Soy la intersección del tiempo con el recuerdo,
la masa de sangre que hierve mientras
entre palabras muerdes
la cal y sal calcinadas
por el viento del norte.
Estoy en la cúspide del noema,
arrancando las estrellas del cielo
para guardar su luz en mi pecho
eternamente.
Me deslizo entre los picos del cuadrado,
la raíz lógica
y el llanto abstracto
porque tú nunca supiste hacerlo.
Sabía Dios que yo lo inventaba, por eso
quiso engañarme otorgándome unos libros
que manos terrenales escribieron,
qué jocosas historias.
Estoy, escúchame bien, estoy en la punta de la palabra,
mascando cenizas de opiniones ya gastadas,
inyectando cinismo con una mirada
a mis sátiras funestas.
Estoy en el filo del recuerdo (yo sólo recuerdo)
macerando ficciones
que me servirán para más adelante.
Estoy en la prosa de este texto,
en mi eterno ceño fruncido,
en la tecla de un piano olvidado,
en un sacrificio,
y en un veloz vistazo hacia el pasado.
[nunca podrás(n) olvidarme]
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