mismo- nos pudo conjuntar en un breve lapso de tiempo en la eternidad. Solo a ella atribuyo las bendiciones. Tu mente son fuegos artificiales que dejan tras suyo un rastro enigmáticamente codificado. Unos allí sólo ven polvo, otros vemos los jeroglíficos de las runas antiguas.

Yo, un caminante eterno, un hombre que se encuentra meditando sobre la roca más alta que custodia un mar caótico y relampagueante en su mundo personal, tiene únicamente visión de su mente, pues no ha abierto los ojos en millones de años, tan inmerso ha estado allí. 

Pero de vez en cuando, los abre. Se da cuenta del bello paisaje frente suyo, de cómo los colores violáceos y rosados vibran en el mar sideral. Pareciera que está apenas a unos cuántos centímetros de sus dedos. 

Titiló el cielo. El hombre sonreía. Una silueta brillante aparecía al lado suyo. En el saludo transcurrieron dos mil años de conversación, con cuatrocientas voces distintas. El hombre extendió su ennegrecida mano y dijo: estaré aquí, mirándote al cielo. Ella respondió: mejor acompáñame a recorrerlo, de tanto en tanto. Sólo así ese hombre tiene la fortuna de salir de su planeta tempestuoso y recibir por fin luz natural.  



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