¿Has pensado en un teléfono público? decidí que caminar por los prados de Coapa tendría que ser hoy por lo menos un poco más interesante que en otras rutinarias ocasiones. Así que llamé a tres amigos con tres teléfonos públicos diferentes. El minuto cuesta cinco pesos. Pero sospecho que el cronómetro está calibrado en los cuarenta y cinco segundos porque no da tiempo de nada. A Leo le marqué primero, fue curioso notar el revestimiento de frialdad en su voz. A parte de eso, buscaba imaginar por lo menos unos cuantos segundos que los smartphones no existen y la única y mejor forma de comunicarnos es llamar a los celulares de antenita o teléfonos fijos. "¿Quién habla?", "HOLA QBO, TE HABLO DE UN TELÉFONO PÚBLICO, ESTOY EN DIVISIÓN DEL NORTE", algo así transcurrió el comienzo de nuestra conversación, tuve que gritar porque el tránsito vehicular se colaba en la bocina del teléfono. Qbo me respondía nervioso (naturalmente, notar que "desconocido" toca a la puerta de tu celular extraña al menos un poco) pero también atravesado por una interferencia robótica en su voz, de modo que hice esfuerzo sobrehumano por encontrar el hilo de sus palabras, tan mala era la calidad del audio. Yo ya le estaba a punto de hablar de mi emoción por sentirme en la primera mitad de los dos miles cuando escuché un bip-bip que, ahora entiendo, me indicaba que debía insertar tres pesos más para continuar conversando o que debía resignarme al final inevitable de una inventada conversación. Como no lo entendí en su momento, el teléfono dio fin a una conversación aún prematura. Me quedé con ganas de llamar a alguien más, así que busqué otra cabina telefónica. La encontré, si bien muchas están destruidas, sorprende la cantidad de ellas que están aún en pleno funcionamiento y aún frente a nosotros. Intenté llamar a Roberto, y la llamada entró, lo sé porque el timbre así lo indicó, pero la rechazó o simplemente no la tomó. Inteligente. Pero debía de abandonar la moción dosmilera victorioso, así que llamé al CAFE. Contestó, y le hablé de mi éxito y curiosidad en aquellos teléfonos en literalmente cuarenta y cinco segundos, a lo que no entendí una chingada de su respuesta, pero sonaba alegre como siempre. Me dijo que estaba en el metro y el legendario "Emperador".
Todo esto es muy sencillo. Al menos en acciones. Simplemente llamé a tres amigos por teléfono. Pero nunca se trató de las llamadas en sí. Eso puedo hacerlo ahora mismo, y sin gastar un centavo al respecto. Y con calidad de audio es ordenes de magnitud mejor a lo que escuché en la calle. Estamos en plena era digital. De eso se trata. El salto a una tecnología anterior se siente como un salto cuántico. Como si cambiáramos una pala por una cuchara. O una llanta por un un cono de plástico de esos naranjas que cercan las calles. Me imaginé por un momento cómo las fotografías ahora están en la nube, un lugar artificial. Son archivadas en lugares en buena medida intangibles. Para poseerlas físicamente, hay que imprimirlas, y aquello es cada vez menos común. Estos teléfonos se están apagando poco a poco. De hecho supe que hace unos meses o como un año, el último teléfono público de Estados Unidos fue removido de la existencia. Esa crisis para con semejante objeto (icónico en buena medida) se encuentra aguzada a nivel nacional, pronto desaparecerán también. Simplemente tuve que realizar las llamadas en nombre de la tecnología analógica (lo que resta de ella). Porque esa crisis en realidad demuestra el avance implacable de las tecnologías digitales y cómo nos arrollarán por completo. No es novedad en lo absoluto, pero los tiempos cambian, ¿qué de lo que uso ahora y me es natural tecnológicamente hablando desaparecerá en algunas décadas? ¿también seré un abuelo renuente al cambio? ¿qué será mejor que los smartphones?
Hay una fotografía en el suelo. Se está quemando. Sus orillas chamuscadas desprenden un fino humo, como el incienso oriental. Pero el polvo no se llevó la imagen. Puntitos de luz la reflejan. Brillantes, artificiales, casi como la luz del quirófano. Se observa una cabina de teléfono (la última en México) abandonada, rota, en mitad de la noche.
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