No me pidas que regrese, corazón, porque estaré desparramado en la nieve de Siberia, con las tripas de fuera regando con sangre la prístina blancura de los mantos blancuzcos. No me pidas que regrese, nadie regresa del juicio de la memoria, nadie regresa del frío calcinante.
Supongo la paz es buena, allá en las penumbras de las cuevas que descienden en acantilado hasta la garganta del diablo. Debajo del manto rocoso, un par de murciélagos duermen todo el día. Miles de pinos enfilados, saludando el amanecer. Nieve y solo nieve recubre la superficie visible por mis ojos.
Me decía que era fácil perderse para encontrarse, ya sabes, dichos populares, cosas que escuchas que la gente se dice para arreglar sus mentes. ¿Cómo se arregla una mente? A lo mejor caminando unos cuantos kilómetros en las llanuras de Siberia, observando la lejanía; cómo es que el viento silva en augurios y cómo se lleva el polvo. ¿A dónde se va lo que se lleva el viento?
Dar los primeros pasos activa engranajes antes dormidos. Ordena un poco taciturnos pensamientos. ¿Por qué soy agresivo conmigo mismo? ¿Por qué me gusta el dolor? Imágenes de una niñez distorsionada aparecen por mi mente, pero aquí ya no se puede huir; ¿acaso confrontar las imágenes haría la diferencia? Resultó natural que hiperventilara, que sintiera que en alguna medida nada tenía sentido, ni mi mente, ni mis traumas.
¿De cuando a acá he deseado sólo perderme? Difuminarme sin que encuentre nada. ¿Cómo será un lugar lleno de vacío? Blanco, extremadamente blanco debe ser. Agresivo para los ojos. Un lugar donde sólo pudiésemos flotar.
Ya los pasos se empastaban de esa sustancia invisible que es el cansancio. Me arrodillé, como lo hice ante todos los recuerdos imparciales y lastrados a mi humana condición. Casi no me di cuenta de que frente mío se encontraba un lago congelado, pero yo sólo tenía sed ardiente y mi cuerpo comenzaba a anhelar frío para quemar al frío.
Palpé las aguas heladas, mis manos se adhirieron a ellas, estaban como imantadas, y en mi reflejo vi mi rostro, y mis memorias. Comenzaba a llorar, más por la falta de control sobre este final que por tristeza. Al fin y al cabo, nada es mío, nada me pertenece.
Escucho una dulce melodía, proviene del corazón de estas aguas.
In the bleack mid-winter,
Frosty wind made moan,
Earth stood hard as iron,
Water like a stone;
Snow had fallen, snow on snow,
Snow on snow,
In the bleack mid-winter
Long ago
Vislumbro un rostro. Princesa de hielo, ¿me estás llamando? Acércate, que no te escucho. ¿Necesitas mi oído sobre el hielo? Me arde la garganta, la piel, estoy en llamas oscuras, te necesito, muerte, maldita sea, te necesito. ¿Eres tú al fondo?
Fusiono mi cara al hielo, despojo mis ropajes, necesito más frío, necesito descubrir el secreto que aguardan tus ojos, princesa de hielo, son dos diamantes, pálida tu piel, y tu cabello, y tu vestido noble y fino, necesito darte la mano, depositar mi fe en ti, en mi final porque sólo eso es algo seguro.
Comienza a vibrar el hielo. Estoy desparramado, con las tripas de fuera, manchan de sangre todo el camino que he recorrido hasta aquí, no me pidas que regrese corazón, pues nunca lo haré, mi alma se escurre entre mi cuerpo hacia el vacío sideral, mi pulso se apaga junto con el del planeta. Vomito sangre y entrañas, y solo puedo notar cómo los filamentos van tiñendo el azul rey de estas aguas en vino espantoso. No, no quiero opacar tu figura, princesa de hielo, ¿por qué sigues estática, viéndome? ¿Por qué no te has ido?
Se quiebra el hielo donde reposa mi cuerpo, caigo al agua, me despojo de sensaciones corporales y al abrir los ojos veo el rostro de la princesa de hielo,
posa sobre mis labios un beso sabor a rosas y espinas,
nada soy, ese cuerpo se hunde,
nada soy,
nada soy,
mi tiempo se acabó.
Nada soy.
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