Las apasionantes pláticas que tengo en los pasillos de la facultad de filosofía y letras de la UNAM me llevaron a plantearme la siguiente cuestión: ¿la ontología está terminada? a aquel que no entienda este planteamiento, permítame le explico de qué se trata todo esto. Más adelante conectaré con una reflexión que un camarada de la facultad me sugirió, para poner en entredicho más cosas. Sin mucho más que añadir, comencemos:
La ontología es una rama de la filosofía que se pregunta por las reglas bajo las cuales la realidad opera. Tal como en un partido de fútbol, no es posible tocar el balón con las manos si no se trata del portero dentro de un área determinada, pues es un sistema de juego cerrado, en la realidad no podemos volar, porque se parece en el fondo a un sistema de juego cerrado. La adjudicación de las reglas en el primer caso se deriva de un evidente influjo humano, pero en el segundo caso, ¿quién dio las reglas a este sistema de juego cerrado? es una de las preguntas sin respuesta que la ontología trata. La ontología se pregunta también por los elementos constitutivos de "lo que es real". Por ejemplo, de un árbol. ¿Qué hace un árbol a un árbol? Un tronco, una firmeza, unas ramas, unas hojas. Sí, evidentemente, pero, ¿qué pasa cuando dibujamos un árbol? ¿por qué a ambos elementos de la realidad, constituidos por elementos tan distintos, se les puede nombrar bajo el mismo concepto? ese es un problema relativo a la ontología. La ontología razona, como podemos ver, a través de lo que el concepto significa con respecto a la realidad. Por supuesto, el concepto realidad se puede tomar a su vez como concepto, y se puede reflexionar acerca de lo que hace a la realidad, realidad.
Estos problemas ontológicos nos interesan porque, filosófica (y humanamente) hablando, nos dan claridad y precisión en nuestros conceptos. En el ámbito práctico para un no filósofo, reflexionar acerca de la realidad le brinda claridad en el lenguaje y pensamiento. Para el filósofo, reflexionar en estos temas es un punto de partida para la complejización y la encomienda de encontrar respuestas (y preguntas).
Desde mi postura, hoy día, como estudiante de filosofía, me parecía tentadora la postura de que la ontología estaba terminada, o que, por lo menos, la resolución absoluta de esta disciplina podía estar más cerca de lo que pudiéramos pensar. Para mí, el conocer las cosas se me figuraba como ir a las cosas mismas. A pesar de todos los problemas epistemológicos que ello involucrara, es decir, problemas con respecto a cómo conocemos (por la falibilidad de nuestros sentidos o instrumentos), me era posible la idea de que se llegara a desentrañar la materia. Para mí era claro que había una realidad extensa y tangible, fuera de elementos mentales (como la extensión substancial de Spinoza). También parecía claro que el acercamiento a esa realidad, si se le quería describir con precisión, era por medio del estudio científico. Esto, porque a pesar de que no responde preguntas como: ¿hay predeterminación en los elementos? ¿existe la causa eficiente?, nos podría dar muy buena información acerca de qué se compone la sustancia.
Eso fue lo que plantee a este buen camarada de filosofía. Me contestó dos cosas muy pertinentes: una, la ontología pretendía ser teórica con respecto a la realidad. Ante ello, sigo teniendo conflictos, pues ¿qué tipo de investigación hacemos cuando hacemos ontología? ¿si partimos de la realidad, pero luego teorizamos de ella, por qué no sería legítimo solo partir de ella, de la realidad? ¿ganamos algo teorizando de los objetos para comprender la realidad de los objetos? por eso el estudio científico me hacía tanto sentido... y ahora es mi punto de partida para futuras investigaciones. Este tema quedó irresuelto, pero, aquello que llamó mi atención fue que me recomendó un cuentito de Isaac Asimov llamado "La última pregunta". Ahí, en el hermoso pero decadente futuro distópico que siempre plantea el autor, pregunta a una máquina superdotada de toda la información existente, bajo varios contextos, si la entropía es reversible. Es decir, si el influjo del ser humano en la tierra es reversible. La máquina en los distintos contextos responde que existe falta de información, de modo que no llega a dar respuestas concluyentes. En la recta final del fugaz relato, dos tripulantes inmortales que pronto se consumirán por la falta de energía en el espacio, le preguntan a la supercomputadora si la entropía es reversible, por una última vez... El universo colapsa, los tripulantes son engullidos por la nada, pero... la máquina coteja por fin los datos: ¡hay una respuesta! Pero, no hay nadie a quien brindarla... La máquina entonces, para que el hecho de contestar la pregunta tenga sentido, revierte ella misma la entropía, y entonces en todo el cosmos resuenan las palabras: hágase la luz...
Lamento haber spoileado a quien quiera que haya querido leer "la última pregunta", pero creo que el cuento encaja a la perfección con las pretensiones de mi pregunta: si la ontología está acabada, en cierto modo la filosofía también, y eso es peligrosamente fascinante. Si ya no hay preguntas a causa de mi pregunta, entonces mi pregunta es peligrosa. Cerrar una rama de la filosofía es una pretensión brutal, me di cuenta. Encontrar respuestas siempre será teórico, aunque el cientificismo atraviese ese umbral, me di cuenta también.
Cierro aquí mi aportación filosófica, creo que inevitablemente la mística y la leyenda nos pueden brindar respuestas claras al respecto de los problemas más complejos de la existencia humana. Hasta la próxima entrada.
-O
No estoy de acuerdo en casi nada de lo que está aqui, pero me agrada el texto. Lo que resalto es lo último del texto. Salu2
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