Archivo del blog

viernes, 4 de octubre de 2024

un sueño

 Soñé, con la curiosidad renovada de un niño, que tenía que ascender a lo alto de un edificio abandonado, gris y polvoriento. Soñé que las alforjas que colgaban de mi torso estaban tan vacías, que solamente el grial de lo desconocido podía llenarlas. 

Cuando estoy despierto, pienso, no soy tan diferente. Ojalá algún día poder llenar las alforjas y no tener que escatimar en palabras, o en explicar hechos. 

No estaba solo, estabas tú. Aunque no sé quien seas tú, cuando volteaba a verte solo observaba una especie de sombra. Escuchaba tu risa, tus palabras cargadas de entusiasmo, veía en tu frente el destello lumínico que alimentaba mi cándido ánimo [inducido artificialmente].  

Yo amaba que me acompañaras en mis desvaríos, aunque casi siempre fueran cobardes tentativas de 'algo grandioso'. Yo amaba que los colores de mi realidad vibraban apenas hablaras. En el fondo, ¿para qué subir a las penurias de un cascajo gris vacío? ¿para qué vivir? ¿para qué llenar las alforjas? 

La mitad del sentido lo ponía tu voz. La mitad apagada de mi alma se encendía entonces. En ese entonces, allá por el neolítico, ahondaba en lugares abandonados como este. Sólo que no era un futuro-pasado, como es ahora. Los fantasmas eran personas. Los niños salían a correr y a andar en bicicleta. Las voces no estaban en mi cabeza. En ese entonces, con una boina y una estrella en la frente, salía en búsqueda de mi sentido. Más de una ocasión se me diluía entre mis manos, yo veía cómo los números se desparramaban entre mis dedos, y me preocupaba más saber si esa entidad era real o no antes que comprender sus extrañas relaciones. Ya hay gente que basa su fama en ello. 

Nunca supe si fue genialidad haber alcanzado aquello que buscaba en su momento. La luz, y con ello, toda tu, desaparecieron y engendró en mi una suerte de metaficción cíclica. Nunca entendí bien lo que sentía. Sólo sabía que lo sentía. Por lo mismo, no supe si haber hallado mi sentido prístino era digno de un mérito o expresión emocional tan grande como la intuía necesario. Tengo esa inevitable tendencia a glorificar mis logros, pero para mis adentros. ¿Si creo que me falta la fuerza de los dioses, pero no habiéndola alcanzado, a cambio alcanzo la superioridad por sobre los que no la encuentran, en qué me convierte eso? en un engreído, por supuesto... Pero lo acepto con firmeza, porque me alegra ser auténtico. ¿Pero fue genial eso? bien... Supongo que sólo para mí. Cuando la luz se fue sólo pude atragantarme en las penurias... imaginarias. Soy un falso desdichado. Un hombre que ha adoptado más rasgos camaleónicos de los que puede admitir. 

En el fondo, el pretexto del dolor y del odio sirvieron para acorazarme de dramas que antes que inútiles, consumían energía y tiempo que no quería perder. No me arrepiento por eso. 

Pero es cierto, extrañaba y extraño la luz. A esa voluntad tuya que convenía en ir hacia lo desconocido, juntos. ¿Qué más daba a dónde? si había que hacerlo los dos. 

Fui egoísta también. Confiaba poco en tu criterio aventurero, ¿puedes creerlo? antes que pereza, pensaba en tu mal juicio propositivo. Siempre me gustó llevar el timón, hasta en las aventuras en las que ello implicaba perderse en la tormenta. Tampoco sé si arriesgar la vida es una aventura. Una aventura es una vivencia mítica, por supuesto. Algo que va más allá de una horas o días. Creo tu espíritu lo sabía bien. 

Hoy lo soñé. Estábamos a punto de subir el edificio, íbamos a perdernos en los pasillos oscuros, para buscar quién sabe qué cosa. Pero estábamos juntos, y eso era lo que importaba. 


   

No hay comentarios:

Publicar un comentario